Entre el miedo y la esperanza, a propósito del auge del totalitarismo (2): acerca de la nueva esclavitud

Entre el miedo y la esperanza, a propósito del auge del totalitarismo (2): acerca de la nueva esclavitud

Francisco José PérezLa anterior entrada concluía haciendo referencia a las condiciones subjetivas que posibilitan los nuevos totalitarismos y que nos plantean la existencia de una pérdida de libertad que no es sentida como tal y que parece haber convertido el mundo en una prisión de siervos felices. Situación que evoca las reflexiones de E. Fromm en obras como El Miedo a la Libertad o Psicoanálisis de la sociedad contemporánea.

En ellas señala que “al lado del problema de las condiciones económicas y sociales que han originado el fascismo se halla el problema humano, que precisa ser entendido, o denunciaba como millones de personas… estaban tan ansiosas de entregar su libertad como sus padres lo estuvieron de combatir por ella; que en lugar de desear la libertad buscaban caminos para rehuirla; que otros millones de individuos permanecían indiferentes y no creían que valiera la pena luchar o morir en su defensa (…) el hombre no se siente a sí mismo como portador activo de sus propias capacidades y riquezas, sino como una “cosa” empobrecida que depende de poderes exteriores a él y en los que ha proyectado su sustancia vital (…). La enajenación, tal como la encontramos en una sociedad moderna, es casi total: impregna las relaciones del hombre con su trabajo, con las cosas que consume, con el estado, con sus semejantes y consigo mismo (…). Pero toda esa creación suya está por encima de él. No se siente a sí mismo como creador y centro, sino como servidor de un golem -voz hebrea que significa autómata, cosa sin alma- que sus manos han construido”.

A esas reflexiones cabe añadir nuevas situaciones actuales que agravan esa situación –a pesar de los muchos avances materiales-. Entre ellas, destacar:

  • La virtualidad, que nos hace sentir que no necesitamos ya el mundo real. En los análisis de mediados y finales del siglo XX esa virtualidad se reducía a la televisión y el cine, muy alejada de la omnipresencia de las redes sociales que tanto impacto están teniendo en el triunfo de los nuevos líderes totalitarios y en las nuevas formas de manipulación. Se crea una realidad virtual y ya no podemos rebelarnos eficazmente contra ella, porque no es real. Además, esos medios nos privan de la posibilidad de tener experiencias inmediatas del mundo, nos roban la capacidad de tomar de decisiones o posturas ante la realidad…
  • La tecnología, de la que el ser humano se ha convertido en siervo sumiso, y que ha dado lugar a la aparición de un totalitarismo tecnológico, de carácter universal que está contribuyendo a que nos volvamos inmunes al horror. Las consecuencias de la bomba atómica y la persistencia del peligro nuclear le llevaron a tomar conciencia de la técnica como mecanismo de control social, con mucha mayor potencia y efectividad que los mecanismos ideológicos que forjaron el nazismo y el comunismo.
  • El empeoramiento general de las relaciones laborales, al tiempo que se generaliza la sociedad de consumo.
  • Auge de la exclusión social. Uno de los grandes males de esta sociedad en la que surge el nuevo totalitarismo es que exige sacrificar a millones de seres humanos en aras del progreso y su nueva religión: el consumo hedonista; además convierte a estos pobres en superfluos e innecesarios, de ahí su denominación como “excluidos”.

Factores que están en la base de una nueva esclavitud, dando lugar a la consolidación de una peligrosa novedad política: el hecho de que bajo la apariencia de un sistema democrático estemos viviendo en sociedades gobernadas con esquemas totalitarios. A ello contribuye el secuestro de la democracia por fuerzas económicas poderosas –organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Central Europeo, agencias de calificación de crédito, bancos e instituciones financieras, grandes empresas…− no sujetas a ninguna deliberación democrática, y que efectúan políticas totalmente favorables a sus intereses, cuando no consienten otro tipo de prácticas como corrupción, tráfico de influencias, abuso de poder…

Atrevernos a reflexionar acerca de esta nueva esclavitud es una prioridad, ya que da lugar a ese hecho escandaloso por el que múltiples libertades deciden obedecer y servir a un tirano. Análisis, por tanto, no solo de una cuestión personal, sino sobre todo política. Reflexión que deberá prestar atención a los medios y recursos de que se sirve este totalitarismo para doblegarnos; pero que necesita ir más lejos para comprender cómo el pueblo se convierte en artífice de su propia degradación; cómo importantes mayorías apoyan este nuevo totalitarismo, y no sólo desde un simple consenso resignado, sino a través de actitudes activas e incluso fanáticas.

Solemos argumentar que en la base de ese fenómeno se encuentran la apatía y la indiferencia causada por la decepción con las élites que nos gobiernan y explotan; el desencanto frente a la corrupción, a los políticos que se sirven de las instituciones públicas y las convierten en instrumentos de sus intereses particulares; la connivencia de los representantes políticos con los poderes económicos financieros… Pero tendremos que considerar hasta qué punto nosotros mismos nos convertimos en objeto de nuestra desesperanzada decepción, dada nuestra capacidad para comportarnos como seres sin humanidad.

Este totalitarismo del siglo XXI no es reducible ni al autoritarismo, ni a la dictadura. Es una forma de dominar “inteligente”, mediante una combinación de seducción y miedo. Seduce, por una parte, incitando desde dentro, con una imagen atrayente, sirviéndose del consumo como vía de acceso a la felicidad…, por otra, mediante la fascinación que ejerce el poder globalizado, ante el que aparentemente nada se puede hacer, y que suele ir acompañado de un miedo paralizante, miedo a quedar excluidos de un mundo que no sólo no podemos controlar, sino que además con su complejidad y opacidad nos empuja a permanecer pasivos. Simultáneamente, amedranta con amenazas de catástrofes. Así, cuando ese dominio logra convertirse en el centro de la vida personal y social, lleva a sacrificar aspectos importantes y humanizantes de la vida.

A diferencia de la vieja esclavitud, en la que se le quitaba la libertad al esclavo para obligarle a producir para otros; la nueva esclavitud desplaza su eje de la producción al consumo, a la necesidad artificialmente sostenida de consumir. No se le priva violentamente de esta libertad, sino que se coloniza mediante la fuerza de la seducción de apetitos y deseos, para que se mueva hacia donde interesa al mercado. Por ello tiene apariencia de libertad, y resulta mucho más sutil y cruel, ya que resulta invisible y no aparecen responsables ante los que rebelarse. La nueva esclavitud se sitúa en las zonas más profundas del ser humano; en la zona del espíritu, que queda oprimido, secuestrado, resultando muy difícil tomar conciencia de ella, apoderándose del pensamiento, la conciencia… Una esclavitud llevada con gusto, que incluso nos hace sentir orgullosos de aquello que nos esclaviza, incluso para una gran mayoría no es posible concebir otro tipo de existencia distinto del que nos ofrece la sociedad actual.

Este nuevo esclavo es un ser alienado en su ser, porque es lo que aparenta, lo que realiza y consume; porque es valorado por su eficiencia y por sus cosas. Como consecuencia carece de fuerza interior para rebelarse; es incapaz de salir del ciclo: producir y consumir; está siempre ocupado, del trabajo a casa, de casa al centro comercial; no le interesa ni tiene tiempo para dedicarse a la marcha de la política, de la vida en común, de la vida del espíritu. A todo esto, ya se dedican y lo piensan otros.

La persona como persona ha quedado excluida, más aún, ha muerto, ya que el ser humano es estimado y triunfa por lo que tiene y consume. Si no tiene, ni consume, ni cuenta, es un ser sobrante, invisible. Lo muerto prevalece sobre lo vivo, aunque afortunadamente lo vivo no ha sido destruido, sino que permanece, aunque sea oprimido, lo cual da lugar a mantener viva la esperanza.

Cómo conectar con esa esperanza oprimida pero no aniquilada, cómo recorrer caminos emancipatorios que nos faciliten romper con esa servidumbre voluntaria, constituye, sin duda, un gran reto al que en la próxima entrada intentaremos acercarnos.

Imagen extraída de: Wikipedia

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