Descompensaciones trinitarias

Descompensaciones trinitarias

Manu AnduezaTitulo este artículo “Descompensaciones trinitarias” porque creo que hay algo que no entiendo bien. Tal vez alguien me lo pueda explicar…

Una de las noticias de esta semana es que un conocido actor español, Willy Toledo, es detenido por “cagarse” en Dios. Bien, de hecho la detención es por negarse a declarar después de ser denunciado por una asociación de abogados que se dice cristiana por las siguientes palabras: “Yo me cago en Dios. Y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”

Más allá de que me guste o no dicho actor en su trabajo, o de que esté de acuerdo o no cuando habla de política, creo que dichas palabras están de más. Pero si ese es su sentir y expresándolo se encuentra mejor, pues adelante. Ahora bien, de ahí a que le detengan…

Más que nada por descompensación ¿eh?

Digo yo, que no está compensado el tema de ataque a la santísima trinidad. A ver si me explico. Se cagan en el Padre y han de responder. Pero, ¿qué pasa con el Hijo? ¿O es que como una vez ya lo mataron hay permiso total para seguir haciéndolo?

Porque, en serio, mira que se cometen atrocidades contra el Hijo y no pasa nada. Insultos, burlas, asesinatos… y tan tranquilos. Las asociaciones de no sé qué como si no pasara nada.

Aquí hay algo que no está compensado.

Y es que hay cosas que sabemos y otras que no. Cosas que podemos intuir y otras que afirmar con rotundidad. Yo no sé al Padre cómo le habrán sentado las palabras del actor. Quien sabe si hasta le han hecho gracia y se ha reído viendo como está el panorama.

Ahora, sí, lo que sí sé es lo que dice el Hijo. Y por ahí no podemos pasar. El Hijo deja bien claro que su presencia está en los que habitan las cárceles, los que no tienen que comer, los que van desnudos porque no tienen nada que ponerse… ¿os suena?

Y a estos, vicarios del Hijo, presencia en medio de nosotros, les insultamos. Les decimos extranjeros, les decimos sucios, les decimos necios y no pasa nada. A estos, a la cara visible del Hijo, les escupimos, les apaleamos en fronteras, les recluimos, les negamos posibilidades, les separamos de su familia, les bombardeamos y cuando quieren huir les decimos que no pueden, les enterramos vivos en el mar, les abandonamos a su suerte… Y no pasa nada.

Me parece a mí mucho más grave esto que lo otro, que repito, entra en nuestra imaginación y capacidad de opinión si es blasfemia o una oración encubierta (porque no olvidemos los salmos, y sus gritos contra Dios, que son también oración). Pero la carne del Hijo sigue siendo maltratada con total impunidad y alevosía, con consentimiento de estados y poderes judiciales, de asociaciones diversas.

Y me queda el Espíritu. El pobre no debe saber dónde meterse… porque sigue por aquí, soplando y animando. Pero cada vez que aparece, cada vez que asoma también le queremos dar palos. No sea que cambien las cosas. Y lo desacralizamos. Y le quitamos el valor de ser presencia real en el mundo. Para que no nos engañen, hay que dominarlo y hacer que diga lo que queremos.

Y esto también queda impune. Y con leyes que le atan.

No sé si es cuestión de cargarse la trinidad, y quedarnos con el Padre, o de hacer un nuevo concilio para modificar el cristianismo a algo que nos resulte más fácil de vivir… Pero desde luego, por aquí no vamos bien. Las preocupaciones mayores deben ser otras. Y cuando hay problemas mayores, los pequeños deben quedar relegados a su lugar y no sustituir a los anteriores para así olvidar que existen.

Y también, dejad de jugar con la Trinidad, por favor.

Imagen extraída de: Museo del Prado

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