Trabajar para vivir dignamente

Trabajar para vivir dignamente

Xavier DomènechDel 16 de octubre al 20 de noviembre ha tenido lugar en Cristianisme i Justícia el curso ¿Trabajar para vivir o vivir para trabajar? Una propuesta desde el Evangelio, con una docena de asistentes procedentes mayoritariamente de diferentes realidades de Pastoral Obrera. La propuesta formativa se ha estructurado en 6 sesiones que se distribuyeron, de dos en dos, siguiendo el esquema del Ver, Juzgar y Actuar. En un mundo globalizado y cada vez más tecnificado (robotizado), el objetivo del curso era dar una mirada al mundo del trabajo, en el que el paro y la precariedad laboral se convierten en caras de la misma moneda, desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) para movilizarnos en favor del trabajo digno y decente.

En la primera sesión, Rafael Allepuz nos invitó a ser críticos con los datos que recibimos, desgranando la evolución de diferentes indicadores del mundo del trabajo: tasa de empleo, tasa de paro, temporalidad, diferencias y brechas salariales, sobrecualificación… Constatamos que si bien algunos indicadores han mejorado recientemente, no lo hacen todavía a los niveles precrisis y siguen bastante alejados de las medias europeas. España es el segundo país de la UE con temporalidad más alta, ya que forma parte de la cultura empresarial del país cubrir puestos estables con trabajadores inestables, más sumisos y menos sindicados. Es revelador que la proporción de los salarios sobre la Renta Nacional Bruta en 2017 sigue 4,5 puntos porcentuales por debajo de la que había en 2007, por lo que se hace bien patente que la recuperación económica está favoreciendo los beneficios por encima de los salarios.

En la segunda sesión, Julia López insistió en que la normativa laboral, a la vez que regula el tiempo de trabajo está regulando el tiempo de no trabajo (de descanso, de ocio, de formación…). Dado que legalmente la distribución de la jornada es flexible para la empresa, los tiempos de trabajo se plantean como si fuéramos personas aisladas y no sociales. Contrariamente a lo que pensamos, las vacaciones (verdadero tiempo de vida) no son un tiempo remunerado por la empresa sino que hay unos días en los que se prohíbe trabajar y el empresario reparte el tiempo que paga al trabajador entre las jornadas laborables. Se puso de manifiesto que las relaciones de empleo se están deslaboralizando, de forma que la regulación del tiempo de trabajo se difumina, y que la brecha salarial entre mujeres y hombres hace que cuando una pareja tiene que decidir quién se toma un permiso y quien trabaja es la mujer, esté en desventaja para continuar trabajando.

En la tercera sesión Dolors Oller nos situó en los criterios de la DSI, nacida el siglo XIX con la encíclica Rerum Novarum (1891), aunque el pensamiento social de la Iglesia ya venía de las primeras comunidades cristianas y los Padres de la Iglesia, y entronca con la tradición profética del judaísmo. La DSI es algo dinámico porque el capital se va transformando, y no es como un sombrero que el cristiano se pone y se quita, sino que no puede haber fe sin justicia, ni justicia sin fe. Asimismo, la DSI defiende que las acciones sociales deben estar impregnadas de amor, que no puede haber bien individual sin el bien común, y que no se puede separar la espiritualidad de la resolución de los problemas.

En la cuarta sesión Josep Sols, después de hacer un recorrido histórico sobre el rol del trabajo desde la antigüedad hasta nuestros días, se centró en el concepto del trabajo dentro de la DSI. La DSI pone de manifiesto que las condiciones laborales infrahumanas son fruto de la avaricia de la patronal y de la indefensión de los trabajadores. No se puede tratar a los trabajadores como si fueran cosas, ya que el trabajo, y su dimensión subjetiva (la persona), tiene primacía sobre el capital, porque el trabajador pone su vida y el capitalista sólo recursos materiales. La tesis de que es necesario que el trabajador participe en la propiedad de la empresa suscitó cierto debate, y pienso que es un tema en el que habrá que seguir reflexionando a fondo.

En la quinta sesión Ramir Pàmpols nos dijo que el principio básico para resolver el problema del trabajo debe ser la solidaridad y que el trabajo debe ser una dimensión más de la persona, no la que nos totaliza, ni la primera, ni la principal. En un mundo en el que el ser humano se ha convertido en un producto más, elegible y por tanto descartable, el gran desafío es lograr una globalización positiva de la condición humana, de manera que se han de garantizar los derechos sociales de todos, trabajen o no trabajen. Así pues, más allá de la antigua centralidad del trabajo, habrá que exigir la centralidad de la vida, de la humanidad y de la ciudadanía.

La sexta y última sesión consistió en una mesa redonda, abierta al público en general, sobre Reducir la jornada para compartir la riqueza. Óscar Murciano, secretario de acción sindical de CGT, nos dijo que es muy difícil introducir propuestas de reducción de jornada en los convenios laborales, ya que nos encontramos a las puertas de un salto tecnológico que reducirá drásticamente la mano de obra, que un 62% de trabajadores a jornada parcial, muy precarizados, querrían trabajar más horas, y que actualmente las fuerzas de los sindicatos son escasas y centradas en revertir la pérdida de derechos de la última década. Albert Recio, profesor de economía, comentó que se ha perdido la homogeneidad de la clase obrera que había hasta los años 60 del siglo XX, de forma que ahora hay los que trabajan pocas horas, los que trabajan la jornada laboral y los que creen que en lugar de trabajar están en el trabajo para hacer carrera; esta fragmentación en experiencias de la ya no clase sino masa obrera es la que impide que la lucha por la jornada laboral, que es una lucha por un cambio de vida, no sea de momento suficientemente exitosa.

En resumen, los conceptos que me parecen clave a partir de las diferentes aportaciones son que necesitamos ser críticos con las informaciones que recibimos, que ante los cambios sociales debemos reivindicar el tiempo de vida y la centralidad de la vida, y que la solidaridad y la espiritualidad no se pueden separar de la resolución de los problemas. Por todo lo dicho, ha sido un curso muy enriquecedor e inspirador en la línea de lo que se pretendía: ponernos en acción, desde la realidad, por el trabajo digno y decente para todos.

Imagen extraída de: Pixabay

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