Desencallar Europa

Desencallar Europa

Luís Sols. Resulta difícil saber a quién votar si uno no sabe qué está votando. Los ciudadanos no saben muy bien qué influencia tiene la Unión Europea en sus vidas ni qué poderes tiene el Parlamento europeo que ahora se elige. Algún partido ha tratado de movilizarlos imaginando qué podría pasar si se vota a otros, pero el resultado ha sido muy poco creíble.

La gran verdad es que el Parlamento Europeo decide muy pocas cosas. Contribuye a legislar sobre las escasas materias sobre las que Europa tiene competencias, pero sus normas deben ser aprobadas también por un Consejo de Ministros que hoy, con 27 Estados, resulta bastante ingobernable. El color político de los grupos que han obtenido más votos suele condicionar el perfil del presidente de la Comisión Europea, pero finalmente son los 27 Estados quienes deciden el nombre del nuevo presidente del ejecutivo europeo.

Además, el presidente de la Comisión no nombra libremente a sus comisarios, sino que ha de escoger como mínimo uno por cada Estado, y sólo de entre los que le propone el gobierno correspondiente. O sea, que el Parlamento que ahora elegimos condiciona muy poco la Comisión Europea. Una Comisión que tan sólo administra algo más del 1 % del PIB de la Unión, una cifra mínima comparada con el 30-40 % que suelen administrar los Estados.

Este panorama, desolador desde la perspectiva europeísta, sería muy diferente si hace cuatro años los europeos hubiéramos votado con decisión la Constitución europea. Pero entonces todos parecían tener un párrafo que no les resultaba del todo convincente. Con 448 artículos que refundían decenas de tratados y que estaban destinados a 480 millones de europeos de todas las ideologías, difícilmente podía evitarse que cada uno encontrara su párrafo inconveniente. Faltó la grandeza que hizo posible las grandes Constituciones estatales o la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Europa encalló hace cuatro años y ahí sigue, varada en la playa sin poder decidir apenas nada y sin perspectivas de avance. Incluso el tímido Tratado de Lisboa, que tras aplicar mil rebajas trataba de salvar los restos del naufragio, está encallado tras el “no“ irlandés. Es el triunfo póstumo del proyecto anglosajón de Europa.

Hace medio siglo los países continentales, con Francia y Alemania a la cabeza, promovían una Europa con una dimensión tanto política como económica. El Reino Unido, poco identificado con Europa, quería poco más que una unión aduanera con unas instituciones reguladoras. Fracasó y acabó pidiendo el ingreso en la Comunidad Europea, pero desde dentro ha conseguido imponer su modelo. La clave estuvo en conseguir que los poco europeístas estados de Centroeuropa entraran antes de que la Constitución estuviera aprobada. Desde entonces el euroescepticismo ha avanzado a pasos agigantados oponiendo, frente a toda evidencia, los intereses nacionales a los intereses europeos.

Esto es lo que de verdad se decide en estas elecciones. Un Parlamento europeo dominado por partidos de escasa vocación europea, obsesionados por la defensa de los intereses nacionales de cada Estado, sería visto como la prueba de que Europa ya está bien como está y que no ha de seguir avanzando. Una abstención elevada sería interpretada más o menos del mismo modo, como la evidencia de que los ciudadanos no están interesados en el desarrollo del proyecto europeo En cambio, un Parlamento europeísta elegido con un elevado porcentaje de participación se sentiría legitimado y sería un puntal que contribuiría poderosamente a desencallar Europa.

Hay que recordar que Europa no es ya sólo para los europeos, se ha convertido en un referente mundial. La Unión muestra a todas las zonas del mundo que es posible renunciar a los egoísmos nacionales o estatales más inmediatos y dotarse de instituciones regionales (de regiones del mundo) poderosas que promuevan la prosperidad y los derechos de todos los ciudadanos. Europa muestra también a todos que es posible compatibilizar la prosperidad económica con las garantías sociales del Estado del Bienestar. Pero una Europa fracasada, desunida, incapaz de influir en los acontecimientos mundiales, no es modelo para nadie.

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