Recibir misericordia de los pecadores públicos

Recibir misericordia de los pecadores públicos

Mariano Moragues sjSer amigos y recibir misericordia de los pecadores públicos es el fundamento de la Pastoral Penitenciaria. Todos somos pecadores, pero en el caso de la mayoría nuestro pecado es un pecado oculto. Y por eso nos sentimos superiores moralmente a aquellos cuyo pecado es público. Jesús busca la compañía, el cariño, las comidas, con los pecadores no ocultos, con los pecadores públicos.

Los delitos públicos son juzgados de dos maneras: por la justicia ordinaria que pone una penitencia, una condena, y por la sociedad que castiga con el desprecio y la negación de oportunidades: “no tiene salvación”, “que purgue y sufra”, “que nunca salga de la cárcel”. Incluso hay cristianos que defienden la pena de muerte.

Dios se encarna en Jesús y en esa encarnación busca aprender de los que conocen la vida a fondo, de los que viven el desprecio y el desamor, pero sueñan en encontrar el amor porque no se sienten saciados por un falso reconocimiento.

Los privados de libertad han sido condenados por la sabiduría manipulada y con tintes de negocio que nos ofrecen los medios de comunicación para esconder la realidad que es “fea”: barrios marginales, familias rotas, educación deficiente, ilusión para evadir una realidad injusta y dura con las drogas o el alcohol…

“Sabemos” quiénes son los pecadores públicos (basta con mirar su historial en internet) pero no los conocemos. Sabemos el final infernal donde acaban los pecadores públicos, y con esa sabiduría que nos ha manipulado concluimos: “están muy bien en ese hotel de cinco estrellas”.

Jesús no quiere “saber” de las personas, Jesús quiere conocerlas a fondo y eso se hace no desde un juicio previo condenatorio, sino desde el roce, desde el comer con los pecadores públicos y desde ahí poder decirles: eres hijo/a muy querido del Dios con entrañas maternas; puedes levantarte, no para que Dios te quiera más ni para hacer méritos, pues Dios Abba ya no puede quererte más de lo que te quiere; levántate para levantar a tus hermanos/as, levántate para gritarle a los cristianos y al mundo que has experimentado que Dios te lleva en sus entrañas.

La Pastoral Penitenciaria es buscar ese roce con los pecadores públicos, ser sus amigos, llevarlos en las entrañas para dirigirlos a las entrañas del Misericordioso. Ese amor, que implica discernimiento para no engañarnos ni engañarlos, nos da una fuerza que no se explica desde la razón, que solo se explica porque conocerlos nos hace quererlos y no juzgarlos, porque Dios se ha vuelto loco de amor por ellos.

He tenido la oportunidad de acompañar al P. Ximo, capellán de la cárcel, durante unos 40 años; con Monseñor Romero que dijo que si lo mataban resucitaría en el pueblo salvadoreño, podemos decir que nos enseñó en la Pastoral Penitenciaria  que resucitamos cada día porque recibimos mucha vida, no vida de “piadosos o beatos”, de la vida de los preferidos del Misericordioso, del Papaito-Mamaita querido, y no nos da miedo la muerte, nos da coraje que condenemos al infierno a las personas sin conocerlas.

Imagen extraída de: Pixabay

 

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