El coste del rescate europeo

El coste del rescate europeo

Manfred NolteSe asume con carácter general que el tipo de interés es el precio pagado por el alquiler del dinero. En la relación más típica entre banco y cliente el primero remunerará al segundo por los depósitos que este le confíe (tipo de interés de un depósito u operación pasiva) o bien cobrará al cliente con una terminada periodicidad (tipo de interés de un crédito u operación activa) por el préstamo que le haya sido concedido. La diferencia entre ambos tipos define el margen financiero de la banca y ha sido históricamente una de sus fuentes de beneficio bruto. Macroeconómicamente, el circuito bancario provee de un lugar de encuentro entre las variables ahorro e inversión, críticas para el desenvolvimiento ordenado de la economía.

La financiación basada en depósitos, que supone el 60% del total de los recursos ajenos de los bancos europeos, son una fuente de financiación estable y confiable, es transparente en el grado más alto, están sujeta a regulaciones estrictas y es segura para el sistema. La estabilidad y el cuidado de esta rúbrica bancaria es de la máxima importancia. El regulador europeo ha establecido una garantía de 100.000 euros por depositante y banco con cargo a un fondo alimentado por la industria financiera, lo que demuestra su sensibilidad hacia el valor principal del depósito y la necesidad de su puntual devolución. Pero el depósito también esta relacionado con una retribución -el tipo de interés- que en este momento está siendo literalmente laminado.

Existe de forma intuitiva -apoyado por sólidos argumentos técnicos- una estimación de lo que podemos llamar ‘tipo natural de interés’. Este tipo debe recoger idealmente una referencia cercana al tipo de rendimiento del capital o de la inversión. Si el tipo vigente es inferior al rendimiento de la inversión, y de forma más general al crecimiento de la economía, ese tipo de interés es excesivamente bajo. Ello es posible porque el tipo de interés a corto plazo viene determinado unilateralmente por la autoridad monetaria, en nuestro caso por el Banco Central Europeo (BCE), que lo ha situado en el cero por ciento. Sucederá entonces que el sistema estará penalizando abiertamente el ahorro de los depositantes.

La economía española ha convivido secularmente con tipos de interés mucho más altos que en la actualidad.  Pero incluso, hoy en día, el BCE supone una excepción si lo comparamos con los tipos de referencia de países como Estados Unidos (2,5%), Reino Unido (0,75%), Canadá (1,75%), India (6,25%), Rusia (7,75%) o China (4,35%).

La razón oficial esgrimida por el BCE para la aplicación de tipos nulos, que se tornan negativos hasta el -0,4% para los depósitos que la banca privada realice en sus cajas, es la de llevar la inflación de la Unión Europea a un nivel inferior pero muy cercano al 2% anual. La verdadera y más profunda razón es que la salvación de euro, de su anémica recuperación y de sus gigantescas bolsas de endeudamiento soberano, requería de una subvención masiva a todo tipo de deudores, en particular los deudores públicos y estimular de esa manera la actividad económica.

Nadie puede negar el efecto beneficioso que la política de tipos de interés ultra-bajos ha tenido en la recuperación de la Eurozona. Lo que queda, sin embargo, más en entredicho, y resulta mucho menos conocido, es el precio pagado por ello que no ha sido otro que el expolio de los ahorradores que han visto laminados los rendimientos de sus depósitos bancarios. Tampoco se ha puesto el necesario énfasis en las distorsiones causadas en el mercado, derivadas de la búsqueda de activos con riesgo y la creación de burbujas potenciales. El desaliento provocado en el depositante-ahorrador lo conduce a asumir el papel de inversor activando incluso la línea de endeudamiento y favoreciendo el recalentamiento del mercado del alquiler o de las bolsas de valores.

Otro tanto es aplicable a los tipos de interés a largo plazo que vienen determinados por los soportados por las emisiones de deuda soberana. El llamado Programa de relajación cuantitativa (‘Quantitative easing’) ha llevado al BCE a comprar entre sesenta y ochenta mil millones de deuda pública al mes desde marzo de 2015, reducidos a treinta mil millones desde enero de 2018 y en posición de stand-by en la actualidad. Debido a esta actuación, los tipos de interés de la deuda pública están en niveles artificialmente bajos, pagando menos interés que la deuda de Estados Unidos y cotizando con tipos de interés negativos para las emisiones a corto plazo. De hecho, las emisiones vivas con tipos de interés negativo se elevaron hasta los 9,5 billones de dólares a mayo del año pasado. Nuevamente el ahorrador se halla penalizado y resulta ser el sujeto pasivo de un impuesto silencioso que financia a todos los deudores de la economía.

La resultante de esta fotografía que revela una notable distorsión en el plano de la equidad económica es que la tradicional cultura del ahorro y de la estabilidad ha sido seriamente vapuleada. Lo que nació en la estela de la crisis como una necesaria política de estabilización ha derivado en una subvención masiva al endeudamiento. Ya se ha dicho en otras ocasiones que la eficiencia de un sistema fiscal explícito o encubierto (como es el caso que denunciamos) descansa también en la eficiencia y equidad de su sistema de subvenciones.

No cabe olvidar las reformas de la oferta. Las reformas estructurales estimulan el PIB potencial, la tasa de participación y la productividad, factores todos que contribuirán a unos mayores ingresos fiscales en el futuro, lo que a su vez posibilitará el alivio de nuestra deuda insoportable. Las reformas estructurales no son populares porque implican pagar hoy el precio de los beneficios del mañana, pero si el compromiso del gobierno es honesto y las reformas son creíbles constituyen la base del saneamiento de una economía incluido su espacio fiscal.

Mientras este estado de cosas se mantenga, mientras continúe la grosera distorsión de los mercados de dinero y de deuda, los ahorradores se hallarán sometidos a un indefenso estado de represión.

Imagen extraída de: Wikipedia

Per continuar fent possible la nostra tasca de reflexió, necessitem el teu recolzament.