Tras la crisis, ¿como antes ?... no, gracias.

Tras la crisis, ¿como antes ?… no, gracias.

Jesús Renau. Dicen que empezamos a salir de la crisis. Al menos las cifras, las grandes se entiende, son más favorables o menos malas. Dicen que todavía aumentará el paro, pero posiblemente a un ritmo más lento. Es decir a los parados de ayer habrá que añadir más, si bien no tantos como hasta ahora. Dicen que no tengamos miedo y que consumamos, que si tenemos ahorros los pongamos en circulación, que los necesita el mercado.

Dicen muchas cosas, y en cambio hay muchas que ya no las dicen. ¿Qué pasa con los paraísos fiscales, de los que tanto se habló al comienzo de la crisis? ¿Qué pasa con el blindaje de los grandes sueldos directivos, de los que tanto se habló al comienzo de la crisis? ¿Alguna reforma de las bolsas? ¿Algunos cambios hacia una legislación internacional que sea de obligado cumplimiento para todos los estados?

Cuando la crisis explotó había una reflexión general de que muchas cosas no podían continuar. Se decía que el sistema dejado a sí mismo llevaba a la perversión, que tenían que entrar en una nueva época, potenciar el ahorro, controlar el consumo, legislar sobre los intereses, reformar el fisco de cara a los trabajadores y gente desempleada… Poco a poco todo se ha ido acallando.

Si el final de la crisis es volver a la situación de antes, no gracias. Porque antes ya había, por ejemplo, en España un 20% de pobres. Que, ¿vuelta a empezar? ¿Continuamos con los daños colaterales, que vienen a ser una necesidad para que el mercado funcione?. Pues no, gracias.

De ninguna manera queremos establecernos en una crisis permanente. Sería un desastre. Pero tampoco se trata de volver a la situación de hace pocos años, porque para una parte importante de la sociedad era un desastre. La salida de la crisis ha de renovar el sistema. ¿Verdad que nadie hoy quisiera un retorno a una especie de Unión Soviética a costa de las libertades? No podemos, pues, volver a la dictadura económica de guante blanco de unos pocos que marcan precios, tecnología, valor de los créditos y las hipotecas… mirando primordialmente los márgenes de beneficio excedente.

La última encíclica del Santo Padre a nivel teórico aporta caminos de reflexión y renovación muy concretos sobre la reforma de las Naciones Unidas, la necesidad de leyes mundiales y hasta un cierto gobierno democrático, la misión de los sindicatos, la posibilidad de un nuevo estilo de ‘empresas… etc. Los primeros días los diarios no paraban… ahora, casi nadie habla. Ya es hora, sin embargo, que desde todas las instancias se hiciera un trabajo a fondo por una reforma radical de nuestro sistema político y económico. No podemos tolerar tanta pobreza, tanta miseria y tanta muerte.

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