Los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIEs)

Quim Pons. “Se les ve angustiados, preocupados, desamparados y con miedo, y con una intensidad creciente según se alarga el internamiento”

Esta es la realidad que viven tantas personas inmigradas que, encontrándose en situación irregular, han sido detenidas e ingresadas en un Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE). Con una orden de expulsión y privadas de libertad por un período máximo de 60 días, viven con tensa espera la decisión de ser expulsadas del país. En España hay nueve centros de internamiento, uno de ellos en Barcelona, ​​en la Zona Franca.

En muchos casos, la personas inmigradas que son detenidas e ingresadas en estos centros, tienen familia y un trabajo en nuestro país. Un buen día han sido detenidas en la calle o en la estación de autobuses e ingresadas en un CIE. No han cometido ningún delito, sólo una falta administrativa, encontrarse en nuestro país de forma irregular. Esta ruptura drástica con su vida anterior y la amenaza inminente de su expulsión, provocan un gran sufrimiento y soledad. En caso de que tengan familia, ésta se ve obligada, de la noche a la mañana, en reconfigurar ante la expulsión de uno de sus miembros.

Con ello, se une la preocupación de los familiares que dependen de ellos en sus países de origen. Muchas personas están financiando con su trabajo en España la salud y educación de estos familiares. También se da el caso de personas que tienen dinero en cuentas corrientes o les deben dinero por trabajos realizados que, ante la imposibilidad de salir, se les hace difícil cobrar. El miedo a volver a su país sin sus ahorros o sin el dinero que les deben, es otra fuente de ansiedad.

Una vez en el interior de estos centros, muchas de estas personas viven una situación mucho más dura que en un centro penitenciario, donde los internos pueden formarse, trabajar o disponer de atención religiosa. El CIE se convierte en una gigante sala de espera donde las horas se hacen eternas. Con un modelo de gestión policial, se dan tratos poco respetuosos por parte de algunos policías. La angustia de sentirte separado bruscamente de tus seres queridos y la tensión de no saber cuándo te expulsan, en cualquier momento, sin previo aviso, el miedo con que viven el sentirse mezclados, de la noche a la mañana, con internos con antecedentes penales, la falta de información y desatención jurídica, las limitaciones en la atención socio-sanitaria …. todo ello, crea en estas personas una situación difícil de imaginar por quienes nos encontramos fuera.

La última reforma de la Ley de Extranjería exigió la adopción de medidas para regular estos centros y garantizar un trato digno a las personas internas, pero 21 meses después, no existe ni siquiera un borrador de reglamento. Ante esta grave situación, la sociedad civil se ha organizado desde varias plataformas para denunciar esta realidad a toda la sociedad.

http://www.publico.es/espana/415650/muere-un-joven-africano-en-un-centro-de-extranjeros-de-barcelona
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