El futuro de la vida religiosa

El futuro de la vida religiosa

Jesús Renau. Parece que la mayor parte de las órdenes y congregaciones religiosas viven la disminución de vocaciones con confianza y paz en el Señor. Se está pasando del lógico nerviosismo a una actitud más profunda de serenidad mirando especialmente a la misión actual, aquella que llevamos entre manos.

También es cierto que va tomando cuerpo en la Iglesia aquel dicho de que la Iglesia del futuro es y será “la Iglesia de los laicos”. Voces muy autorizadas ya hace años que lo vienen diciendo y la realidad va por este camino.

Por lo tanto, llega la pregunta. ¿Qué misión tendremos los religiosos y religiosas en este futuro que ya ha empezado? Evidentemente vamos a ser menos, muchas instituciones pasarán a los laicos, especialmente en su gestión y la misión de servicio apostólico, y los jóvenes que llamen a nuestras puertas vendrán especialmente movidos por Dios para vivir en comunidad los consejos evangélicos.

Cuatro me parecen las misiones que en el futuro tendrá la vida religiosa: alabanza al Señor, espiritualidad, misión profética y misiones difíciles.

  • Alabanza al Señor. El hecho de consagrarse a Él es ya una alabanza encarnada en personas y comunidades, signo de la presencia de Dios. Esta alabanza tiene un valor absoluto en sí misma. Se expresa en la oración personal y comunitaria, la comunicación espiritual entre hermanos y hermanas, y hoy especialmente en la alegría y alegría de vivir con sentido.
  • Espiritualidad. El Pueblo de Dios pide personas consagradas al acompañamiento espiritual tan personal como institucional. Sabiduría, experiencia espiritual, clarividencia, capacidad de discernimiento, serenidad… al margen de todo tipo de poder.
  • Misión profética. En los tres niveles del carisma profético: denuncia, anuncio y propuesta. Los graves problemas sociales, la explotación humana, un laicismo radical, el casi mercado espiritualista, la crisis de determinados valores y la necesidad de una vida sostenible para todos, piden voces proféticas, libres, humildes y profundamente conectadas con el Espíritu.
  • Misiones de frontera. La historia muestra cómo el Señor en determinados momentos ha inspirado grupos religiosos consagrados para poder dar respuesta a situaciones nuevas. Esto puede ir desde la inserción en zonas periféricas hasta los largos estudios bíblicos y teológicos que pueden pedir toda una vida, pasando por estar presentes en aquellas zonas del mundo más explotadas y deprimidas.

Unos cambios que ya se empiezan a dar, que subrayan más la calidad que la cantidad, que pueden animar nuevos voluntarios y que serán de notable servicio para la Iglesia del futuro.

http://www.jesuitas.org.uy/quieres-ser-jesuita.php