Defender la atención primaria es defender el derecho a la salud

Defender la atención primaria es defender el derecho a la salud

Nani Vall-llosseraEstas últimas semanas la atención primaria se ha hecho un hueco en los medios de comunicación porque sus profesionales, médicas, trabajadoras sociales, administrativas y enfermeras, han dicho basta, porque después de años desmantelándola a base de recortes, con la vocación y la ilusión por el trabajo a veces maltrecha, han decidido hacer huelga en distintos puntos de la geografía española. Dejar a nuestros pacientes, para defenderlos, para poder atenderlos y cuidarlos mejor en el futuro. Dejar las consultas y salir a la calle y a los medios para explicar que la atención primaria se muere, que la están matando de inanición presupuestaria, maltrato y precariedad profesional y menosprecio. Y si muere la atención primaria, cae todo el sistema sanitario público como lo entendemos y el derecho a la protección de la salud de todas y todos.

Tenemos que explicar la atención primaria porque no es fácil hacer entender su papel esencial dentro de un sistema sanitario si quiere ser beneficioso para la salud individual y colectiva, universal, equitativo, eficiente y sostenible. Nos cuesta explicarla por diferentes factores. En primer lugar, los CAP (centros de atención primaria) no tienen la carga simbólica de los hospitales. En los hospitales está la tecnología, la ciencia que más se publica en las revistas y los médicos que salen en los rankings y en los medios de comunicación. Nos es difícil transmitir que sin una atención primaria fuerte los pacientes sufren y todo el sistema sanitario se resiente. Para que el hospital puede hacer bien su trabajo, que es muy importante, para que pueda desplegar todo su inmenso potencial, al hospital le han de llegar únicamente los pacientes que verdaderamente necesiten su tecnología y su modo de hacer, y sólo durante el tiempo que sea necesario. Si no es así, si llegan pacientes que podrían ser tratados en la atención primaria, el hospital se colapsa, atiende demasiado tarde y hace daño.

Sí, hace daño, porque la medicina, tanto en la atención primaria como en el hospital, puede ser muy beneficiosa pero va ligada de manera inseparable a daños. Cuando se aplica correctamente, casi siempre el efecto beneficioso supera al daño. Pero cuando se realizan pruebas innecesarias, cuando se aplican tecnologías y medicamentos no imprescindibles, muy fácilmente los daños superan los beneficios. El problema es que las personas somos mucho más conscientes de los problemas derivados de un déficit de medicina que de su exceso.

Nos cuesta explicar la atención primaria porque los grupos de poder, políticos, médicos, funcionarios y periodistas, no la conocen y, así, es difícil que la defiendan. Nos cuesta hacer entender la atención primaria porque nuestras instituciones no han hecho pedagogía entre la población y tampoco los medios de comunicación nos han ayudado. La atención primaria no es noticia. Que el aumento de un médico de familia por cada diez mil habitantes se asocie a un descenso de más de un 5 por ciento de la mortalidad debería ser noticia. Los nombres de las médicas y enfermeras de cabecera no son mediáticos pero muchos de sus pacientes os hablarían de la importancia que tienen en su vida.

Pero la atención primaria está amenazada más allá de que nos cueste explicarla. La atención primaria tiende a ser prudente y poco medicalizadora. El respeto a la autonomía de las personas y la correcta información sobre riesgos y beneficios se oponen a la actitud más invasiva de la medicina del hospital. Desde el imperio de la técnica, donde todo lo que se puede hacer ha de hacerse, la actitud de la atención primaria es enjuiciada como poco avanzada o poco científica.

La atención primaria tiene más presente la Ley de Cuidados Inversos por la que sabemos que reciben más atención las personas que menos la necesitan y menos quienes más la necesitan. La atención primaria es fuente de equidad. En un mundo donde el mercado lo domina todo, intentar que un exceso de medicina no haga daño y contrarrestar les deficiencias en la atención de quienes más la necesitan, penaliza. La atención primaria no encaja en el sistema económico que nos rige. No somos un buen mercado. La anamnesis, la exploración física, la escucha y la palabra en la consulta no son negocio. Dejar de hacer lo innecesario para evitar los daños de la medicina es contrario al mercado. La atención primaria es contracultural en una sociedad en la que se fomenta el miedo, la desconfianza y la falacia de las certezas absolutas y la inmortalidad. La atención primaria es especialista precisamente en eso: en la gestión de la incertidumbre.

La defensa de la atención primaria no es un ejercicio de corporativismo. El conocimiento científico ha evidenciado que los sistemas sanitarios públicos con una atención primaria fuerte son mejores para la salud de las personas y de la sociedad. También nos dice la ciencia que la accesibilidad, longitudinalidad, integralidad y coordinación, que son propias de la atención primaria, son buenas para la salud de las personas. Igualmente se ha demostrado que cuanto más frágil es la persona más se beneficia de estas características de la atención primaria y de pasar por el menor número posible de manos. La capacidad de la atención primaria para generar salud se basa en la continuidad y en la atención integral de la persona.

El profesional que atiende a una persona a lo largo de la vida maneja una información muy importante sobre su modo de enfermar y sobre los factores que condicionan el problema de salud, que tienen que ver con cómo vive y dónde vive esa persona, si trabaja y en qué condiciones, qué relaciones tiene y cómo son, etc. Sin esto, faltan datos sobre la causa de los problemas de la salud de la gente y sobre las posibilidades reales de que algunos tratamientos sean efectivos o simplemente factibles. Esta información, no registrada en la historia clínica, se va generando en encuentros repetidos en base a una relación de confianza que se va construyendo a lo largo del tiempo (longitudinalidad).

Para tener una atención primaria fuerte hace falta voluntad política y dotación presupuestaria, respeto y consideración institucional hacia sus profesionales. Es preciso recuperar la motivación y la autoestima profesional y unas condiciones laborales adecuadas para poder desarrollar el trabajo, acabando con la precariedad. Se necesita pedagogía dentro del sistema sanitario, entre nuestros compañeros de otros niveles asistenciales y muy especialmente entre la población. Y sobre todo hace falta tomar decisiones que a menudo no serán fáciles y que encontrarán resistencias: externas, de lobbys importantes y muy poderosos, y también internas.

Mientras todo eso ocurre pese a las amenazas y dificultades, la atención primaria, sus profesionales, continuarán al lado de las personas en sus procesos de enfermar, vivir y morir, en ocasiones curando, a menudo aliviando y siempre acompañando. Poder hacerlo más y mejor es el objetivo de las huelgas. ¡Nos va la salud en ello!

*Adaptación de la intervención en la presentación del Diari de la Sanitat en abril de 2016.

Imagen extraída de: Pixabay

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