Hijos de la libertad

Hijos de la libertad

Teodor Mellén. La Vanguardia. En los años de expansión económica muchos jóvenes gozaban de los amplios recursos materiales que les proporcionaban sus familias. Esto les permitió disfrutar de un cierto nivel de vida material y priorizar valores culturales relacionados con el tiempo libre, el disfrute personal, la diversión, el consumo y la experimentación de sensaciones nuevas.

Con la crisis económica hoy la situación es otra. Las familias continúan ejerciendo su función de refugio, especialmente como fuente de recursos -sobre todo materiales y a veces afectivos-, pero los valores de los jóvenes parecen haber cambiado. Frente al hedonismo, la moral del placer o el individualismo irresponsable (Lipovetsky), parece emerger hoy otro tipo de jóvenes con nuevos valores y nuevas formas de entender sus vidas, aunque muy probablemente esta transformación se deba más a las nuevas circunstancias y nuevas condiciones estructurales que les ha tocado vivir que a la propia convicción. Podríamos estar ante unos nuevos jóvenes que se corresponderían con aquellas generaciones que el sociólogo Ulrich Beck denominó «hijos de la libertad». Son jóvenes a los que nunca les faltó de nada en el sentido material, nacidos en el post-baby boom y socializados con internet y las denominadas redes sociales. Nunca se vieron obligados a luchar a favor de la libertad y poseen más cultura, mayores exigencias y están más acomodados que sus padres y abuelos.

El trabajo, convertido otra vez en un bien escaso, adquiere un nuevo valor. Deja de ser visto exclusivamente como una fuente de recursos materiales con los que costear el consumo individual, para convertirse en un bien a preservar en el que se hace necesario obtener mayores competencias para asegurar su continuidad en un contexto marcado por la incertidumbre permanente.

Pero también es cierto que estos «hijos de la libertad» pueden descubrir en el trabajo una experiencia gratificante de autorrealización en la medida en que éste no suponga imposición, coerción y proporcione autonomía y autoderminación. Es la situación de muchos emprendedores, una de las formas de hacer compatibles el nuevo contexto laboral con un anhelo de mayor libertad individual. La formación de jóvenes emprendedores, con capacidad para asumir riesgos y dispuestos a ofrecer, desde la ansiada libertad, respuestas y aportaciones para la construcción de un mundo mejor, constituye hoy uno de los retos más importantes para universidades y escuelas de negocio. Es la mejor manera de prepararse para los tiempos que vendrán cuando termine la crisis económica.

TEODOR MELLÉN, Cátedra de Lideratges i Governança, de Esade

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