Oscar Mateos. El Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) ha vuelto a hacer públicos los datos sobre transferencias de armas en el mundo. El informe del veterano instituto sueco sobre paz y conflictos no nos dice nada nuevo. Lamentablemente. El comercio de armas se ha incrementado en un 20% en los últimos cinco años; los grandes productores y exportadores de armamento siguen siendo, por este orden y a cierta distancia entre ellos, Estados Unidos (31%), Rusia (25%), Alemania (10%), Francia (8%) y Reino Unido (4%); y entre los principales compradores siguen situándose países como Corea del Sur, China, Turquía, los Emiratos Árabes, Israel, India, Grecia, Singapur, Argelia o Sudáfrica.

El informe arroja otro dato: desde 1950 la lista de los principales países exportadores de armamento prácticamente no ha cambiado. Ese quinteto inamovible lo sigue siendo también en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La paradoja se perpetúa: cuatro de los cinco estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad, órgano encargado de velar por la paz y la seguridad de nuestro planeta, son a su vez los principales exportadores de armamento.

Ciertamente, nada nuevo. La tendencia sigue evidenciando unas Relaciones InternacioAnales profundamente injustas, asimétricas y que practican el doble rasero. Se señala a menudo al «eje del mal» como principal amenaza y a la vez se legitima en muchas instancias un dato (el de las exportaciones de armas), que por sí solo, debería suponer un tsunami mediático, social y mundial. Nada de eso.

¿Algo está cambiando? En el otro lado, los últimos años dejan importantes iniciativas sociales para hacer frente a este asunto. La campaña de control de armas ligeras promovida en España por organizaciones como Intermon-Oxfam, Amnistía Internacional, Greenpeace y Fundació per la Pau ha logrado algo muy concreto: «A partir de ahora el gobierno estará obligado a denegar transferencias que no cumplan con los criterios del Código de Conducta de la Unión Europea, según el cual no deben exportarse armas a países con graves violaciones de derechos humanos o donde exista un conflicto armado, entre otras situaciones». Un paso muy importante, un primer paso.

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Miembro del área social de CJ. Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (Universitat Ramon Llull) y delegado del rector para el impulso de la Agenda 2030. Es miembro de la Junta de Gobierno del Institut Català per la Pau (ICIP) e investigador asociado del CIDOB. Fue el responsable del área social de CJ entre 2010 y 2020.
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