Democracia árabe ¿es posible?

tunez-revueltasXavier Garí de Barbarà. Las democracias se construyen desde abajo, se lideran desde arriba, y se mantienen desde todos los sitios. Este principio de la política democrática es fundamental y parece que no lo hemos aplicado nunca en Occidente. Y ahora es un Oriente al que hemos querido mostrar como poco democrático, el que nos da lecciones a partir de los hechos de Túnez, extendidos recientemente hacia Argelia y Egipto.

Después de las revoluciones liberales burguesas del siglo XVIII, de las obreras socialistas del XIX y de la explosión de las democracias occidentales a lo largo del XX, parecía que los hechos históricos de la caída (pacífica) del Muro de Berlín que dieron  paso a una democratización del Bloque del Este realizada desde las bases, supondría un punto de no retorno en la escena mundial. ¿Había finalizado la historia? La soberbia de occidente se daba de bruces otra vez con los atentados del 11-S del 2001, que provocaron la aparición de aquello que ya había sido anunciado por las industrias militares y algunos Ministerios de Defensa: la aparición de una nueva etapa bélica. La Guerra contra el terrorismo fue el resultado que se logró de forma escandalosa. Se instauró la pretensión de acabar con el terrorismo a partir de otro terrorismo: el de la guerra global.

La escalada bélica que estalló justo al inicio de la Década por la No violencia y la Paz propuesta por las Naciones Unidas (2000-2010), no impidió que al cabo de 10 años los países árabes se decidieran recorrer una nueva etapa histórica en la lucha por la democratización. La obsesión belicista de la administración Bush (la del padre y la del hijo) no han conseguido por la fuerza militar y con el tono vengativo de la respuesta a los atentados más graves que nunca hayan sufrido los EUA, que el ideal ambiguo de conseguir la democratización de países como Afganistán o Irak haya finalizado en éxito. Las democracias no se construyen desde arriba, y menos con la fuerza militar. Es una incongruencia. La fuerza militar no se debería utilizar, más aún cuando detrás hay tantos intereses geoestratégicos, políticos y económicos. Menos aún puede defenderse que un instrumento violento pueda conseguir un objetivo pacífico; no es necesario citar a Gandhi o a Luther King para dar fuerza a un argumento, que tiene una lógica evidente por sí mismo. Irak y Afganistán, dos países invadidos y enrocados en una guerra que no decidieron sus ciudadanos (por tanto, no decidida democráticamente), sino por decisión de una potencia mundial y sus aliados que luchaban – decían- por unos ideales liberales y democráticos, mientras llamaban “Libertad duradera” la operación militar que justamente no conseguiría ni la libertad ni que esta fuera duradera.

Después de 10 años de los atentados del 11-S, diez años de belicismo por parte de los estados democráticos, los países árabes culminan un movimiento desde la base, que es toda una lección de movilización ciudadana y compromiso democrático de libertad (de la auténticamente duradera). La revolución en Túnez no se detiene, y los ciudadanos siguen  movilizándose, negándose a aceptar transiciones a medias, y buscando una transición clara, total, irrevocable y definitiva. Tampoco se detiene el proceso exterior mediante el cual se contagia a los países vecinos aquello que los pueblos tejieron durante décadas, discreta pero firmemente. Décadas en las que Occidente se empecinó en dar una imagen medieval, violenta y retrógrada de la cultura, la sociedad y la religión árabe de esta parte del mundo. Un Próximo Oriente convulso durante décadas, mantenido en parte también por la ineficacia de las democracias occidentales que han pretendió dar lecciones a los países árabes mientras se aliaban con las dictaduras más duras por bajos intereses económicos, ha paralizado y disimulado unos procesos democratizadores originados en la base y que ahora están empezando a tener éxito por sí mismas y sin la ayuda o el ejemplo de Occidente. En 5 años de guerra e invasión en Irak no se ha avanzado tanto como en los últimos 15 días en Túnez y gracias a la movilización ciudadana. Y es que la democracia sólo se construye desde abajo? Aún ahora alguien se pregunta si es posible la democracia en los países árabes. No olvidemos que mientras este “Occidente” nuestro de hoy se dedicaba a ser bárbaro con el Imperio germánico, los vikingos o los francos en la época medieval, el mundo árabe destacaba por una alta cultura, una integración y respeto por aquellos a quien dominaba, y el progreso de la técnica y la ciencia como quizás no haya vuelto a suceder hasta el final del s. XX. Como la historia es dinámica y sus procesos cíclicos, ahora le toca un cierto liderazgo al mundo árabe.

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