Fum, fum, fum

Fum, fum, fum

Víctor CodinaHacía muchos años que no pasaba la Navidad en Cataluña. Andando por la noche por la Gran Vía de Barcelona me encuentro con unos grandes rótulos luminosos en los que se lee: Nyam, Nyam, Nyam; Muac, Muac, Muac; Fum, Fum, Fum; Xin, Xin, Xin; Glup, Glup, Glup y Ding, Dong, Dang.

Mi primera reacción ha sido de una cierta indignación y al mismo tiempo confirmación de lo que todos sabemos: que la Navidad ha sido manipulada, pervertida, corrompida por el consumo, el marketing, los intereses económicos; que la secularización crece cada día; que vivimos en un mundo desacralizado, desencantado, eclipse y exilio de Dios, en una Cataluña post-cristiana, etc.

Después, ya un poco serenado, me doy cuenta de que detrás del Fum, Fum, Fum se esconde un villancico catalán de nuestra infancia:

El vint-i-cinc de desembre,

fum, fum, fum,

ha nascut un minyonet, ros i blanquet,

fill de la Verge Maria,

és nat en una establia,

fum, fum, fum.[1]

La Navidad cristiana se encuentra hoy medio escondida entre palabras y ritmos extraños, infantiles, absurdos y el Fum, Fum, Fum en medio. Más allá de las intenciones de los programadores de las luminarias de la ciudad, creo que la primera Navidad se actualiza nuevamente hoy en nuestro país. También la primera Navidad de Jesús en Belén fue desconocida por Roma, Atenas y Jerusalén. Sólo se reveló el misterio de Navidad a unos pobres pastores, marginados y considerados como antisociales.

Jesús hoy también viene a nuestro mundo en silencio y pobreza, en medio del griterío, locura y las orgías de nuestro mundo. Necesitamos revivir el secreto mesiánico de los evangelios, concretamente el de Marcos, cuando Jesús se esconde y no quiere que nadie le llame Mesías para no confundir las espectaculares expectativas judías con el proyecto amoroso de un Dios que se empequeñeció y tomó la condición de esclavo (Filipenses 2,7). Quizás es bueno que después de siglos de una ambigua inflación de cristiandad, Jesús se esconda para que nadie se confunda. Hoy Jesús nace en un establo ciudadano, escondido entre el cava, Papá Noel, los turrones, regalos, abetos y estrellas, envuelto en el Fum, Fum, Fum de una calle. Muchos no se dan cuenta, quizá únicamente los herederos de aquellos pastores de Belén se enteran.

Y sin embargo, pese a ello, todo lo más humano y positivo que en Navidad florece, encuentros y reconciliaciones familiares, intercambio de buenos deseos, recaudo de alimentos, juguetes para los niños huérfanos, visitas a los enfermos de los hospitales, el tímido deseo de construir un mundo mejor sin guerras ni violencia, el recuerdo nostálgico de la bondad y de la inocencia de la infancia, sonrisas, abrazos y una cierta esperanza…, no brota ni del FMI, ni de la CIA, ni de la OTAN, ni de la ONU, ni de las reuniones del G20, ni de los grandes y poderosos de este mundo, sino de aquel niñito, rubio y blanquito, hijo de la Virgen María, que ha nacido en un pobre establo.

El Fum, Fum, Fum de la Navidad tiene una misteriosa luz que no se apaga nunca y luce más que todos los Muac-Muac, Nyam-Nyam, Glup-Glup, Xin-Xin y Ding-Dong-Dang de nuestro mundo.

***

[1] El veinticinco de diciembre, / humo, humo, humo, / ha nacido un niñito, rubio y blanquito, / hijo de la Virgen María, / ha nacido en un establo, / humo, humo, humo.

Imagen extraída de: Gpcrear

Para continuar haciendo posible nuestra labor de reflexión, necesitamos tu apoyo.