“Para usted no tenemos nada”

“Para usted no tenemos nada”

Darío MolláHace un  tiempo, salí a comprarme unos pantalones. Después de no encontrar lo que buscaba en dos tiendas pequeñas, entré (contra mi costumbre) en unos grandes almacenes (de cuyo nombre no quiero acordarme…) y subí a la planta de ropa de hombres. Me dirigí a uno de los dependientes y le expuse lo que deseaba. Me miró de arriba abajo y me dijo con rotundidad: “Para usted no tenemos nada”. No sé si me lo dijo por ser viejo, por ser feo o por ser pobre, o por las tres cosas juntas. Fuese por lo que fuera fue tajante: “Para usted no tenemos nada”. Obviamente, después de tal experiencia, no he vuelto a pisar ninguna tienda de esos grandes almacenes.

Recordaba esta escena cuando he vuelto a meditar ese pasaje del evangelio de Lucas (21, 1-4) en el que Jesús mira y pone de ejemplo a sus discípulos, obnubilados por la visión de “los ricos que echaban sus donativos en el arca del templo”, a una pobre viuda “que echaba dos moneditas”. Ciertamente esa viuda era pobre y seguramente era vieja (o mayor) y no sería un prodigio de belleza.

Son dos ejemplos de miradas y de maneras de mirar: la mirada de nuestra sociedad mercantilista, la mirada de grandes almacenes, y la mirada evangélica. Y me pregunto si muchas veces en la Iglesia nuestra mirada es más la primera que la segunda: una mirada que sólo valora y considera a jóvenes, a poder ser guapos/as, y con posibilidades económicas o de otro tipo. En este segundo caso, y aparte de dejar fuera a mucha gente, nuestra mirada no es la de Jesús, creo que no es evangélica.

El problema es, además, que nuestra mirada marca nuestras preferencias y nuestro modo de actuar. Y con ciertas miradas, o con ciertos modos de mirar, la preferencia evangélica por los pobres y los últimos se hace imposible. “Para ustedes no tenemos nada”. ¡Tantas acciones de Jesús comienzan con una mirada compasiva! Una mirada que va al fondo de las cosas y las personas, que no se queda en los efectos sino que intenta llegar a las causas, una mirada que sabe valorar las “dos moneditas” de la viuda.

Imagen extraída de: Pixabay

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