¿Pinta y colorea?

¿Pinta y colorea?

Nani Vall-llosera. El 12 de septiembre La Vanguardia publicó la habitual columna de Jaime Serra en la que denuncia, hace difusión o retrata algunos aspectos de la realidad de nuestro mundo, utilizando una ironía que a menudo refuerza su propósito.

Aquel domingo bajo el título “Pinta y colorea” y el subtítulo “Descubrirás los diferentes tipos de mutilación genital femenina que se practican en el mundo” se exponían las diversas modalidades de esta práctica vejatoria y humillante, utilizando el recurso del típico pasatiempo infantil en el que un dibujo es dividido en múltiples fragmentos numerados de manera que, asignando un color determinado a cada número, al terminar de colorear los diferentes fragmentos, aparece la ilustración de forma mucho más clara.

Algunos comentarios sobre los dibujos y al final servían para aclarar términos y dimensionar el problema a nivel mundial.

Aunque puede ser loable el objetivo de hacer difusión, sensibilizar e ilustrar, “pinta y colorea” no parece la mejor manera de abordar este problema tan complejo, tan doloroso y tan arraigado en algunas sociedades africanas, y en el que siempre está detrás la vulnerabilidad de las mujeres, en un mundo muy mayoritariamente pensado, gobernado y juzgado desde un punto de vista masculino, también por las propias mujeres, hijas del statu quo.

Las actitudes y prácticas tradicionales perjudiciales que afectan el bienestar de las mujeres y las niñas son frecuentes en todo el mundo y forman parte de la arquitectura patriarcal predominante, justificadas por valores y creencias que las perpetúan. La quema de la novia, el infanticidio femenino, las violaciones, las mutilaciones genitales femeninas, los asesinatos de honor, el matrimonio precoz y/o forzado son algunas de las principales[1].

La ablación o mutilación genital femenina (MGF) consiste en la extirpación total o parcial de los genitales externos sin finalidad terapéutica[2]. Se practica principalmente a niñas y adolescentes de entre 4 y 14 años, aunque en algunos países se lleva a cabo en niñas menores de 1 año[3]. La MGF amenaza a tres millones de niñas cada año y se estima que más de 130 millones de mujeres han sido mutiladas en el mundo, la mayoría en 28 países del continente africano. [mapa][4]

Detrás de esta práctica hay diversos factores involucrados:

  • Sexuales: a fin de controlar o mitigar la sexualidad femenina.
  • Sociológicos: es un ritual de iniciación que marca el paso de la niñez a la edad adulta, otorgando identidad étnica y de género y favoreciendo la cohesión social.
  • De higiene y estéticos: porque se cree que los genitales femeninos son sucios y antiestéticos.
  • De salud: porque se cree que aumenta la fertilidad y hace el parto más seguro.
  • Religiosos: debido a la creencia errónea de que la ablación genital femenina es un precepto religioso, aunque el Corán no nombra la mutilación genital y además el islam prohíbe taxativamente todo tipo de vejación o mutilación infringida al cuerpo humano.

La MGF entraña consecuencias físicas para las mujeres, en ocasiones tan graves, que pueden llevarlas a la muerte o a padecer secuelas permanentes. Las complicaciones que aparecen tras una mutilación genital pueden ocurrir inmediatamente, a medio o a largo plazo tras su realización. Además, conllevan problemas sexuales, sociales y psicológicos[5].

La MGF es una práctica altamente valorada en los lugares en que persiste y no es percibida como maltrato infantil en el ideario de la comunidad. Las madres y las abuelas insisten en la mutilación de sus hijas y nietas para prepararlas para su elegibilidad en matrimonio, la única garantía de estatus social.

En un entorno donde las tradiciones pesan de forma sustancial en la vida de cada individuo y donde la interdependencia es básica para la supervivencia, el no cumplir con la tradición trae consigo la vergüenza y la estigmatización sobre la totalidad de la familia y evita que las niñas se conviertan en miembros reconocidos y plenos de sus comunidades[6].

Otro factor añadido es la creciente medicalización de la MGF: la realización de la MGF por personal sanitario de diferente cualificación, en nombre de la reducción de las complicaciones derivadas de la misma. Esta situación es condenada por la OMS porque legitima la MGF, da la impresión de que es buena para la salud, contribuye a la institucionalización de la práctica y puede verse favorecida por el interés económico de los sanitarios que la realicen[7].

Hacer frente a esta realidad requiere un enfoque holístico como el que promueve el Comité Interafricano sobre Prácticas Tradicionales que Afectan la Salud de Mujeres y

Niños (IAC)[8].  Se trata de un abordaje inclusivo y de base comunitaria en el tratamiento de la MGF, respaldado por la legislación pero con un rostro humano.

A la vista de la tremenda complejidad de este problema, y  por respeto a las víctimas, algunas de las cuales viven entre nosotros, la sensibilización sobre la mutilación genital femenina no debería afrontarse de forma simplista y superficial.

africa_nani


[1] Grupo Interdisciplinar para la Prevención y el Estudio de las Prácticas Tradicionales Perjudiciales. Universitat Autònoma de Barcelona. http://mgf.uab.es/doc/publicacions2010/Manualprofesionales.pdf

[2] Organización Mundial de la Salud. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs241/es/index.html

[3] UNICEF. http://www.unicef.org/spanish/protection/index_genitalmutilation.html

[4] Grupo Interdisciplinar para la Prevención y el Estudio de las Prácticas Tradicionales Perjudiciales. Universitat Autònoma de Barcelona. http://mgf.uab.es/doc/publicacions2010/DesplegableCastIng.pdf

[5] Medicus Mundi Andalucía. http://www.luchamgf.org/libro.pdf

[6] UNICEF. http://www.unicef-irc.org/publications/pdf/fgm-e.pdf

[7] United Nations Population Fund. http://www.unfpa.org/webdav/site/global/shared/documents/publications/2010/who_rhr_10-9_en.pdf

[8] http://www.iac-ciaf.net/

pinta_y_coloreahttp://www.lavanguardia.es/