Retos sociales ante las elecciones (I)

Retos sociales ante las elecciones (I)

[Este post recoge la presentación del documento que el apostolado social de la Compañía de Jesús en España ha publicado ante las diferentes citas electorales de 2019 con algunas reflexiones y propuestas. Durante los próximos días, publicaremos en este mismo blog las propuestas concretas que abordan cuestiones esenciales como la crisis medioambiental, el compromiso con la solidaridad internacional, la protección de la infancia o la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, entre otras].

Sector Social de la Compañía de JesúsTodas las elecciones son importantes: en ellas reside el núcleo de nuestra democracia y es el momento del ejercicio del poder por parte de la ciudadanía. En 2019 las elecciones recorren todos los niveles de organización política del Estado: locales, autonómicas, estatales y europeas.

Hay motivos de preocupación, y muchos, de cara a estas elecciones, pero también debemos reconocer que nuestras democracias europeas poseen una enorme fortaleza, y que la división de poderes se convierte en un contrapeso imprescindible para asegurar el respeto a los marcos constitucionales. No se trata de ser ingenuos -afrontamos retos importantes-, pero tampoco de dejarnos arrastrar por el pánico. Al día siguiente de las elecciones, lo más probable es que salga el sol y que tengamos que seguir trabajando movidos por la “fe que hace justicia”.

Algunos rasgos de este tiempo que nos pueden ayudar a comprender mejor la profundidad y el alcance de estas elecciones.

El proyecto europeo -así denominamos normalmente al proceso de integración regional en que consiste la Unión Europea- vive sus horas más bajas. La salida del Reino Unido (Brexit) es una mala noticia. El Reino Unido es una democracia muy antigua y una potencia económica. Su abandono de la UE, más allá de las dificultades concretas de su ejecución, es un mensaje muy negativo al expresar desconfianza y preferencia por un proyecto nacional autónomo, y no por un modelo de responsabilidades compartidas. Además del Brexit, la UE vive tensiones hasta ahora desconocidas, con países como Polonia y Hungría, que ponen en cuestión el modelo de democracia liberal, apelando a unos valores nacionales que serían anteriores -y superiores- a los del ciudadano. En Italia asistimos también a graves tensiones con la UE, rompiendo el principio fundamental de solidaridad.

Dos líneas de fuerza del creciente malestar de nuestro tiempo (15M, indignados, chalecos amarillos, Occupy…) son las que se refieren a la desigualdad económica y a la búsqueda de mayor participación política. La desigualdad aparece con muy diversos rostros: entre los jóvenes, por una precarización del empleo; entre los adultos, porque a partir de los cincuenta años resulta casi imposible reintegrarse al mundo laboral; entre los pensionistas, porque viven en la precariedad. En su conjunto, nuestras sociedades son cada vez más duales: mientras una minoría alcanza empleos bien remunerados, una gran mayoría permanece en la precariedad o con ingresos muy limitados.

El desencanto con la democracia formal tiene que ver con la transformación de los partidos políticos en grupos cerrados, profesionalizados y que se van alejando de las necesidades sociales para dedicarse a su mantenimiento y asegurarse cuotas de poder. La democracia necesita de estas instituciones intermedias para su correcto funcionamiento. Su déficit provoca falta de representación y de respuestas adecuadas desde el poder político. La búsqueda de modos de participación directa no debería estar en contra del sistema de representación, sino que pueden ser complementarios, y convertirse en estímulos mutuos para una mejor acción pública.

Por último, estas elecciones van a vivir el reto de la información a gran escala a través de las redes sociales. En procesos semejantes en países cercanos se ha comprobado la influencia de estos medios, su alta capacidad de penetración, la incapacidad para identificar la extensión de noticias intencionalmente falsas y la dificultad para contrarrestar estos mensajes. Existen evidencias de actividad organizada por grupos diferentes en esta actividad de diseminar informaciones falsas. Esta actividad de desinformación está en la base de lo que se denomina populismo: movimientos políticos en expansión, que sustentan sus posiciones en provocar el miedo y el rechazo al sistema político actual y a todo aquello que puede convertirse -mediante la distorsión- en una amenaza a un status quo deseable y añorado. La velocidad y capacidad de propagación de noticias es un reto nuevo para nuestras sociedades, y se está mostrando como una amenaza a un debate ordenado capaz de distinguir la evidencia y los sentimientos.

El año 2019 está lleno de citas electorales. Además de las cuestiones concretas de cada una de las elecciones, deberíamos estar atentos a tendencias más profundas que van marcando nuestra vida política: el desencanto con el proyecto europeo, que sirve de justificación para la falta de solidaridad; la desigualdad económica como una forma de injusticia muy arraigada en nuestras sociedades; el desencanto con la democracia formal, comprensible por la rigidez de la representación de los partidos políticos, pero que al ponerse en cuestión evidencia la fragilidad de otras alternativas; y el reto novedoso de las redes sociales y los flujos masivos de información, que alimentan el prejuicio y la polarización.

Si queremos ejercer el derecho a un voto informado, tendremos que esforzarnos un poco más.

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.