Pensar la eternidad hoy

Pensar la eternidad hoy

David CuestaEn el Monte de los Olivos, Jesús anunció el momento y la señal de su venida y del fin del mundo. Jesús dijo: «Mirad la higuera y aprended la lección: cuando sus ramas se vuelven tiernas y empiezan a brotar las hojas, sabéis que el verano está cerca; igualmente, cuando veáis todo esto, sabed que él está cerca, que ya está a las puertas» (Mc 13, 28-31). Detrás de las palabras de Cristo hay una reflexión sobre la concepción del tiempo que la escatología cristiana ha pensado a lo largo de la tradición teológica. Pensar la eternidad hoy es el tema de esta segunda charla enmarcada en el curso «Atrapados por el tiempo», y lo hacemos de la mano de Nurya Martínez-Gayol, profesora de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

Martínez-Gayol nos presenta una conferencia acotadada en tres puntos que giran en torno a la eternidad bíblica: en primer lugar, la cuestión del tiempo en el mundo bíblico y la concepción que la tradición cristiana tiene sobre el tiempo; en segundo lugar, una reflexión sobre nuestro tiempo postmoderno y las consecuencias que nos está trayendo, y en último lugar, una nueva mirada hacia la eternidad a día de hoy.

La visión que los griegos tenían del tiempo circular difería de la del texto bíblico en tanto que se constituye como una fe en la creación de Dios, por lo tanto, un punto inicial y una promesa en la esperanza de la salvaguarda en la vida eterna. Dios, en un acto de amor creador, crea el mundo, y es Cristo quien, en el centro del tiempo, lo reinterpreta y transmite la promesa del tiempo eterno como acto de amor consumador. Es Cristo quien inserta lo eterno, y la tradición cristiana espera su segunda venida entendiendo que el amor, que caracteriza la vida, no tiene final.

Nuestro tiempo postmoderno, dice Martínez-Gayol, se ve afligido por un agotamiento de las certezas que antes apuntalaban la vida del hombre moderno, creando un tiempo y una cultura fragmentarios. Incluso la ciencia reconoce que estamos en un tiempo de incertidumbre y angustia. Exaltamos el presente sin tener en cuenta el futuro, a la vez que priorizamos el disfrute de los placeres pequeños y banales por nuestra incapacidad de desear algo más grande. Es un tiempo caracterizado por la ausencia de la memoria y por hacer del momento presente un eterno fatigante.

Ante esto, debemos aportar una nueva visión a la vida eterna para concebirla lejos del decretismo, es decir, dejar de creer que es Dios quien decide en cada momento nuestro presente. El hombre es creado por Dios en un tiempo finito y su muerte se abstrae del tiempo y del espacio para vivir en el amor infinito del creador. «No hay otra vida más que ésta y ésta es eterna», dice Martínez-Gayol. La muerte no se nos presenta como una frustración sino como una configuración de nuestra vida que a la vez configura nuestra eternidad.

La muerte, el cielo, la vida eterna y el infierno son aspectos relegados de nuestra cultura postmoderna. La historia del arte occidental ha plasmado en numerosas ocasiones el momento de la segunda venida y ha reflexionado la concepción de espacio y de tiempo. Es inevitable pensar en la escena del Juicio Final de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina, con un Cristo que alza la mano en señal del fin del tiempo para llegar a la gloria de la eternidad y la salvación. El momento en que aspiramos a abstraernos de la linealidad en que fue insertado el mundo en el momento de la creación.

Imagen extraída de: Wikipedia

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