Jesús Renau. La palabra «mercado» cada vez parece más impersonal. Para mucha gente es una especie de poder objetivo, que responde a unas leyes escondidas, frías y movidas dinámicamente por vectores que se escapan de hecho a todo tipo de control. El «mercado» y su funcionamiento se han convertido en un ídolo oscuro, complejo y fantasmal que hay que tener como favorable.

Los ídolos son fabricaciones humanas. Los hacen los idólatras, es decir personas o grupos que, idolatrando al dinero, lo han objetivado con el nombre de «mercado». Como dice la Biblia los ídolos tienen ojos pero no ven, tienen oídos que no oyen, tienen manos que no se mueven. Pero los idólatras son sus ojos, sus orejas y sus manos. Muy escondidos, por cierto, ni que gozan de una notable clase sacerdotal, bien preparada, ágil, que controla en gran parte la política y pide a la humanidad sacrificios y hasta la muerte. A veces el «mercado» parece realmente un dios insaciable.

Ya hace años, en 1981, Juan Pablo II, en la carta encíclica «El hombre con su trabajo», habló de forma muy clara de los empresarios indirectos, que no sabemos quiénes son, ni cómo actúan, que no dan la cara y pueden estar cambiando de país y continente en breve tiempo. Y decía que por mucho que se escondan, y hasta que escapen a las leyes y los contratos internacionales, son personas concretas. No hay misterio, pues ellos o ellas son responsables de los altibajos del «mercado». En general, no tienen nada que ver con los empresarios que dan la cara, que están al pie del cañón y luchan razonablemente para mejorar, para producir y vender. Los invisibles, lo son para escapar a todo tipo de control democrático. Si se esconden es porque la luz les molesta.

El «mercado» dejará de ser un ídolo y se convertirá en un instrumento útil al servicio de la humanidad en la medida que esté sometido al control democrático. Un parlamento mundial real, una administración mundial democrática, unas leyes que vayan más allá de los pactos estatales, son los elementos para desacralizar el ídolo. Mientras tanto su mano negra irá haciendo y deshaciendo según el excedente económico y financiero que más convenga a los idólatras.

3 Comentarios

  1. En economía, el consumidor siempre ha sido tratado con respeto y cariño pues no en vano Él es la razón de ser del mercado, la causa por la que se producen bienes y servicios (para satisfacer sus necesidades) y el oscuro objeto de deseo de marcas y anuncios que compiten por su voluntad, su fidelidad y su bolsillo. Cuando uno busca en los manuales y diccionarios económicos la definición de soberanía del consumidor, parece que se está hablando de un empoderamiento del consumidor que se convertiría en el indiscutible gestor del mercado, ya que decide lo que se produce y cuánto se produce. Sin embargo esta omnipotente característica de un soberano que con sus preferencias guía la economía no es del todo cierta, ni defendible en muchas de sus manifestaciones. En un mundo competitivo, atomizado, globalizado y basado en el consumo desaforado el truco es hacer creer al consumidor que es libre de elegir lo que quiera, siempre que quiera lo que se le ofrece. Haciendo un pequeño juego de palabras en paralelo con el Despotismo Ilustrado del siglo XVIII en el cual los monarcas absolutos usaban su autoridad para introducir reformas mas o menos democráticas en la sociedad, parecemos estar asistiendo actualmente a un Capitalismo Ilustrado:“Todo para el consumidor pero sin el consumidor”.

  2. Una de les poques maneres que tenim avui en dia d’exercicir la democràcia no és decidint a quin partit votarem sinó decidir que comprem a deixem de comprar.

    Siguem conscients que com a consumidors podem fer més per canviar el món avui en dia que com a ciutadans de ple dret en un estat democràtic.

    Gracies Jesús per alenar-nos amb les teves paraules, ens ajuda a estar sempre preparats per al combat!

  3. El problema de los mercados es que ignoran a los ciudadanos que tienen poca o ninguna capacidad de compra, es decir, aproximadamente al 80% de la humanidad. El sistema capitalista los invisibiliza, los desprecia y, en último término los reprime de forma violenta cuando reclaman sus derechos. Estamos por tanto ante un sistema criminal que es necesario denunciar y desmantelar. Los mercados, además, secuestran la democracia vaciándola completamemte de contenido. El mercado es una oligocracia, donde la élite manda y los demás quedan al margen. Tus euros son tus votos y si no tienes euros no existes. El choque de civilizaciones real no se da entre culturas ni religiones sino entre una concepción capitalista y una concepción humanista de la vida. La lucha final contra esta crisis sistémica y endémica será la que mantenga la ciudadanía mundial frente a los bancos y las transnacionales, es decir frente a «los mercados», que cada día achican más los espacios para nuestra LIBERTAD.

    http://alterglobalizacion.wordpress.com/2010/02/08/democracia-secuestrada/

    Saludos a todos los lectores y editores de CJ.

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