Sueño de viaje papal

sueño_papalJosé I. González Faus. A muchos de mi generación les ha ocurrido con los viajes del papa algo similar a lo que cuentan de los intelectuales españoles y la república. De jóvenes nos cansamos de decir que el papa necesitaba viajar y no podía estar encerrado en la jaula de oro vaticana. Hoy que esos viajes son una realidad se nos puede oír murmurar aquello de “no es esto, no es esto”…

Por esta razón, respetando el sentir de otros y suponiendo la buena voluntad de muchos más, me atrevo a proponer un sueño a lo Luther King, para algún próximo viaje.

El papa viajó en un avión de pasajeros de Alitalia en clase turista, no “bussines”, y con un reducido séquito. No iba como jefe de estado, ni tampoco había periodistas en el avión. Al aterrizar, si suponemos que fue en el aeropuerto del Prat, pues lo recibió el arzobispo de Barcelona, naturalmente. De allí, en un coche normal, ni blindado ni “papamóvil”, se trasladó… a La Mina. Departió con gitanos e inmigrantes, rumanos o marroquíes; escuchó sus quejas y sus chistes. Y les dijo lo mismo que casi cincuenta años antes, había dicho Pablo VI a los campesinos de Colombia: “vosotros sois Cristo para mí”.

De allí fue trasladado a la cárcel Modelo o a la prisión de Can Brians, donde tuvo otra charla parecida con aquellos de los presos que quisieron escucharle. Les aseguró que ninguna vida está definitivamente rota, que Pablo de Tarso, una de las primeras columnas del cristianismo, había pasado largas temporadas en la cárcel; que era consciente de que algunas gentes (cristianas o no) murmuraban de aquella visita que parecía legitimar a los malos y excluir a los buenos, pero que también decían lo mismo de Jesús según cuenta san Lucas en su capítulo 15. Y que él quería que su visita sirviera de ejemplo para que muchos más ciudadanos se animasen a visitar a los presos. Porque el evangelio no dice: “fui papa y me vinisteis a ver”, sino “estuve preso y me visitasteis”…

Comió después en el arzobispado, tuvo dos horas de descanso y oración, para meditar como María todas aquellas impresiones “guardándolas en su corazón”; y hacia las cinco de la tarde se reunió con un grupo de católicos de la diócesis, escogidos en buena parte por las bases cristianas y entre los cuales, en proporciones más o menos semejantes, había un contingente de clérigos o párrocos, otro de religiosos de ambos sexos, otro de laicos y un cuarto grupo de mujeres seglares. No había entre ellos ningún político o, en todo caso, un número bien reducido. El papa les dijo: he venido a escucharos yo: porque oírme a mí es algo que ya podéis hacer por la radio o la televisión; mientras que yo no puedo oíros a vosotros. No hubo en aquella reunión ningún periodista, para que los cristianos pudieran hablar con más libertad y sin temor a ser tergiversados para un buen titular. No sabemos por tanto cuál fue el curso de la entrevista: porque el papa no quería que el encuentro fuese  “una noticia”, que sube y baja como la espuma dejando casi vacío el vaso, sino más bien una semilla que tiene fuerza para crecer desde su pequeñez…

Ya al atardecer tuvo el papa un breve discurso multitudinario. Comenzó hablando en castellano para repetir lo que ya había dicho antes: no quiero viajar para ser visto y oído, sino para veros y oíros directamente, un poco al menos. Luego pasó a hablar en catalán; se notaba que le costaba un poco y que había debido ensayar varias veces el texto, pero también reflejaba un gran empeño por darse a entender bien. Y dijo más o menos que a los catalanohablantes quería pedirles una cosa que esperaba entenderían: que no le llamaran Santo Padre (“Sant Pare”). Y explicó: sé que es una expresión frecuentísima en vuestra lengua, y que brota del cariño y la buena voluntad. En ese sentido la agradezco mucho. Pero mirad: en sí misma es una expresión idólatra; y comprenderéis que es misión de un papa desterrar las idolatrías. Y fue poniendo los siguientes ejemplos: cuando a los primeros apóstoles, los tomaron por dioses, comenzaron a gritar a las gentes: “¡no, no! Nosotros no somos más que hombres como vosotros”. Cuando a Jesús le llamaron bueno, corrigió al interlocutor: “¿por qué me llamas así? ¡Sólo Dios es bueno!”; (y eso que Jesús por ser el Hijo de Dios tenía derecho a ser llamado así; pero el interlocutor no conocía su divinidad, y se lo decía simplemente en cuanto persona humana). Finalmente, añadió el papa, uno de mis más grandes predecesores (san Gregorio I, llamado precisamente “el Magno”) prohibió en una carta al patriarca de Alejandría que le llamaran “papa”: porque papa es un abreviatura que significa padre de los padres (pater patrum); y yo no quiero ser padre de nadie sino hermano de todos, concluía san Gregorio. Todavía añadió, citando a Juan Pablo II, que él creía que el único título digno de su ministerio era el ya viejo y olvidado de “siervo de los siervos de Dios” o, a lo más, el de sucesor de Pedro…

Al día siguiente de mañana, el sucesor de Pedro regresó a Roma en otro vuelo privado de Alitalia. En el aeropuerto, el arzobispo de Barcelona le regaló el texto de Joan Maragall “La Iglesia quemada”, en una edición bilingüe en catalán y alemán. Y le dijo: “Hermano Pedro, la Iglesia no debe tener joyas y alhajas materiales, ni siquiera en su cálices ni en sus templos; pero esto que te entrego es una de las mayores joyas espirituales de la iglesia catalana”.

*       *       *

Se pueden poner evidentes objeciones a este sueño. Y la primera está ya recogida en su título. ¿Es un sueño? Por supuesto que lo es; y soñar es peligroso. Pero la historia muestra que sólo quienes soñaron han conseguido algo en ella. También cabe preguntar: ¿es que el evangelio no es un sueño, un preciosísimo sueño de humanidad?.  Y entonces la pregunta se convierte en esta otra: el sueño que hemos contado ¿es un sueño evangélico o no lo es?.

Se puede argüir sobre todo, que, viajando de esta manera, se menosprecia y se pone en grave riesgo la seguridad del papa; y que, al segundo viaje de este tipo, un atentado acabaría con él. Dura dificultad, sin duda. Y debo comenzar proclamando en voz bien alta que no deseo en absoluto la muerte violenta de un papa: tan poco como deseaba Dios la muerte cruel de Jesucristo. Los primeros cristianos se preguntaron muchas veces por qué Dios había permitido esa muerte y acabaron comprendiendo cómo Dios respeta nuestra libertad y es capaz de sacar bienes de los males que cometemos: hasta el punto de que aquella muerte selló la definitiva reconciliación de nuestra humanidad cruel con Dios.

No deseo en absoluto la muerte violenta de un papa. Pero ¿qué podría pasar si se corriera ese riesgo?… Pues por un lado que ya sólo aspirarían a cargos directivos los que estuvieran dispuestos a poner su vida en juego. Me viene a la memoria la respuesta de Msr. Romero cuando el gobierno de El Salvador quiso ponerle un par de guardaespaldas: “mi pueblo no los tiene; por eso yo tampoco puedo tenerlos”. Bien caro le costó por supuesto; pero ese precio sirvió para poner de relieve la pecaminosa crueldad de un país minúsculo. Y el mero hecho de que se me arguya que el papa podría correr un riesgo de ésos, pone de relieve la inhumana crueldad de nuestro mundo que es lo que más nos interesa ocultar. Si los papas van y vienen felices y sin problemas, creamos la impresión de que éste es un mundo feliz donde, a lo sumo, quedan algunos desiertos lejanos que ya desaparecerán; y creamos esa impresión porque la gente desconoce las cifras desorbitadas que cuesta esa seguridad… Si hacemos públicas esas cifras, o las eliminamos dejando patente el riesgo, se pondrá en evidencia que este mundo nuestro, presuntamente feliz y en paz, no es más que un apartheid globalizado o un inmenso campo de concentración, donde unos pocos vivimos cómodamente, y hasta lujosamente, y donde grandes mayorías viven en la miseria y son explotadas cruelmente, en el increíble drama del Congo, en los doscientos millones de niños esclavos, en el conflicto de Oriente Medio, en los niños y niñas-soldado de Sierra Leona… En México donde más diez mil personas han muerto violentamente y con inhumana crueldad en sólo un año… Diez mil personas no tienen nombre ni rostro: son sólo una noticia fugaz que al día siguiente ya ha pasado, pese a los esfuerzos admirables de mujeres que luchan por desenmascarar y acabar con esa situación, arriesgando también sus vidas. Un amigo mexicano me decía a este propósito: “si entre esas diez mil hubiera por ejemplo sólo cinco arzobispos, la reacción del mundo cambiaría: porque de hecho, un arzobispo no es un cualquiera y esos diez mil no eran más que purititos cualesquiera”. Este es el mundo que hemos construido. Y lo mantenemos negándonos a reconocerlo.

No sé yo si valdrán esas respuestas; pero al menos me parece que merecen ser meditadas. Como merece ser meditada la frase del biblista norteamericano D. Crossan que late en ellas: en un mundo como éste al cristiano casi no le queda más que esta doble salida: o la traición al evangelio o el martirio…

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3 Comentarios para: Sueño de viaje papal

  1. Marta comenta:

    José Ignacio, estoy de acuerdo con TODO! Y especialmente, con la frase final.
    Estoy relativamente cerca de los 50 y ya en la adolescencia me di cuenta de que es imposible ser cristiano y vivir cómodamente. Lo normal es que seamos incómodos para casi todos. Tal como están las cosas, deberíamos ser incómodos hasta para la propia estructura de la Iglesia, y estar al filo de la excomunión.
    No sé cómo nos lo hemos montado, pero, a día de hoy, los discípulos -la gran mayoría- viven mejor que su Maestro. Y son pocos los que diciendo ser cristianos se han planteado alguna vez que esto puede ser un mal negocio, humanamente hablando. Incluyo los que se llaman “pastores”. Ay, me parece que deberían ir a hacer las prácticas a alguno de los lugares que citas, y sin fecha previsible de vuelta, para que lo suyo sea gratuito de veras, antes de ser aceptados como tales por la Iglesia, es decir, por sus propias comunidades.
    ¿Utopía? ¿Sueño? ¡Esperanza!

  2. Juan Carlos Solera comenta:

    Muy buena explicacion de lo que es un Papa, padre de los padres, que no lo sabia. Pensaba que era algo cariñoso en italiano. Tampoco sabia que algun papa antiguo y moderno se rebeló con esos honores y tratos tan regios.

    Lo cierto es que la Iglesia no camina hacia esa utopía. Pudo dar unos pasos definitivos despues del Vaticano II, lo dejó para luego como cuando tenemos pereza y un dia para otro dejamos lo importante para un mañana que nunca parece llegar.

    Personalmente la parte que mas me interesa de la renovacion de la Iglesia es la vivencia espiritual. Se que no hay ningun tipo de incompatibilidad en la vida de oración y la Palabra con la praxis de compomiso con el hermano que sufre, con Cristo mismo. Y también sé que la Iglesia en general ha retrocedido y mira como sospechosas de herejía (palabra que en algun momento llegué a pensar que estaba descatalogada como los productos que ya no se encuentran en el mercado)opciones que como dice Kung serian una oportunidad para dejar definitivamente la Iglesia libre de su marco medieval, no mucho mejor que en tiempo de Galileo.

    Pero echar culpas a la Iglesia no me exime de responsabiliades. Personalmente creo poder hacer mucho, haber podido hacer mucho ( o poco, pero sí todo lo que estaba en mi mano) y no haberlo hecho. Y eso del cuerpo mistico y los vasos comunicantes casi es de los pocos dogmas practicos, somos los pecados de los hermanos y gracias a Dios la santidad de ellos, empezando por nuestro hermano mayor, el Resucitado.

    Una Iglesia a la que aspiro, como el hermano dice, en la que sueño, que no tiene ese desfase esquizofrenico entre realidad cientifica y fe. Donde una Tierra-mota de polvo dentro de un sistema solar que es tan insignificante dentro de una Galaxia que es igualmente algo que no supone nada quizas en un Universo de otros tantisimos, etc, y se atreven proclamar la cronovision cristiana como literamente cierta, con su Parusía en la que se caen las estrellas.

    Espero una espiritualidad seria con lo mejor de una espiritualidad intensamente cristiana, heredera de nuestros misticos. Una vida cristiana en comunidades que se aman y dan su vida por los hermanos. Esto es el Evangelio. Esto es mi sueño.

  3. Comunidade Fraterna de Reconciliação comenta:

    Querido Faus,nãos nos conhecemos…, mas a nossa comunidade (ecuménica)tem livros teus na biblioteca. A nossa gratidão por este texto tão lúcido, tão fraterno e tão urgente.
    Continuamos unidos na CONFIANÇA do Amor Infinito. Que neste ano de 2011 saibamos abrir os corações à solidariedade fraterna.
    Com estaima fraterna,
    comunidade fraterna de reconciliação
    Forjães (Esposende) Portugal

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