En la muerte de Saramago

En la muerte de Saramago

Tere Iribarren¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu ojo?. Mateo 7

Hoy al hacer oración con los textos del Evangelio me llega al corazón esa pregunta desenmascadora e  impertinente de Jesús a los suyos.

He leído con interés los artículos sobre José Saramago. He disfrutado de la lectura de algunos de sus libros. En La Caverna se me hizo real el mito de Platón tantas veces explicado a alumnos en las clase de Filosofía: vivimos como en el mito en la caverna, en los sentidos, en lo aparente y  no miramos la luz, sólo las sombras. En  este mundo inmisericorde del desprecio a la persona, con una economía despiadada que no deja salir al trabajador de la jaula.

Leí El evangelio según Jesucristo, no era un libro canónico y no había pasado por la legitimidad de la tradición, no tenía por qué. Recuerdo el amor de Saramago por José con el cual se identificaba por pobre, por trabajador, porque le desnortaba el misterio.

Copio de Gabriel Magalhaes algo de lo que dijo de Saramago:

“Creía en Dios lo suficiente para empeñarse en una lucha a muerte con la figura divina…Creo que Dios lo comprendía bastante bien. Saramago quiso ser un ángel rebelde. Se le notaban las alas en su manera de caminar y sobre todo en esa  infinita valentía con la que decidió enfrentarse a la eternidad. En el fondo nos encontramos con una marxista metafísico…Lo que ignoraba Saramago era que toda su valentía era Dios en él. Que su capacidad de abrir horizontes resultó un ejercicio laico de la fe más intensa.

El rotatorio vespertino de la Santa Sede publica un duro obituario bajo el título La omnipotencia presunta del narrador, firmado por Claudio Toscani:

“Fue un hombre y un intelectual de ninguna admisión metafísica, hasta el final anclado en una proterva confianza en el materialismo histórico, alias marxismo… Colocado lúcidamente en la parte de la cizaña… un populista extremista como él, que se había hecho cargo del porqué del mal del mundo…”

El Dios en Quien creo, no me parece que lo habrá juzgado así. A lo mejor hablarán de su última obra Caín. Ese hermano mayor en que nos vemos muchas veces retratados. Cain es una figura de la Biblia que Dios también perdona.

Todos deberíamos leer otro libro de Saramago, también parábola de nuestro mundo: La ceguera.   Con la muerte de Saramago el mundo se ha quedado con menos voz para decir y gritar las injusticias.

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