Vergonha (Vergüenza)

Vergonha (Vergüenza)

Víctor CodinaD. Boris, un célebre presentador de canal de TV de Brasil, cada vez que anunciaba una noticia injusta y vergonzosa, se dirigía al público y con voz rotunda gritaba: Vergonha.

Me encantaría que algo semejante sucediese en nuestros medios y que no se anunciasen noticias vergonzosas y trágicas como si fuera algo normal y políticamente correcto.

Me gustaría que ante la tragedia humanitaria del Yemen donde millones de personas, gran mayoría niños, están amenazados de muerte, en una guerra donde España vende sus bombas… alguien diga: Vergonha.

Que ante la dramática situación de Venezuela con millones de desplazados y ante la trágica situación de Nicaragua con centenares de muertos jóvenes por parte de un gobierno que se proclamaba del pueblo, alguien diga: Vergonha.

Que ante los miles de refugiados y migrantes que cruzan el Mediterráneo en busca de una vida digna y naufragan, son rechazados por países europeos, son devueltos a sus países de origen o internados en verdaderos campos de concentración, alguien diga: Vergonha.

Que ante la sistemática destrucción de la naturaleza por parte de la trasnacionales, que desplazan y eliminan a pueblos indígenas, alguien diga: Vergonha.

Que ante la política migratoria norteamericana de separar a los hijos de sus padres, alguien diga: Vergonha.

Que ante la marginación sistemática de la mujer, su opresión, empobrecimiento, abusos, violaciones y feminicidios, alguien diga: Vergonha.

Que ante los abusos sexuales a niños y adolescentes por miembros representativos de la Iglesia católica y el encubrimiento de obispos, alguien diga: Vergonha.

Que ante la decisión del gobierno italiano de negarse a recibir migrantes pero en cambio colocar crucifijos en lugares públicos, alguien diga: Vergonha.

Que ante el encarcelamiento preventivo de políticos catalanes por parte de la justicia del Estado español, alguien diga: Vergonya.

La lista de la Vergonha se podría alargar mucho más: creciente brecha entre pobres y ricos, paro juvenil, gente sin tierra, trabajo ni techo, narcotráfico, trata de personas, prostitución, homofobia, tortura, corrupción, etc. hasta provocar en nosotros tal vergüenza que tengamos la misma tentación de Iván Karamazov: devolverle a Dios el billete de la vida.

O preguntarnos dónde está Dios y repetir con Epícuro (341-270 a C) que Dios o no puede solucionar estos problemas y entonces no es Dios omnipotente; o no quiere y entonces no es Dios bueno.

Prefiero pensar que Dios está presente en las víctimas, que sufre con ellas, que quiere misericordia y no sacrificios,  que es un Dios que se hace sufriente y crucificado en Jesús. Como escribía  el teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, encarcelado y ejecutado por atentar contra Hitler, “solo un Dios sufriente nos puede salvar”. O como anotaba con fina intuición femenina la joven judía holandesa Etty Hillesum, muerta en el campo de concentración de Auschwitz, “hemos de ayudar a Dios”, “curar heridas”, “no odiar sino amar”, porque “la vida es bella”. O como repiten los teólogos latinoamericanos, hay que bajar de la cruz a los crucificados de la historia.

Y no perder la esperanza, porque la última palabra no la tienen los Caifás, los Herodes y Pilatos de nuestro tiempo, sino el Dios Padre-Madre que por la fuerza del Espíritu resucita a Jesús de la muerte. Aunque todavía tengamos que vivir un largo y silencioso Sábado Santo…

Imagen extraída de: Pixabay

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