Jaume Flaquer. Esta semana, la política francesa y la sociedad en general han entrado en un debate candente: ¿hay que prohibir el uso del burqa y del niqab en Francia? Hace unos años se produjo el debate sobre el velo y los símbolos religiosos en las escuelas y la resolución fue la de la prohibición en aras de la laicidad. Ahora se trata de la utilización del burqa en la calle. Si la cuestión del velo giraba en torno a la laicidad y a los signos religiosos ostentosos que pueden convertirse en banderas de confrontación, ahora se trata de la dignidad de la mujer. Por ello, las voces que han pedido una comisión parlamentaria para estudiar el tema provienen tanto de la izquierda como de la derecha.

Sin duda, estos dos tipos de velo que ocultan completamente el rostro, son un atentado contra la dignidad de la mujer como objeto exclusivo del marido. La cuestión es si hay que prohibirlo y cómo hacerlo. De hecho, la prostitución es también un atentado contra la dignidad de la mujer y sin embargo está tolerado como algo “inevitable”. Y, si ver una mujer completamente tapada nos escandaliza, no ayuda demasiado que los musulmanes vean que muchas mujeres (¡y hombres!) se destapan para ser contemplados como objetos en el comercio del sexo.

Desde Marruecos hasta Egipto estas prendas son vistas como una invasión cultural extranjera, de Arabia o Afganistán, y de ninguna manera están asociadas a una obligación religiosa. La ley islámica tradicional obliga al velo pero no al niqab o al burqa. Sin embargo, los islamistas dicen que como no hay una prohibición explícita en el Corán, es decir, de Dios, no debe ser tampoco prohibido por el hombre. De ahí la división en la comunidad musulmana francesa sobre cómo posicionarse respecto a esta cuestión.

Curiosamente, las prostitutas en el mundo árabe salen por las calles a buscar a sus clientes envueltas en niqab para no ser reconocidas, y comunican su oferta carnal con una mirada sensual. También ocasionalmente sucede que algunos hombres se ocultan bajo el manto para poder entrar en lugares reservados a las mujeres y contemplar lo prohibido.

Sea como sea, el debate es síntoma del fracaso de un modelo de integración, máxime cuando las chicas que optan por llevarlo o se someten a sus maridos no son inmigrantes recién llegadas sino hijas de una Europa que no ha sabido darles una identidad.

El tema no se plantea en España, pero igual que pasó con el velo, es de prever que en unos diez años el debate salte también los pirineos ya que allí donde se ha seguido un modelo de integración opuesto al francés como es el modelo británico tampoco se ha conseguido evitar la cuestión.

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Jesuita. Profesor en la Facultad de Teología de Granada (Universidad Loyola) y director de su Cátedra Andaluza para el diálogo de Religiones (CANDIR). Licenciado en filosofía por la UB. Licenciado en Teologia por el Centro Sèvres de París. Doctorado en Estudios Islámicos por el EPHE (Sorbona de París) con una tesis sobre el místico sufí Ibn ´Arabî. Ha realizado largas estancias en la mayoría de países islámicos del Mediterráneo, especialmente en Egipto (3 años). Ha publicado con Cristianisme i Justícia en su colección Cuadernos CJ Fundamentalismo (mayo de 1997), Vidas Itinerantes (diciembre de 2007) e Islam, la media luna… creciente (enero de 2016), así como diversos Papeles CJ como «Coronavirus: una sola humanidad, una común vulnerabilidad» (mayo de 2020) o «Palestina: la reivindicación imposible» (junio de 2021), entre otros.
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7 Comentarios

  1. Aunque el burka vaya en aumento yo creo que hay que analizarlo desde el punto de vista sectario. Un tanto por ciento de la población necesita sectas y el burka es una manera de vivir el islam sectariamente

  2. Jaume, está claro que es una cuestión de dignidad de la mujer. Ahora bien, ¿debe el Estado regularlo? Miguel

  3. De la misma manera que no se permiten simbolos catolicos/cristianos publicamente, del mismo modo que proclamar la fe cristiana con mayor o menor animo esta, no mal visto, pero si con cierto recelo por gran parte de la sociedad, del mismo modo que las señales religiosas de cualquier tipo estan prohibidas en los lugares publicos de la mayoria de los estados europeos, a los musulmanes, como ciudadanos de la Union Europea, residentes o nacionales, se les ha de prohibir acudir a centros publicos del Estado con sus simbolos religiosos. El recelo hacia el pasado de la iglesia católica y la libertad religiosa no equivale a que se estigamitze una religión y se haga la vista gorda con las demás por el rollo de la multiculturalidad, etc.

    A ello se añade la obligada dignidad de la mujer, cuyo honor es lo suficientemente digno como para esconderlo por cuestiones arbitrarias.

    El Estado debe ser consecuente, y de la misma manera que coarta a los catolicos, que haga lo mismo con las demás religiones.

  4. Els musulmans moderats han d’entendre que s’ha de lluitar contre el niqab i el burqa perquè produiran extrema dreta de manera directament proporcional.
    El niqab no té res de religiós. ni tan sols l’islam tradicional l’obliga ni l’acosella. Llàstima que no l’hagi prohibit.
    Un islamisme que el legitima no és altre cosa que una forma de perversió sexual que veu a la dona solament com objecte sexual, i que no pot entendre que pugui haver una mirada neta envers una dona.

  5. es cierto que el burka y el niqab ocultan totalmente a la mujer y su identidad pero es con un fin religioso, me parece un horror que piensen en prohibirlo en paises europeos, es falta de respeto criticar otras religiones y sus costumbres; las mujeres musulmanas no son brutalmente sometidas y ocultadas por el machismo, solo viven distinto a nosotros

  6. Los valores que el estado promueva deben ser laicos, y la tolerancia no significa que los usos culturales medievales adheridos muchas veces a las creencias religiosas tengan que respetarse, si van en contra de esos valores laicos fundamentales, conquistados con sangre, muchas veces precisamente frente a poderes religiosos. Si damos marcha atrás y renunciamos en estos tiempos a nuestros valores en aras de una supuesta «tolerancia», vamos de cráneo. Del mismo modo reaccionaríamos si alguien quisiera convencernos de que el evangelio de Jesús es consustancial al velo de nuestras abuelas o al luto obligado de décadas, o a un señor hablando en latín desde un pedestal de espaldas a la gente. Desde los textos cristianos se han justificado la esclavitud, la sumisión de la mujer al hombre, el poder absoluto de reyes y emperadores consagrados por Dios y muchas otras barbaridades que sólo se han erradicado a base de lucha. ¿Alguien quiere dar marcha atrás por motivos culturales, religiosos y de costumbre?

  7. perfectamente de acuerdo. Los musulmanes deberían ser los primeros en denunciar el burka como anti-humano. Mientras tengan un resquicio de justificación islámica muchos musulmanes se lo tomarán como una afrenta al islam.

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