Se cumplen 30 años de la muerte de Lluís Espinal

Se cumplen 30 años de la muerte de Lluís Espinal

Cristianisme i Justícia. La noche del 21 de marzo se cumplen 30 años del asesinato en Bolivia del jesuita y periodista catalán Lluís Espinal.

Era el 21 de marzo de 1980 por la noche, en Bolivia, y el jesuita catalán Luis Espinal salía del cine. Unos desconocidos le hicieron entrar en un jeep. Espinal fue torturado y asesinado. De esto hace 30 años. Lluís Espinal había llegado a Bolivia en 1968, cuando este país -y prácticamente todo América Latina- vivía una época de dictaduras, represión y violaciones de los Derechos Humanos. Es también el año de la asamblea de los obispos de América Latina en Medellín, el momento en que sectores de la iglesia van madurando un proceso de proximidad a los pobres en sus luchas: la teología de la liberación. Espinal se convierte en Bolivia en ‘Lucho’, y ejerciendo su trabajo como periodista y crítico de cine, trabaja al servicio del pueblo boliviano, denunciando la dramática situación que está viviendo, la represión militar y las consecuencias del narcotráfico. Su voz se hizo incómoda para muchos. Tres días después, en El Salvador, era asesinado también el obispo Oscar Romero.

Espinal, periodista y especialista en cine, había trabajado en Televisión Española en los años 60 pero el contenido de crítica social de sus programas se topó con la censura. En 1967, le prohibieron un programa sobre las viviendas miserables de los barrios marginales de Barcelona y una entrevista con Alfonso Carlos Comín, por lo que dimitió. Ya en Bolivia, su compromiso con los más desfavorecidos y con la lucha por la justicia le llevaron, como él mismo decía, a “gastar la vida por los demás”.

¿Quién fue Luís Espinal?

Finales de los años 70. Bolivia es un país maravilloso, situado en el corazón geográfico de América del Sur. Pero su gran riqueza humana y material se encuentra sometida a los intereses de unas minorías nacionales y extranjeras que han empobrecido la mayoría del país y la han convertido en escenario de continuos golpes y contragolpes militares. La Iglesia, por su parte, acostumbrada al régimen de cristiandad y a bendecir más que no a profetizar, desde Medellín está abriendo los ojos a la nueva tarea de liberación que le exige el evangelio. El pueblo boliviano, valeroso y esperando un futuro mejor, a la práctica se siente impotente y sin voz, ante la inmensidad de la tarea y enfrente de los tanques y las balas. En este contexto humano y eclesial, típicamente latinoamericano, desarrolló los mejores años de su vida y murió Lluís Espinal.

Había nacido en el pueblo catalán de Sant Fruitós de Bages, cerca de Manresa, el 1932, y había ingresado en la Compañía de Jesús el 1949. Acabada su formación sacerdotal, estudió periodismo y medios audiovisuales en Bérgamo (Italia). Tras dos años de trabajo en TVE y de crítica de cine en Barcelona, el 68 marcha a Bolivia, dónde vivió doce años, hasta su muerte. Nacionalizado boliviano (1970), toda su vida se consagra a la crítica de la producción cinematográfica, a la TV, a la radio y al periodismo. Colaboró en Radio Fides, en los diarios ”Presencia,, y ”Ultima hora” de La Paz, produjo varios cortometrajes para la televisión boliviana, formó parte del grupo productor cinematográfico Ukamau. Escribió diez libros sobre cine, fue profesor de medios de comunicación social de las universidades Mayor de San Andrés y Católica de La Paz, y desde el 79 dirigió el semanario ‘”Aquí”. El 21 de marzo de 1980 fue secuestrado a media noche, torturado y asesinado por un grupo de paramilitares. Dos días después era asesinado en San Salvador Monseñor Oscar Romero.

Este hombre, dotado de una especial sensibilidad artística y poética (siendo estudiante había descubierto y traducido los poemas del inglés Hopkins) no se limitó a ser un profesional de los medios de comunicación, sino que hizo de ellos un instrumento al servicio del pueblo desesperanzado y sin voz, de Bolivia. La experiencia de la dictadura franquista que había sufrido en España, y sobre todo, su integridad personal y un elemental sentido de la justicia, lo convirtieron en profeta de la libertad y la esperanza.

Se encontró en un cruce bien definido: entre la muerte y la vida, entre los ídolos del poder y la vida del pueblo amenazada. Y optó por la vida y el Dios de la vida. Su palabra se consagró a exorcizar los dioses de la muerte y a potenciar la fe en la vida. Y esto con una radicalidad y una coherencia tal, que lo llevaron a entregar su vida por el pueblo, haciendo de ella el gesto existencial que verificaba la sinceridad de sus palabras.

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