Eduardo Rojo. El paso de los años te permite ver la vida con unos ojos que contemplan la realidad presente y, al mismo tiempo, apoyarte en el cerebro para recordar aquello que sucedía hace ya un cierto tiempo. Cuando redacté el primer cuaderno de Cristianisme i Justícia el año 1982, dedicado al sindicalismo, vivíamos en una situación de dificultades económicas para un amplio sector de la población y con elevadas tasas de desempleo.

Durante los más de 27 años transcurridos desde entonces hemos combinado épocas de más crisis y también de expansión económica y de creación de empleo, y hemos descubierto que el mundo no se reduce a las cuatro paredes de nuestro país y que era necesario el apoyo de personas que provienen de otros países menos desarrollados que el nuestro para fortalecer nuestro tejido productivo. Ahora bien, en todo el período referenciado ha seguido habiendo personas que tenían problemas de empleo y de protección social, y otras que siempre han estado en los márgenes de la exclusión social, con impacto especial en mujeres, jóvenes e inmigrantes.

Cuando el 1 de mayo de 2009 se celebra en una situación de muy grave crisis económica, y negarlo sería absurdo, debemos volver a mirar a aquellos valores que estuvieron en la construcción de la España democrática de 1977, el consenso y el acuerdo entre fuerzas políticas y sociales para tratar de dar respuestas a las situaciones realmente difíciles, las de muchas personas que no disponen de recursos económicos y que están siendo expulsadas del mercado de trabajo. Recuperar la solidaridad como bandera de enganche ante la crisis debe permitir que toda la población sensible al drama humano que supone personas sin empleo o sin protección arrime el hombro para salir de esta situación. Como en 1982, y recuerdo las palabras de mi maestro Joan N. García-Nieto, tenemos y debemos que defender la solidaridad y evitar dejarnos guiar por reacciones proteccionistas que ni conducen a las buenas relaciones entre los pueblos ni al apoyo entre las personas trabajadoras.

Porque, si han pasado los años, no han cambiado las relaciones de dominación y de explotación en que viven muchas personas trabajadoras, aunque ahora muchas de ellas no tengan un nombre de fácil pronunciación. Todos unidos en la defensa de los más desfavorecidos, y los gobiernos atentos a evitar una situación preocupante de fractura social que, en caso de producirse, podría ser aún más perjudicial para las personas más necesitadas. Ah¡, y recuperemos la doctrina social de la Iglesia para exponer muchas de nuestras propuestas, ya que sigue siendo un material de trabajo de primera categoría.

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Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat Autònoma de Barcelona. Vicepresidente ejecutivo de la Fundación Utopía Joan N. García-Nieto d’Estudis Socials del Baix Llobregat. Ha publicado: “Inmigración y mercado de trabajo en la era de la globalización” (Lex Nova, Valladolid 2006). Blog personal: http://eduardorojoblog.blogspot.com/
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4 Comentarios

  1. La doctrina que parla de la preferència del treball sobre el capital, la que defensa la dignitat de l’èeser humà i la que reconeix el dret a gaudir dels fruits del teu treball.

  2. Muy cierto. Por este año yo andaba por la ohac, Pero ¡ojo! con el paso del tiempo me he dado cuenta de muchos errores que cometimos, (más bien que cometí,ya que sólo yo puedo expresar mi experiéncia personal). Uno de ellos fue el pensar que la verdad que lleva a la justícia sólo puede encontrarse en la izquierda política ¡gran error! La verdad es patrimonio de todo pensamiento político y por ende de todo ser humano. Claro que por ahí se podrían abrir muchos interrogantes por ejemplo; Si entendemos que la verdad es patrimonio de todo pensamiento ¿Por qué cada pensamiento enjendra injusticia? etc,,, ¿No será que cada pensamiento político se da en distintas dimensiones?,,, más aún ¿Pueden coexistir dos dimensiones en un mismo tiempo y espacio?

    Perdón por este «galimatias»

    Jaume

  3. Una reflexión, desde un cristiano militante:En las crisis anteriores, el tejidoi asociativo era muy furte y desde muchas instancias se daban respuestas tanto a nivel práctico, como de concienciación social. La gran diferéncia con esta crisis, es que los agentes que la han provocado (bancos y especuladores) estan muy bien relacionados a nivel de instancias de poder y administraciones del estado, y por otra parte tenemos altamente anestesiados o desaparecidos los movimientos asociativos que puedan dar «altavoz», clarificar las causa y proponer soluciones. Es más ni la propia Iglesia, a pesar de que a través de Cáritas y demás organizaciones, ha redoblado (y con éxito) esfuerzos para paliar en la medida de lo posible las consecuéncias sobre los que la padecen, está haciendo oir su voz. Nos hacen falta más «estrados» de denuncia y proposición de soluciones. Hay muchas personas, incluidos muchos cristianos, esperando que se alcen voces que aporten esa mirada lúcida y a la vez esperanzadora y repito que vaya más allá del asistencialismo que ya se está llevando a cabo desde todas las instancias y con todos los medios posibles.

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