Y el Papa lloró…

Víctor Codina sj.Como la revista Vida Nueva nos llega a Bolivia con mucho retraso, recién hace un par de días me enteré de que Benedicto XVI, el domingo 18 de abril, en su encuentro en Malta con víctimas de los abusos sexuales del clero, había llorado. No sé si esta noticia  ha sido comentada por los medios de comunicación o si se ha mantenido en silencio. De todos modos, deseo comunicar el impacto que me produjo el llanto del Papa.

Es insólito escuchar que un Papa llore y mucho más cuando se trata de Josef Ratzinger,  el serio y brillante teólogo alemán de Tübingen y Regensburg, el  ex Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la fe, celoso defensor de la ortodoxia, el Papa que comenzó su pontificado queriendo restaurar la Iglesia y luchar contra el relativismo.

Tampoco sabemos si otros Papas habían llorado en público alguna vez. Conocemos que Pedro, después de haber negado a Jesús tres veces en la noche del prendimiento, rompió a llorar (Mc 14, 72). Tal vez los primeros Obispos de Roma lloraron al ir al martirio. Ciertamente los Papas del llamado “siglo de hierro del Pontificado” no deberían  llorar mucho, menos aún los Papas del Renacimiento, algunos de los cuales  eran más guerreros y mecenas que pastores.

Tampoco en los tiempos más modernos tenemos noticia de que hubieran llorado el buen Papa Juan, ni el intelectual y angustiado Pablo VI, ni Juan Pablo I  llamado el Papa de la sonrisa, ni el polaco Juan Pablo II, siempre tan firme y seguro.

¿Por qué lloró Benedicto XVI en Malta? ¿Se trata de una  simple manifestación de la incontinencia emocional, típica de los ancianos? ¿Lloró porque sentía las críticas amargas que su viejo compañero de cátedra de teología Hans Küng  ha expresado al hacer un balance de su pontificado? ¿Lloró de dolor por los que le escriben pidiendo que dimita “ya”? ¿Lloró por experimentar en carne propia que la Iglesia no sólo acoge en su seno a los pecadores, como dice el Concilio Vaticano II (LG 8), sino que ella misma es pecadora, “casta prostituta” en gráfica expresión de los Santos Padres de la Iglesia? ¿Lloró por sentirse fracasado luego de cinco años de un pontificado que se auguraba fecundo pero que ha sido muy doloroso por diversos motivos y que le han convertido en el  “pastor de una Iglesia herida y pecadora”? ¿Lloró el Papa porque percibe que todo el actual “tinglado” de la institución eclesial ya no se sostiene más?

No lo sabemos, ni podemos aventurar hipótesis, ni menos aún proyectar ilusiones y deseos personales. Las lágrimas son siempre un misterio que hay que respetar en silencio. Lo único cierto que sabemos es que este llanto sucedió luego de escuchar a las víctimas de los abusos sexuales del clero. Y las víctimas, sean de la violencia sexual, las  de la violencia social, económica, racial, religiosa o política,  constituyen siempre un lugar teológico privilegiado para captar la realidad y poder leer el evangelio, como suelen afirmar teólogos no sólo del Tercer mundo como Jon Sobrino, sino también los del Primer mundo como JB Metz, quien repite que  no olvidemos la memoria passionis, no podemos olvidar el recuerdo de la pasión de Cristo y de la pasión la humanidad.

El Papa lloró ante víctimas, como Jesús se estremeció ante el pueblo que estaba como ovejas sin pastor (Mc 7, 34), se compadeció de la viuda de Naím que enterraba a su hijo único (Lc 7, 13), se conmovió y turbó ante la muerte de su amigo Lázaro (Jn 11, 33) y lloró ante Jerusalén, al ver lo que le esperaba a la ciudad santa (Lc 19, 41).Las lágrimas de los que sufren, siempre conmueven el corazón de Dios.

Las lágrimas del Papa, si simbolizan que la Iglesia se acerca a las víctimas de nuestro mundo, las escucha, se conmueve y llora ante su sufrimiento, es una buena noticia, es un signo muy evangélico de una Iglesia que quiere cambiar de actitud y volverse más nazarena.

Lucas, que conserva la gran imprecación de Jesús contra los que ahora ríen satisfechos, porque tendrán aflicción y llanto (Lc 6, 25), nos transmite, en cambio,  la bienaventuranza de los que lloran: “Bienaventurados los que lloran porque reirán”(Lc 6, 21).

Quizás en este gran terremoto y tsunami que padecemos en la Iglesia de hoy, las lágrimas de Benedicto XVI son un pequeño signo de esperanza, de que no estamos lejos del Reino de Dios (Mc 12,34) y de que otra Iglesia, más cercana y sensible a las víctimas de nuestro mundo, todavía  es posible.

Cochabamba, 7 de junio de 2010.

Esta entrada fue publicada en Iglesia y etiquetada como . 784 Lecturas |

5 Comentarios para: Y el Papa lloró…

  1. jaume comenta:

    Hay artículos que cuando los lees te hacen un poco mejores, más sensibles y más humanos. El tuyo es uno de esos. gracias.

  2. jose maria comenta:

    me parece muy bueno. real, crítico y constructivo. Gracias

  3. Alma comenta:

    No comprendo las lágrimas del Papa y su posterior decisión de mantener en sus cargos a dos obispos auxiliares de Dublín que en diciembre pasado se vieron obligados a dimitir, contra su voluntad, tras ser criticados en un informe sobre los abusos sexuales a niños en Irlanda ocurridos en los últimos 40 años.
    Con esa actitud no podemos decir que “la Iglesia se acerca a las víctimas de nuestro mundo, las escucha, se conmueve y llora ante su sufrimiento”.
    No olvidemos a Mateo 7:16: “Por sus frutos los reconocerán…”

  4. Alma comenta:

    Ah! Recuerdo, para los que no saben de qué va la cosa, que esos obispos fueron los encargados de encubrir a sacerdotes que cometieron abusos sexuales con menores!!!!!

  5. Santi comenta:

    L’esforç del papa actual per posar ordre a una situació, certament escandalosa cal que sigui reconegut. Els drets humans han de ser respectats també dins l’Església, i ha d’haver-hi mecanismes interns per fer-ne una bona supervisió.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>