"Un lugar en el mundo"

“Un lugar en el mundo”

Ignasi Salvat. “Un lugar en el mundo” (Concha de Oro en el Festival de Cine de Donosti, 1992) es una película  de Adolfo Aristarain (1943), un director argentino que se dio a conocer en 1981 con “Tiempos de Revancha”. La película nace de un guión trabajado por el mismo Aristarain. Se trata de un cine con dimensión ética querida por el autor.

La película explica la vida de Mario (Federico Luppi) un maestro de escuela y  líder de una cooperativa ganadera que se ha trasladado, a su regreso de España, a una zona depauperada del sur de Argentina. Allá, además de crear una escuela donde enseña y da de comer a un grupo de niñas y niños, creará una cooperativa lanera con los agricultores y ganaderos de ovejas de la zona.

La puesta en escena comienza por la vuelta a la zona de Ernesto, el hijo de Mario, que va a visitar los lugares donde él vivió de pequeño y donde él aprendió de su padre a encontrar su lugar en el mundo, cosa que él, Ernesto, no ha conseguido todavía. Tanto así que en voz en off confiesa “no sé por qué vuelvo”, pero en realidad sí lo comprenderá al final de la historia de su padre.

Presentado ya Ernesto adulto (Gaston Batí) en la primera secuencia, la película hace un flash back. El espectador verá la historia de un maestro de escuela rural que lucha por elevar el nivel humano de sus pequeños alumnos para abrirles a un futuro mejor. Y, a la vez, Mario será el animador de la cooperativa ganadera de la zona, donde Aristarian presentará la lucha frente a un rico terrateniente que no sólo negocia con la lana sino que quiere hacer negocio vendiendo las tierras a una empresa extrajera para crear una Central Hidroeléctrica. Mario no estará solo. Tendrá su lado a su esposa Ana (Cecilia Roth) y a una religiosa, Nelda (Leonor Benedetto) que le inspiró su liderazgo social. Según Aristarian, Nelda es el único personaje que existió en la vida real.

En contraste con Mario, el guión presenta a Hans (José Sacristán), un español contratado por una multinacional para preparar la construcción de la Central. Hans no tiene lugar en el mundo, sino que se vende al mejor postor. Él sabe de geología e, incluso, dará unas clases a los alumnos de Mario, nada más. Pero, al final se pondrá al lado de Mario frente al terrateniente.

Al final de la película, Ernesto oirá a su padre afirmar emocionado: “Cuando uno encuentra su lugar en el mundo, ya no puede salir de él”. Este es el grito de dolor de Mario cuando presenta a su hijo los planes de su futuro; grito de dolor porque la cooperativa ha fracasado, se ha vendido al mejor postor la lana y por eso, Mario, la quemará antes de que se la lleven.

Es importante encontrar nuestro lugar en el mundo, pero más profundo es encontrar nuestra actitud personal en y ante el mundo. Es lo mismo que Adolfo Aristarian buscó al construir el guión de su estupenda película.

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