Cataluña y España: entre el reconocimiento y la negociación

Cataluña y España: entre el reconocimiento y la negociación

Josep F. Mària y Ramon XifréEl cuaderno de la Colección Virtual de CJ “Cataluña y España: entre el reconocimiento y la negociación” es fruto de la colaboración entre dos economistas apasionados por la política. Nuestra voluntad ha sido presentar hechos (de la forma más neutra posible) para que las personas que piensan diferente tengan un espacio común para reconocerse profundamente y para negociar.

  1. Reconocerse profundamente: aceptar que el otro es un interlocutor digno de ser escuchado, con unas razones que no comparto (total o parcialmente), pero que se deben considerar, examinar, y contrastar con las propias.
  2. Negociar: la articulación entre Cataluña y España ha sido sujeta a períodos convulsos periódicamente. Creemos que la Constitución de 1978 ha ayudado mucho en esta articulación a la salida de la dictadura de Franco; pero las convulsiones actuales son signo de que hace falta una re-negociación política, tal como defienden muchos catalanes y también un número creciente de españoles.

En todo caso, la negociación no llevará a soluciones aceptables si no hay previamente un doble reconocimiento: del otro y de la pluralidad de posiciones en campo propio. Este es nuestro marco antropológico y sociológico fundamental.

En relación con los hechos, en primer lugar, presentamos los hechos recientes de la relación entre Cataluña y España. Quizás lo que caracteriza más nuestra narración es postular que ha habido cambios de estrategias políticas en ambos lados. No sólo en la parte catalana ha habido un desplazamiento de nacionalistas no-independentistas hacia el independentismo; sino que también en la parte española ha habido un giro (a nuestro entender, previo en el tiempo) hacia una estrategia política que se puede considerar neo-españolista, neo-centralista y neo-liberal.

Esta historia reciente es nueva pero arraiga en la historia más remota. Por ello nos remontamos a la historia moderna. Empezamos con la primera unificación de los reinos de Castilla y Aragón bajo los Reyes católicos, pasamos por 1714 y nos detenemos en el siglo XIX, en el que emerge el nacionalismo como ideología, bien sea con estado (nacionalismo español) o sin (nacionalismo catalán).

Después prestamos atención al papel de la religión en estos hechos históricos: La España moderna comienza, no en vano, con dos reyes que han sido llamados “católicos”, y sigue con una dinastía Habsburgo que se erige -medio por convicción, medio porque manipulan-defienden el catolicismo ante los príncipes alemanes- que -medio por convicción, medio porque manipulan-defienden el luteranismo para sacudirse de encima el emperador. El factor religioso sigue presente durante el siglo XIX entre los conservadores españoles, enlazando con el nacional-catolicismo que Franco se arroga, y también con el nacionalismo catalán que -en algunas corrientes- se conecta con el cristianismo. En relación con los hechos recientes, el discurso religioso se hace presente de manera más sutil (en forma de “religión civil”) cuando los dos bandos se descalifican mutuamente con un lenguaje de raíz religiosa (intransigencia hacia los otros/herejes y necesidad de que estos otros se arrepientan/conviertan), que justamente nos aleja de un reconocimiento profundo mutuo.

Hacia el final del Cuaderno presentamos más abiertamente nuestra interpretación. En primer lugar, vivimos el conflicto entre Cataluña y España como un contraste entre “preferencias políticas” (I. Sánchez Cuenca): no entre posiciones religiosas ortodoxas vs. heréticas o entre “enfermos” vs. “sanos” (tal como algunos han sostenido públicamente). En segundo lugar, vivimos la religión como una invitación, más allá de ortodoxias o herejías, al reconocimiento de la dignidad de las personas y de la dignidad de las culturas en las que nacen y crecen, a fin de caminar hacia el mutuo reconocimiento entre personas y entre pueblos. Desde esta perspectiva, consideramos que el activismo político con rectitud de intenciones es una expresión de servicio a la comunidad que no puede ser condenado.

Una de las secciones donde creemos haber aportado una contribución original es en la presentación de los imaginarios que impiden el reconocimiento profundo entre las dos partes. Como si en cada uno de los lados la gente tuviera en la mente unas imágenes deformadas del otro (creadas para justificar las propias limitaciones o a partir de la exageración de los errores de la otra parte), que lo degradan e impiden su reconocimiento, primero, y una negociación fructífera, después. El ortodoxo vs. el hereje; el psicoanalista vs. el paciente; el ilustrado vs. el étnico; el demócrata vs. el golpista. He aquí cuatro imaginarios que habría que dejar atrás porque constituyen la base de prejuicios que no ayudan a enfocar el problema. Un problema que no nos quitaremos de encima con soluciones fantasiosamente definitivas que pretendan ignorar al otro.

Imagen extraída de: Pixabay

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