Dolors Oller. Aunque las últimas previsiones de la OCDE son optimistas y apuntan a una recuperación de la economía antes de lo previsto, la realidad es que la crisis económica se deja sentir con fuerza y repercute dolorosamente sobre los sectores mas débiles de una sociedad -la de la globalización, tal como ha sido hasta ahora liderada- construida para favorecer a los fuertes.

Mucho se ha escrito sobre cómo la crisis puede ser una oportunidad para avanzar hacia economías y sociedades más justas, sostenibles y humanas, pero mucho me temo que este «salir» de la crisis sea fruto de aplicar las «viejas teorías» a una situación que por ser completamente nueva requeriría también soluciones nuevas, osadamente creativas. Porque no podemos olvidar que la crisis en la que estamos inmersos es multidimensional, no sólo económica. De hecho, no sólo ha entrado en crisis el economicismo, es decir, la visión del mundo que considera la economía como el elemento clave de la sociedad y el bienestar material como clave de la autorrealización humana, la actual crisis tiene también una clara dimensión ecológica (pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas, caos climático) y, desde hace tiempo, ha penetrado en la vida cultural, social y personal. En otras palabras, estamos frente a una crisis sistémica que, según el diagnostico compartido por sociólogos, filósofos, políticos, representantes de las grandes tradiciones religiosas y también algunos economistas es una crisis ética, espiritual y de valores, en lo que ha jugado un papel determinante la lógica del propio sistema económico.

Así pues, no podemos permitirnos el lujo de poner parches a una situación de crisis como la que vivimos. Hay que ir a las raíces y ver que se impone dar pasos hacia otro modelo de desarrollo, a base de otros valores, es decir, es necesaria una verdadera revolución cultural, en parte ya iniciada, pues el proceso de reducción del hombre a productor/consumidor conduce a la progresiva degradación humana. Una revolución ética que ponga de verdad al ser humano en el centro de los sistemas políticos, económicos y sociales. Y debemos recordar que el respeto a la dignidad humana es el fundamento de toda conducta ética.

En este sentido, el Papa Benedicto XVI en su última Encíclica Caritas in Veritate, dada a conocer el pasado 7 de junio, nos recuerda que hay que dejarse llevar por la lógica de la gratuidad. «El ser humano está hecho para el don», hecho para el amor, «que manifiesta y desarrolla su dimensión trascendente» (CIV, 34). Como la fe y la esperanza, el amor o caridad es «un don absolutamente gratuito de Dios», que «irrumpe en nuestra vida como algo no merecido, que trasciende toda ley de justicia. Por su naturaleza, el don supera el merito, su norma es sobreabundante «(CIV, 34).

Detrás de esta lógica del darse gratuitamente a los demás, sin pedir nada a cambio, a imagen de un Dios que es donación sin fin, está un sentido de fraternidad, el reconocimiento de pertenecer a una misma familia o de tener un origen común, Dios mismo, y un sentido de solidaridad, de modo que «todos nos sentimos responsables de todos» (CIV, 38).

En definitiva, debemos dar pasos hacia una economía de la gratuidad y de la fraternidad, orientando éticamente el consumo para que sea justo, libre y solidario y buscando un modelo de desarrollo verdaderamente sostenible.

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Doctora en Derecho por la UB. Profesora de Moral Social en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB). Ha sido Profesora de la Business & Law School ESADE (URL). Ha publicado numerosos artículos y algunos cuadernos de Cristianisme i Justícia (CJ), entre los que se encuentran: "Ante una democracia de 'baja intensidad'" (1994), "Un futuro para la democracia" (2002) y "Construir la convivencia. El nuevo orden mundial y las religiones" (2008). Asimismo, es autora del libro Tejiendo vínculos para construir la casa común. Una mirada, desde la fe cristiana, a la crisis migratoria y de los refugiados (Sal Terrae 2017). Es miembro del equipo de CJ y participa en los grupos de trabajo sobre Religiones y Paz y Noviolencia cristiana y en el Seminario interno del Área Teológica. En Justícia i Pau Barcelona está integrada en el eje de acción "Paz, Diversidad y Democracia", es miembro de la Red Interreligiosa por la Paz (CHIP) y participa en un Grupo de Diálogo del Barrio de Gracia, impulsado por el Asociación Unesco para el Diálogo Interreligioso e interconviccional (AUDIR).
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