¿Navidad en tiempos de Crisis?

Víctor Codina. El occidente europeo, también España, estaba tan acostumbrado a relacionar la Navidad con la abundancia del  Estado de bienestar que parecería que en la crisis económica actual la Navidad ya carece de sentido. Navidad significaba suculentas comidas familiares, consumo, compras, regalos exclusivos, juguetes sofisticados,  calles iluminadas, música de villancicos, viajes a esquiar en las vacaciones del solsticio de invierno…y todo ello adornado con arbolitos verdes, pesebres con musgo y artísticas figuras y algunos gestos de beneficencia para tranquilizar la conciencia. La Navidad ha sido secuestrada por el “sistema”.

En cambio ahora el panorama se ha vuelto sombrío: crisis del euro, millones de parados, contratos basura, miniempleos, reducción de gasto público en salud y educación, deudas, hipotecas que no se pueden pagar, desahucios, emigrantes que regresan a sus tierras de origen, comercios que cierran, protestas de los indignados, angustiosa incógnita sobre el futuro que nos espera. Ahora se ve necesario ponerse en el lugar del otro, compartir, incluso organizar bancos de alimentos…

Quizás teníamos una imagen falsa de la Navidad, algo romántico y dulzón, una felicidad inmediata y facilona, muy gastronómica y burguesa, entre cantos de angelitos y estrellas de papel de plata. Pero una lectura atenta de los evangelios de la infancia de Jesús nos puede ayudar a descubrir que los relatos de Mateo y Lucas, con su género literario propio, no tienen nada de romanticismo acaramelado. Se habla de un pueblo sometido al imperio romano, de un censo para recabar impuestos y leva de soldados, de una pobre pareja que camina en la noche, de un nacimiento fuera del hogar y de la posada, de pastores que no eran bien vistos en aquella sociedad, de un rey que mata a niños inocentes y de una familia exiliada que huye al destierro.

Y precisamente en este ambiente de incertidumbre y oscuridad  surge la luz de la esperanza de un Dios entrañable y misericordioso que se hace Niño para que recuperemos el verdadero sentido de la vida y de la verdadera felicidad, para que nos humanicemos a la manera de Jesús. Es solo un comienzo, pero ya se insinúa la alegría pascual de Jesús resucitado, la victoria sobre el pecado y la muerte, el don del Espíritu.

Por esto en el Tercer mundo, en América latina, concretamente en Bolivia, donde la vida es más dura y  se lucha por sobrevivir, se celebra la fiesta de Navidad pero no se cae tan fácilmente en un falso idealismo romántico ni en el consumo materialista: las calles de las ciudades se llenan de mujeres campesinas con sus traje típicos que piden limosna, madres de los barrios periféricos pasan la noche al raso con sus niños junto al estadio de La Paz (a casi 4000 m) para poder recoger al día siguiente una muñeca y un camioncito para sus hijos, las familias llevan a la Iglesia sus imágenes del Niño Jesús para recibir la bendición y presidir sus casas durante las fiestas navideñas, muchas parroquias reparten chocolate caliente a los niños, los familiares se abrazan y abuenan en la Nochebuena…Desde los pobres se comprende mejor el evangelio de Navidad.

Quizás la actual crisis europea nos pueda ayudar a hacer una lectura diferente, alternativa, de la Navidad tradicional, quizás ahora se pueda comprender mejor el significado del nacimiento de Jesús: aun en medio de la noche de la desesperanza y de la angustia, es posible confiar, luchar, amar, abuenarnos, ser solidarios, tener alegría, porque un Niño nos ha nacido en un pobre portal y su vida es una fuente de esperanza para toda la humanidad: no estamos abandonados, el Señor camina con nosotros, Dios no está en crisis.

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