¿Qué es el amor? (1): Economías patrióticas entre Uruguay y Chile

¿Qué es el amor? (1): Economías patrióticas entre Uruguay y Chile

Nicolás Iglesias MillsTeniendo en cuenta de que el amor es una palabra que nos queda chica, que apenas llega a entender un fenómeno que no podemos explicar, y que naturalizamos constantemente, podemos decir que en parte, el amor se encuentra en una representación social que erigimos para dar nombre a lo incomprensible.

Por una cosa o por otra, hace rato venimos hablando del amor con mis estudiantes. A la pregunta “¿Qué es el amor?”, la confusión siempre es la misma: ¿Es un sentimiento? ¿Es una  emoción? ¿Qué es? Nadie sabe. A lo que yo respondo: honestamente, yo tampoco tengo idea. Creo que en definitiva nos hemos inventado una  palabra que no podemos ni si quiera encerrar en su misma palabra. Pero qué lindo igual es debatirlo y soñarlo. Intentemos hacer un acercamiento.

Tan incomprensible es la cruz, tan incomprensible es la gratuidad.

De aquí tres formas de comprender el amor. En este artículo exploraremos el amor desde las economías patrióticas entre Uruguay y Chile; el segundo artículo será el amor de consumo en la pareja y la familia; y el tercero explorará, por último, las resistencias al amor económico.

Primero debemos aclarar que como el amor es primero una palabra, no queda exento de un análisis político del discurso, donde podemos comprender las posturas políticas que surgen del lenguaje como tal, y algunas relaciones de poder que vienen con ella. El amor a la patria es el tema que abordaremos aquí, y cómo patria y amor son comúnmente relacionados.

Teniendo en cuenta de que Uruguay y Chile son países más o menos neoliberales, ¿cómo hacer del amor un encuentro[1] no económico, es decir, que no exija al otro ser de alguna manera para aceptarlo, como en un quiosco donde intercambiamos amor?

Cuando en Chile (tierra que me recibe amablemente) celebran sus fiestas patrias[2] todo se llena de banderas, y si uno no pone una  en su casa, puede haber una multa. Muchos dicen que estas fechas son la instancia perfecta para celebrar el amor a la patria. Pera en esta situación es difícil definir si esto es amor, obligación, pasión o economía. Le daremos una chance a la duda. Les pido a mis hermanos chilenos no sentir ninguna ofensa, ni incitación al no festejo de esta fiesta por parte del siguiente análisis.

Primero, no sabemos exactamente a qué nos referimos con patria: ¿Es meramente un pedazo de tierra definido por una línea inventada hace años por extranjeros? Si fuera así, entonces su supuesto amor a la patria se transformaría en una receta, en una única forma y espacio de patria, un amor que debes consumir si no quieres quedar fuera. No llamaremos a esto amor, sino consumo. ¿Es la patria un sentimiento? Si fuera así, sería efímero, ya que los sentimientos son duraderos, pero no tanto como para encarnar el encuentro del amor, algo más permanente.

¿Cuánto pasamos por alto el 11 de septiembre en Chile, esperando el 18? La identidad nacional necesita que nos vinculemos en un falso amor a la patria para que olvidemos de otros elementos históricos. La efervescencia del amor a la patria el 18 de setiembre hace que nos olvidemos un poco del 11 de setiembre, día del golpe de Estado en Chile. Los nacionalismos muchas veces se encuentran en la totalización del amor en las minorías, puesto que esta es necesaria por parte de las mayorías para seguir existiendo.

El amor es entonces un condimento necesario para la receta de la gobernabilidad, porque, en efecto, es en el amor de los vínculos donde aprobamos o no ser parte de lo que propone el gobierno. No se trata sólo de aprobar o no políticas públicas, sino de cómo nuestro afecto interno se transforma en un afecto neoliberal, donde exigimos del otro que se justifique constantemente y no aceptamos su paso por esta vida como un elemento gratuito. Exigimos que sea como nosotros queremos que sea. Este amor es un amor político económico, porque lo sumergimos en una lógica de consumo.

Hace unos años que en Uruguay se viene discutiendo el voto consular, es decir, la posibilidad de que los nacidos en Uruguay que viven fuera del país puedan votar en su país de residencia.

La patria otra vez es encerrada dentro de unas fronteras imaginarias, concebidas socialmente por el ser humano. Como amor puede ser una palabra inacabada, lo es también patria, puesto que no es nada específico, y  al mismo tiempo es todo. El encuentro verdadero (Vidal, 2009), que puede traducirse en amor real, se anula con la inhabilitación del derecho al voto a aquel que está fuera. Desconozco inmediatamente al otro como enteramente otro cuando este se va del país. El amor aquí se transforma de nuevo en un elemento económico, como dijimos anteriormente, porque le exige al otro que cumpla determinadas características (estar dentro del país físicamente) para ejercer un derecho. La patria se transforma en un quiosco de intercambio del amor.

Pakman (2010) dice que para garantizar una gobernabilidad y la continuidad de las divisiones del poder, el que se encuentra en este lugar “debe enraizarse en la verdad y requiere un fundamento imaginario para ser efectivo, ya que es imposible gobernar sólo con la mentira y la opresión, sin tener en cuenta la intimidad personal. Este tipo de poder estaría simplificado en la familia, donde es idealmente efectivo un modelo de persuasión por el amor, sin la obligación de las leyes”.

Este autor representa claramente el enraizamiento del amor como consumo en la sociedad, donde esta se manifiesta para exigir al que esté fuera que vuelva, porque si no, no es digno de ser uruguayo. Es un amor capitalista.

La represión más grande de un gobierno a un pueblo no se encuentra en sus leyes, sino en el poder de transformar el amor en una exigencia capitalista.

Despertemos.

***

[1] Si no sabe exactamente a lo que nos referimos con “encuentro”, le recomiendo ir primero a mi otro artículo: “Los rostros del pobre”, en este mismo sitio.

[2] Toda la semana del 18 de septiembre.

Imagen extraída de: Pixabay

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