Polvos y lodos

Polvos y lodos

José I. González Faus. La Vanguardia. El refrán no puede decirlo de manera más simple, ni más gráfica ni más profunda: aquellos polvos traen estos lodos. Pero el ser humano parece muy poco dotado para la sabiduría. Y si no, ahí van algunos ejemplos.

Cambio climático. Se viene alertando sobre él hace más de 30 años. Pero ni caso. Hoy la tierra está gravemente enferma: las calamidades naturales son cada vez más intensas y más fuertes. Que la tierra “tosa” a veces puede ser relativamente normal; pero ahora parece una tos de tísico que escupe sangre. Y sin solución: pues para ello deberíamos bajar todos varios puntos en nuestro nivel de vida. Y aunque nosotros nos decidiéramos a ello (cosa muy improbable), tememos que los países “en desarrollo” no lo aceptarían y podrían acabar sobrepasándonos. Seguiremos luchando hasta el final, como en una enfermedad terminal que no afecta sólo a un individuo sino a todo el género humano y a este planeta que la naturaleza necesitó miles de millones de años para  prepararnos…

Aminatu Haidar. La descolonización del Sahara es una de las vergüenzas históricas de España. Pudo entonces tener cierta excusa porque andábamos ocupados con la muerte de Franco. Pero luego nos faltó dignidad para plantar cara a Marruecos: entre un par de cientos de miles de personas, dispersas en el desierto o en campamentos, y los  chantajes de un país totalitario pero bien situado (Ceuta/Melilla, la pesca, las pateras), preferimos sacrificar a los primeros. Luego pasa lo que Aminatu nos permitió ver: un tumor que no se trató, ha crecido y quizás sea ahora maligno.

Crisis económica. Todo el mundo lo sabía, se hablaba de burbuja, de un crecimiento virtual pero no real… Estalló, y millones de seres humanos salieron despedidos de la sociedad como esquirlas. Cabía esperar que algo aprenderíamos: pero estamos viendo que la salida consiste en volver exactamente a lo de antes, pero con un paro estructural mucho mayor: como si la llamada “tasa natural de paro” hubiera pasado del 3 % al 10 % por arte de magia. Luego dicen que Obama se enfada de que los grandes banqueros estén usando el dinero que se les dio para engrosar sus cuentas, más que para sacar de la miseria a las víctimas. Y ¿qué esperaba? En un sistema montado sobre el robo no hay más salida que dar armas a los ladrones para que sigan robando.

China. Espectacular crecimiento económico y espectacular decrecimiento de los derechos humanos. Doscientos millones de campesinos emigrados trabajando en unas condiciones similares a las que describió Engels en el XIX sobre la clase obrera de Manchester en un libro que no deberíamos olvidar. Amén de otros derechos y libertades que en China brillan por su ausencia. Pero: si nosotros también nos desarrollamos así ¿qué autoridad tenemos ahora para decir a los chinos que no lo hagan ellos? Y si ofrecen estupendas posibilidades inversoras a nuestros capitales ¿vamos a dejarlas escapar y permitir que las aprovechen otros, por un “quítame allá esos derechos”? Si acaso, para mostrarnos paladines de los derechos humanos ya tenemos a Cuba que ni ofrece mercados ni tiene petróleo… y encima empeñada en buscar un sistema alternativo al nuestro. ¡Vamos hombre!

Comunismo. El mayor de todos los males, intrínsecamente inmoral, palabra que valía como insulto desautorizador. El sentido de la vida parecía consistir en luchar contra él, sin pararse a pensar si quizá buscaba algo bueno que nosotros no queríamos ni buscar, aunque errara los medios y los caminos. Al menos, tuvo de bueno que inyectó el miedo en el cuerpo de nuestro sistema y el miedo nos hizo pensar en socialdemocracias y otras “claudicaciones”. Pero en cuanto cayó el comunismo, en vez de aprender la lección volvimos a lo nuestro: al capitalismo más ladrón y más salvaje, que nos irá llevando a sucesivas crisis cuyo balance suele ser: cogen blindados a casi toda una minoría de perversos, y lanzan definitivamente al vacío a un buen puñado de “inútiles”.

Conclusión: Los ejemplos expuestos pertenecen al pasado; pero en el presente hay otros polvos preocupantes. Por ejemplo: ¿qué lodos acabará trayendo el tremendo descrédito de la política y los políticos?… El hombre es el único animal que tropieza siempre en la misma piedra (¡qué optimista fue quien dijo que tropieza dos veces!). Sólo necesitamos alguien a quien echar las culpas…

Pero, puestos a buscar culpables, mejor es apelar a la noción teológica de pecado estructural o “injusticia estructurada” (Juan Pablo II) que es algo así como el efecto mariposa pero en el espacio y en el tiempo: si fumo en una habitación acabo envenenando todo el aire que respiran los que allí están. Si obro mal, no hago sólo un acto que pasa y me afecta únicamente a mí, sino que enveneno el ambiente. Y eso es lo que estamos respirando.

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.