Carta a Espinal

Carta a Espinal

Víctor Codina sj. Cochabamba, 17 de marzo de 2010.

Querido Luis, Lluís en Cataluña, Lucho en Bolivia:

Estos días se cumplen 30 años de tu muerte, de tu asesinato, de tu martirio, de cuando la noche del 21 de marzo de 1980 fuiste secuestrado, torturado en un matadero, baleado con 17 tiros y finalmente abandonado muerto en un basural a las afueras de La Paz.

Tu muerte impactó profundamente al pueblo boliviano, 80 mil personas te acompañaron al cementerio coreando “Lucho amigo, el pueblo está contigo”. Tu tumba tiene siempre flores frescas, has sido declarado por el Parlamento boliviano “Mártir de la democracia”, el mismo Evo Morales te citó en su toma de posesión de Presidente de Bolivia, muchas instituciones cívicas llevan tu nombre en todo Bolivia, yo mismo he dirigido varias tesis de teología de jóvenes  bolivianos sobre tu vida y obra, otros han puesto música a tus bellas Oraciones a quemarrop. También tu pueblo natal, St Fruitós de Bages te ha dedicado un monumento y cada día que pasa tus paisanos descubren nuevas facetas de  tu rica figura.

Supongo que todo esto ya lo sabías, lo que quizás no conozcas es que a mí  tu muerte también me conmocionó profundamente,  habíamos sido compañeros desde tu entrada en la Compañía de Jesús en 1949 hasta tu ida a Bolivia en 1968. Yo estaba viviendo entonces en Terrassa y tu martirio fue decisivo para pedir mi ida a Bolivia: estoy aquí desde el 82.

Han pasado 30 años, muchas cosas han cambiado. Ya cayeron las dictaduras en España y en casi todos los países de América Latina, cayó el muro de Berlín,  ha mejorado mucho el nivel de vida en muchos lugares, sobre todo del Primer mundo, ahora todos tenemos celulares o móviles y nos comunicamos por Internet…

Pero han surgido otros muros entre el Norte y el Sur, entre Occidente y Oriente,  hay genocidios, guerras, secuestros, millones de refugiados, desplazados y migrantes, aumenta el  terrorismo, existen niños soldados y niños que mueren de hambre. La tierra ha sido explotada de forma inmisericorde y cruel, ahora además se sacude y tiembla con terremotos y tsunamis.

Como elementos nuevos y positivos señalemos el papel decisivo que los movimientos populares e indígenas han alcanzado en varios países de América Latina, entre otros, en Bolivia. Tú  te alegrarías de ello, espero que te alegres, aunque no dejarías de ser crítico frente a todo lo que sea falta de diálogo, polarización, prepotencia y autoritarismo.

También las mujeres están muy activas en todo el mundo de hoy: recordemos simbólicamente a tu compañera minera de la huelga de hambre Domitila Chungara y a la guatemalteca  Rigoberta Menchú, Nobel de la paz. En la Iglesia las mujeres han tomado la palabra y dejan oír su voz, una voz diferente de la habitual nuestra: María Clara, Ivonne, Antonieta, Margot, Bárbara, Georgina, Adriana, Lucia, María Carmen, Carmen Margarita, Teresa, Ana María, Elisabeth …

Cada año desde Porto Alegre y otros lugares sube al cielo un clamor de miles de personas de toda raza, sexo, cultura y religión afirmando  que otro mundo es posible.

La Iglesia pasa actualmente por una fase de eclipse, de invierno eclesial, lejos de la primavera conciliar, la Cristiandad agoniza pero no muere y algunos la quieren resucitar. Han ido muriendo en cambio los grandes obispos del Concilio y sus grandes teólogos han ido casi todos desapareciendo: Rahner, Congar, Schillebecks, Chenu, De Lubac, Jungmann, Murray… En España también murieron Tarancón y Jubany. En América latina también nos han ido dejando los obispos llamados Santos Padres de América latina: Helder Cámara, Mendez Arceo,  Larraín, Proaño, Romero, Angelelli, Gerardi,  Mendes de Almeida…Quedan hoy sólo algunas figuras proféticas emblemáticas en la Iglesia: Carlo Martini, Pere Casaldáliga, Samuel Ruiz… En América latina hemos pasado del éxodo de los años 70-80 al exilio, para muchos la teología de la liberación ha muerto, parece que ya no estamos en el Viernes Santo compasivo y solidario de años atrás, tampoco en la Pascua, sino más bien en un largo Sábado santo, silencioso y vacío, en paciente espera  de algo mejor. En realidad vivimos en el mundo de hoy un profundo tsunami y terremoto cultural, social, político, económico y religioso, aunque algunos no lo reconozcan y  prefieran tocar el violín mientras el Titánic se hunde.

No sé si en el cielo hay tiempo para cuestionarse sobre el pasado, para hacerse algunos interrogantes en medio del gozo eterno. Tal vez te preguntes si valió la pena tu vida y tu muerte prematura, como la de Romero, la de Ellacuría y sus compañeros, como la de tantos mártires del Tercer mundo.

A los 30 años de tu martirio yo quisiera decirte que tu vida y tu muerte han tenido sentido, ha valido la pena gastar la vida por los demás, como tú  mismo escribías en una de tus oraciones más conocidas, que es posible unir la fe en Jesús de Nazaret con la justicia del Reino, vale la pena defender la libertad, la honradez, la coherencia, la solidaridad, el estar del lado de los pobres y pequeños. Es posible unir la mística evangélica y la profecía de denuncia y anuncio.

Tu vida se ha consumido como una antorcha en la noche oscura,  ha sido como estos almendros que – como dice Maragall- en pleno invierno florecen y anuncian ya con libertad y audacia la futura primavera. Tu vida anuncia la primavera de la Pascua de Jesús y da esperanza de que  realmente otro mundo es posible, otro país es posible, otra Iglesia es posible. Como las mujeres que iban al sepulcro y lo encontraron vacío, pero presintieron y esperaron  la resurrección, también nosotros adivinamos en tu muerte y en tu sepultura el anuncio gozoso de la resurrección y la vida.

Gracias, Lucho, desde Bolivia. Tu vida se parece mucho a la de Jesús de Nazaret.

A Dios.

Tu compañero y hermano.

Víctor

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