Prohibición parcial del burka e Francia: gana la opción intermedia

Prohibición parcial del burka e Francia: gana la opción intermedia

Jaume Flaquer. Tras varios meses de estudio de la cuestión sobre el velo integral en Francia, la comisión formada por 32 parlamentarios de todos los partidos ha llegado a su fin.  Esta comisión ha recibido declaraciones de todo el espectro político y social francés y por fin dictamina una recomendación al parlamento francés.

La propuesta consiste en prohibir el velo integral en las administraciones, los servicios públicos, especialmente en los transportes, hospitales y colegios, y también prohibir la conducción con burka o con niqab.

Ha triunfado pues la opción intermedia entre la prohibición total defendida por el 65 % de los franceses y la de la permisividad actual. Hay que destacar que uno de los imanes franceses pidió la semana pasada la prohibición total alegando que el burka no había sido impuesto por el Profeta Muhammad y que además iba contra la dignidad de la mujer.

En lo que no cabe ninguna duda es que una sociedad europea donde hubiese una fuerte minoría de mujeres con niqab o burka nos haría retroceder muchos siglos de progreso en cuanto a los derechos de la mujer. El Estado, creo yo, tiene la obligación de impedir que caminemos hacia atrás en el reconocimiento de la dignidad e igualdad de la mujer. Eso no significa necesariamente prohibir. En principio, los Estados suelen tolerar algunas situaciones o comportamientos que mientras son minoritarios no generan un excesivo escándalo social. Un ejemplo es la tolerancia hacia la existencia de partidos de extrema derecha que sólo alcanzan un puñado de votos.

Respecto al burka o el niqab, creo que es preferible no convertirlo en símbolo martirial musulmán mientras no sea adoptado más que por una ínfima minoría. En cambio, la prohibición de su uso en lugares públicos es un mensaje claro de que esa prenda no sólo va en contra de la cultura europea sino que atenta contra la dignidad de la mujer, incluso cuando es aceptado voluntariamente.

El burka, sin duda, busca borrar el rostro de la mujer del espacio público además de reducirla a mero objeto sexual del varón. Digámoslo claro: el burka es fruto de una sociedad de hombres enfermos y animalizados incapaces de contener el deseo ante la presencia de una mujer. Curiosamente además, las prostitutas en muchos países árabes se “exhiben” por las calles en niqab para no ser identificadas, y de vez en cuando aparecen hombres ataviados con el niqab para entrar en espacios femeninos.

Desde Occidente hemos de pensar que cuanto más sexualizadas sean nuestras relaciones humanas, más mujeres islámicas optarán por buscar la seguridad detrás del velo. Yo estoy convencido de que cuanto más se vanalicen las relaciones íntimas entre los adolescentes, más hijas de inmigrantes se protegerán con el velo.

El Islam sabe que el niqab no es un precepto islámico. El Corán sólo obliga a la mujer a cubrirse el pecho e ir vestida decentemente, tapando sus tesoros. Sin embargo, algunos hombres y mujeres musulmanes piensan que esta forma extrema de recato puede ser de mayor agrado a Dios. Es tarea de los dirigentes musulmanes educar a los fieles en la libertad y la madurez de las relaciones.

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