Microrrelatos desde Calais

Microrrelatos desde Calais

Juanjo PerisEran los días previos a la Pascua. Desde hacía meses tenía comprado mi billete de avión para celebrarla con mis amigos en Huelva. Estaba de paso por Calais. Me acogían en una casa con varios migrantes. Desconocía que los cristianos de origen etíope tienen por costumbre no darse la mano ni abrazarse durante la Semana Santa. Ningún contacto físico hasta el domingo de Resurrección, algo ligado, según me dijeron, al beso de Judas.

Ya por la noche, después de cenar, llamaron a la puerta. Oigo voces de alegría. Es alguien que vivía con ellos y ha regresado. Cuando llega a la sala donde estoy me dice:

– ¡Hey! ¿No te acuerdas de mí?

-¡Claro que me acuerdo! Pero llevo todo el día metiendo la pata con los saludos y ya no sé a quién puedo abrazar y a quién no.

-¡Qué alegría verte!- me dice, mientras nos damos un abrazo.

-Me dijeron que estabas en Bélgica- le digo.

-Sí, me cansé de estar esperando en Calais y me fui allí.

-¿No te ha ido bien y has vuelto?

-No, he venido a la fiesta…

-¿A la Pascua?

-Sí, eso.

-¿Viniste en bus?

-¿En bus? ¡Qué dices! ¡Vine en camión!

-¡En camión! ¡Estás loco! Una cosa es jugarte la vida para entrar en el Reino Unido y otra es hacerlo para venir a Calais.

-¡No tengo otra opción! ¡Es mi vida!

-Pero tú no sabes adónde va el camión ¡Puedes acabar en cualquier parte! Además sabes que es peligroso, que hay gente que ha muerto atropellada al caer intentando pillar un camión.

– ¡Yo soy un profesional! Sé adonde van los camiones. Además voy siguiendo la ruta en mi teléfono.

-Pero es un peligro.

-Lo único que puede pasar es que me pille la policía y me detengan por un par de días, ¿y sabes qué? Que dos días en que no pienso en que voy a comer ni dónde voy a dormir. Duermo y me traen la comida. Es mi vida. Yo no lo he elegido, pero es lo que me toca vivir ahora.

***

El domingo un grupo de cristianos de origen etíope me invita a rezar con ellos (lo que no me advirtieron es de lo que iba a durar la oración). La oración es en tigriya, su lengua. Yo comparto con ellos, pero soy incapaz de seguirles más allá de estar presente e imitar las posturas que ellos realizan: de pie, de rodillas, tocando con la cabeza el suelo… Al final me siento.

Ellos rezan y yo me pongo a pensar cómo la situación para los migrantes que viven en el bosque es cada vez peor. La policía les requisa posesiones, les gasea  y les golpea. Pienso en cómo me había encontrado en campamentos con indicadores evidentes de tráfico humano y donde los propios refugiados lo veían como la única salida a su situación. Pienso cómo vamos a peor y cómo da igual quien este en el campamento, menores o víctimas de trata. La política es meter excavadoras y desalojarlos. Me estoy cabreando. Los chicos siguen con sus rezos.

La oración la lidera “Diakon”, uno de ellos que realizó algunos estudios de teología y que vive en el bosque intentando pasar al Reino Unido. En este momento está predicando con una gran sonrisa en la boca.

Decido pedir a quien está a mi lado si puede traducirme algo de lo que está diciendo.

-Es difícil- me dice-. Mi inglés no es bueno… Él está hablando de cómo responden los hombres cuando pasa algo y cómo respondía Jesús. Jesús siempre devolvía amor, sólo devolvía amor. Y si nosotros somos seguidores de Jesús no importa lo que nos hagan, solo hemos de devolver amor. Esa es nuestra misión, devolver amor.

***

Es viernes tarde y estoy en el centro de día que Cáritas tiene en Calais. Un espacio abierto de encuentro entre voluntarios y migrantes.

-¡Hey “bro”!- me saludan.

-¡Hey! ¿Cómo estás? Me habían dicho que un grupo había decidido ir a Bélgica y, al no verte, creía que estabas entre ellos.

-No, sigo aquí. Ya no vivo en la casa (de acogida). Ahora vivo en mi tienda de campaña. Tú sabes, necesito libertad. Necesito dinero.

-Sí, entiendo.

-Ya me han rechazado en varios países de la Unión Europea. Sólo me queda probar suerte allí. Mi única opción es cruzar al Reino Unido.

-Sí, recuerdo.

Suena su teléfono. Responde.

-Es alguien que está en el coche, me dice. Me va a recoger. No más de una hora. Si estás, luego nos vemos por aquí.

-¿Te cuidas?- le digo-. Me refiero a si sabes que puedes hacerte chequeos gratis y acceder a material preventivo.

-Sí, sólo seguro. Necesito el dinero.

No te juzgo, hermano.

-Vale, si necesitas algo, hasta las cinco estaré por aquí.

-¿Sabes?, me dice, estaría bien si alguna vez puedo cruzar a Londres y nos podemos tomar un café allí.

-Sí, eso estaría muy bien.

***

-¿Has encontrado ya tus ojos?- me pregunta por la noche un eritreo al que conozco desde hace tiempo.

-No, todavía no, aunque no estoy buscando. Si tiene que llegar, ya llegará, pero no me preocupa.

Un clásico cuando comienzo una conversación y les digo de dónde soy es que me pregunten si soy del Madrid o del Barça. El siguiente clásico cuando entablamos confianza es que me pregunten si tengo hijos. Mi amigo eritreo me explicó una vez que ellos dicen que no es bueno que el hombre este mirándose siempre a sí mismo, que es bueno que busque “otros ojos” donde se vea reflejado y formen una familia. Este es un tema también de responsabilidad social, de traer hijos al mundo y de asegurar quién te va a cuidar en el futuro.

-No estoy preocupado- le insisto-. Hay más formas de estar en el mundo que la de papá-mamá-hijos. Si encuentro a alguien, ya se verá. Hijos no creo que haya.

Percibo como hemos pasado a un tipo de comunicación sincera. En la conversación hay más migrantes con los que también mantengo buena relación.

-Lo importante es que seas feliz y que hagas lo que diga tu corazón- me dice.

Ellos siguen hablando en su lengua hasta que mi amigo interrumpe dirigiéndose a mí:

-Si no vas a tener hijos, hazte hermano y dedícate a cuidar migrantes como nosotros. Necesitamos gente que nos cuide.

-¡Pero eso también lo puedo hacer sin hacerme fraile!- le respondo.

-Tienes que hacer lo que te haga feliz- me dice uno de ellos.

-Tómate un mes para pensar- me dice otro-. Tienes que hacer lo que te diga tu corazón, pero eso lo tienes que rezar. Para estar bien seguro vete a algún sitio y hazte la pregunta cada día, luego vete a Dios a pregúntale a él. Así cada día. Poco a poco Dios ira poniendo respuestas en tu corazón.

-¿Durante un mes?

-Sí. Muchos de nosotros lo hicimos antes de iniciar el viaje migratorio. Busca qué hay en tu corazón, pregunta a Dios e irás viendo. Es difícil explicarte todo esto en inglés, pero es bueno tomarse un mes para rezar lo que hay en tu corazón.

Calais

Imagen extraída de: Pixabay

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