El papa Francisco en los Emiratos Árabes: en la frontera religiosa

El papa Francisco en los Emiratos Árabes: en la frontera religiosa

Jaume FlaquerEl papa Francisco ha decidido nuevamente escoger el destino de su viaje en función de su situación fronteriza (3-5 febrero 2019). Emiratos Árabes lo cumple con creces. Aprovechando el interés de los Emiratos en ofrecer una cara amable para con Occidente para convertirse en un gran polo de atracción financiera y turística, convirtiéndose en un lugar de paso obligado para conectar Europa y Asia, en competencia con Qatar, el papa ha decidido visitarlo para defender a las minorías cristianas en tierra islámica y para trabajar por la paz con los musulmanes.

La eucaristía ante 180.000 fieles en el estadio Zayed Sports Center ha sido una imagen muy elocuente de la voluntad de este país de presentarse como tolerante en materia religiosa. Estuvieron presentes también incluso 4.000 musulmanes. El camino que queda por recorrer para obtener la libertad religiosa en los países islámicos será largo. Solo podemos mencionar a Indonesia en este sentido. Sin embargo, el encuentro en los Emiratos es muy importante si lo comparamos con la realidad de la vecina Arabia Saudí, donde está prohibida por ley la celebración de cualquier ritual religioso que no sea el islámico, no sólo en público sino también en privado. La existencia de una iglesia es pues hoy por hoy inimaginable. Emiratos, en cambio, contiene diversas para atender el 12,6% de la población, que es cristiana, es decir, hasta un millón de personas (muchos de ellos filipinos, indios, árabes cristianos y occidentales en general). En Dubai hay incluso un templo hindú y uno sij.

La visita del papa marcará un nuevo hito en el encuentro con el mundo islámico, comparable en magnitud al encuentro de san Juan Pablo II con jóvenes musulmanes en Casablanca (1985), y que se quiere reeditar a finales del mes de marzo. El encuentro en Emiratos se sitúa en continuidad con aquél de abril de 2017 con el Consejo de Ulemas en El Cairo, pero se ha querido ir más lejos firmando un importante documento con la máxima autoridad religiosa de Egipto y gran referente del mundo islámico: “Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia”. Esta fraternidad universal se funda en la fe en un Dios que “ha creado todos los seres humanos iguales en derechos, en deberes y en dignidad, y les ha llamado a convivir como hermanos”. Los primeros párrafos comienzan todos “En el nombre de”, resonante tanto al principio de cualquier sacramento cristiano (“En el nombre del Padre…”) como de cualquier acto musulmán (“Bism Allah…”). En el contenido resuenan las grandes preocupaciones de Francisco, porque hace un repaso de las grandes marginaciones y pobrezas de nuestro mundo, así como de los refugiados y exiliados que han tenido que huir a causa de las guerras. Los musulmanes se ven reflejados en ellos por los horrores que están viviendo con el terrorismo en nombre de Dios. Se cita una referencia fundamental del Corán diciendo: “Quien mata a una persona es como si hubiera matado a toda la humanidad y quien salva una es como si hubiera salvado a la humanidad entera”. Significativamente, sin embargo, se suprime una excepción a esta prohibición que señala el versículo 32 de la sura quinta y que legitimaría la pena de muerte: “Quien mate a una persona que no ha matado a nadie ni ha sembrado corrupción sobre la Tierra es como si…” (Corán 5,32).

El documento se compromete a asumir la cultura del diálogo, de la tolerancia, de la convivencia y de la paz. Aunque valorando las grandes aportaciones de la modernidad a la humanidad, considera que la crisis del mundo moderno radica en una “conciencia humana anestesiada” y en “un alejamiento de los valores religiosos, además del predominio del individualismo y de las filosofías materialistas que divinizan al ser humano”. La soledad y desesperación hace caer a unos en “la vorágine del extremismo ateo y agnóstico” y a otros en el “fundamentalismo religioso”. El documento se reafirma en la importancia de la familia como “núcleo fundamental de la sociedad y de la humanidad” para engendrar hijos y educarlos. Cabe indicar, sin embargo, que nada se dice de las grandes diferencias entre el modelo de familia tradicional musulmán (que incorpora la poligamia como derecho del varón, y que el dirigente egipcio quiere limitar al máximo) y el cristiano.

El documento se reafirma en la denuncia contra todas las prácticas que atentan contra la vida: el terrorismo, los genocidios, las migraciones forzadas, el tráfico de órganos y también el aborto o la eutanasia. Se pide que “cese la instrumentalización de las religiones para incitar al odio, la violencia y el extremismo”.

Cabe preguntarse si el texto acordado significa un gran avance. Supone más bien un hito sólido, un referente para el futuro. Se consolida la idea de la ilegitimidad de utilizar el nombre de Dios para justificar la violencia y de la necesaria protección de los lugares de culto, de iglesias y de mezquitas. Incorpora también una de las principales reivindicaciones de los cristianos en tierra islámica, que es la noción de ciudadanía para todos y que implica “la igualdad de derechos y de deberes”. Este punto es, sin lugar a dudas, lo más novedoso del texto con respecto a la tradición islámica, ya que la sharia establece un derecho diferente para cada religión. Respecto a la condena del terrorismo y de las ideologías del odio, el islam viene trabajando desde la Declaración de Aman (2004). Destacan la carta “Una Palabra común” (2007) firmada por 138 dirigentes islámicos sobre el amor, y la “Declaración de Marrakech” (2016) sobre la necesaria protección de las minorías cristianas en Oriente. Respecto a la cuestión de la atribución de la ciudadanía a todos los habitantes, independientemente de su religión, es Egipto quien está liderando la reflexión política y la fundamentación religiosa del concepto, desde el documento del Azhar, “Libertad y ciudadanía” (2017) .

El texto es muy bueno, pero si nos fijamos en lo que no dice, en lo que le falta por decir, encontramos algunas limitaciones significativas que nos señalan el camino que aún queda por recorrer. Primero, falta una concreción de la atribución de la plena ciudadanía a los cristianos; segundo, falta la inclusión de la idea de igualdad en el apartado sobre las mujeres, que habla de la explotación sexual y de los derechos a la educación, al trabajo y al “ejercicio de los derechos políticos”, y tercero, cuando habla de cómo Oriente puede ayudar a Occidente en “algunas enfermedades espirituales debido al materialismo”, la ayuda que el Occidente puede ofrecer al Oriente queda limitada a “salvarse de la división, el conflicto y el declive científico y técnico”.

A pesar de estas limitaciones, el documento tiene vocación de ser un referente en las relaciones islamo-cristianas y se anima a que se estudie en los colegios como trabajo para la reconciliación.

Imagen extraída de: El País

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