La escuela refugio: la vocación de servicio

La escuela refugio: la vocación de servicio

Oriol Jiménez i Abadías (Grupo de trabajo sobre educación y justicia de CJ)Este año un grupo de educadoras y educadores hemos vuelto a disfrutar por segundo año de la oportunidad de encontrarnos. Buscábamos nutrirnos, buscábamos aprender, buscábamos reflexionar y buscábamos repensar nuestra labor. Queríamos romper la barrera del maestro cumplidor. No nos conformamos con ser responsables con nuestras obligaciones laborales, ni con responder a las expectativas institucionales.

Aspiramos a la radicalidad del amor: amar al oprimido, al que nadie quiere. Amar a quien te da la espalda. Aspiramos a ser escuelas refugio. Una escuela hospitalaria, una escuela para todos: una escuela inclusiva, pivotada sobre el bien común (justa, transparente, ecológica, digna, pacífica y respetuosa); una escuela acogedora; una escuela de personas y para las personas, más allá de criterios o intereses. Y una escuela abierta y diáfana necesita derribar los muros que nos separan. Muros invisibles y mudos. Muros que hieren el alma. Muros ideológicos, sociales, culturales y educativos.

Sólo entendiendo nuestra labor como un servicio, construiremos. Construiremos desde el servicio, y de su experiencia haremos aprendizaje, un aprendizaje que resulte significativo. Educar desde el servicio, educar a través del servicio. El servicio necesita que nos liberemos de lo que nos encadena. Chul Han, filósofo imprescindible para entender qué nos está pasando, nos recuerda que somos esclavos de nosotros mismos, que el sistema ha fomentado la tiranía del yo. Somos nuestra propia máquina, somos un producto, somos una marca en un escaparate global, somos una imagen a proyectar. Somos nuestro propio empresario, nuestro propio producto, nuestro propio publicista. Somos las cosas que no hemos hecho. Encerrados en el bucle del yo. Y nos cansamos de ser yo, y a veces nos cansamos de ser.

La contemplación del otro nos libera del yo. Porque la herida es la apertura por la que entra el otro. La escucha es la actividad más política que hay: configura la humanidad. Sin escucha nos quedaríamos solos con los miedos. El sufrimiento se individualizaría, se privatizaría. La escucha reconcilia, sana y redime.

Si atendemos al otro (Lévinnas), si desbordamos el yo, seremos capaces de librarnos de nuestras propias cadenas y nos sentiremos libres porque nos sentiremos humildes, sencillos. Descubriremos que necesitamos de los demás, porque tal como decía Camus, “la solidaridad nace del sufrimiento compartido”.

Humildes, sencillos y frágiles. Queremos educar personas humildes. Personas que se sientan vulnerables y acepten su propia fragilidad. Y desde nuestra vulnerabilidad podremos empatizar con el sufrimiento del otro. Seremos capaces de movilizar nuestra vocación de servicio. Una escuela que abra las ventanas de par en par. Marina Garcés nos lo recuerda: “Tendremos que pensar juntos lo que nadie ya podrá resolver por separado”. Desde la compasión construiremos una escuela refugio que se convertirá en una escuela de liberación.

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Para contactar con el grupo: educaciocj@gmail.com

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Imagen extraída de: Pixabay

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