Juicio y presupuestos. Esperaré y oraré (como John Coltrane)

Juicio y presupuestos. Esperaré y oraré (como John Coltrane)

Xavier CasanovasSupongo que no soy el único que opina que el encarcelamiento y el juicio a los líderes independentistas es traumático y doloroso, y significa el fracaso de una democracia que no ha sido capaz de resolver sus problemas políticos y sociales por la vía del pacto y el diálogo. Y al mismo tiempo que no tener unos nuevos presupuestos, después de años de recortes y prórrogas, no es una buena noticia para nadie, y no lo es sobre todo para el conjunto de las personas más vulnerables que podrían verse beneficiadas de un cambio de políticas tras ocho años del mismo color.

Sí, creo firmemente que ambas cosas son así al mismo tiempo, y quisiera que fueran completamente diferentes, y me confieso humildemente incapaz de encontrar a quien ni a qué echar la culpa. Como una terrible paradoja. Como una de esas afirmaciones lógicas que como demostró Gödel no podemos decir ni que sean verdad, ni mentira. Y esto me incomoda y me produce un grave desconsuelo. Tengo la impresión de que el juego político mediatizado por esta sociedad de la transparencia y el ruido constante no da demasiado más de sí. La confluencia de intereses políticos y convicciones ideológicas puede llegar a permitir que la humillación, la prisión provisional injustificada -de líderes políticos y de tanta otra gente-, el desprecio del otro, el abandono del último -el que espera ser salvado por el barco de Opern Arms-, y del penúltimo -el que mañana será desahuciado-, llegue a cotas nunca esperadas y no le caiga la cara de vergüenza a nadie. Asimismo una historia que nos persigue como un eterno retorno cada cierto tiempo nos recuerda todo lo que aún no habíamos resuelto, y lo hace de la manera más bestia y descarnada, no dejándonos vivir en el confort o la inocencia feliz por demasiado tiempo. Todo ello da lugar a una frustración creciente y una pérdida de confianza en la contradictoria condición humana.

Todo esto son opiniones de alguien particular, que vive en medio del huracán en el que nos ha situado nuestra historia y que no sabe demasiado qué papel le toca jugar. La vida está hecha, en su mayoría, de todo lo que nos pasa y que no controlamos. Y cuando lo que nos pasa es tan grande como el momento político que nos ha tocado vivir, la sensación de descontrol se hace aún mayor. Existe la tentación, en momentos como estos, de buscar el repliegue y el cierre en uno mismo, en las propias seguridades y certezas. No cuestionarse demasiado e ir tirando. También la opción, en el otro extremo, de echarlo todo por la borda y lanzarse a una carrera desaforada no se sabe bien a donde. No creo que sean las mejores salidas, aunque en momentos así serían claramente legítimas. Yo, sin embargo, escogeré algo diferente: esperaré y oraré.

Sí, al igual que John Coltrane cinco años antes de componer su obra magna “A Love Supreme” escribió este precioso “I’ll wait and pray”. Consciente de que toda palabra será dicha de más o de menos según quien la escuche, que la primera reacción a buen seguro no será la más acertada, buscaré la palabra justa, esperaré a que llegue ese momento, trabajaré el silencio fecundo. Mientras haré mío tanto dolor ajeno, tanta pobreza y tanto sufrimiento. Contemplaré y rezaré por las consecuencias del mal que somos capaces de hacer, en nombre de un bien que creemos superior, pudiendo llegar a justificar tanta dejadez. Esperaré y oraré. Pero no una espera vacía, sino llena de sentido, porque tal como publicábamos hace poco a CJ en el Cuaderno 208: “Un grito que no brota de un ‘silencio’ auténtico (de una riqueza interior) podrá ser ‘político’ pero no será profético. Un silencio que no desemboque en grito y en denuncia profética, será un silencio vacío”.

Entre el silencio y el grito que llega, consciente de que el ser humano es capaz de cosas sublimes, supremas, que superan de largo su pequeñez, esperaré y oraré.

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