Escena 18: Martirio y muerte

Escena 18: Martirio y muerte

Jorge Picó. [Estoy trabajando con el cineasta Alfonso Amador sobre Jesús en un taller de final de carrera con los alumnos del Col·legi del Teatre de Barcelona. Alfonso desde la fascinación política y el respeto que le despierta su persona y yo como un misterio que desborda la razón.

La mayoría de mis alumnos no sabían mucho de Jesús antes de empezar los ensayos, pero todos accedieron generosamente ya a presentar una escena en “Una nit pels refugiats” que organizó Cáritas de Sant Feliu de Llobregat.

El primer día de ensayos empezamos trabajando sobre la pregunta “¿Otro mundo es posible?”

Aquí tenéis la penúltima escena de la obra, cuyo título todavía está por definir.

El taller se presentará en junio en Barcelona]. 

***

Una asamblea. Como en las catacumbas. Sentados en el suelo. Unos hablan, pasan la Palabra, cuentan la historia. Otros escuchan: tal vez éstos la cuenten a su vez.

-Somos los testigos de una historia que generalmente no tiene testigos.

-¿Qué pasó?

-El sin papeles, el emigrante, el que fue capaz de arrodillarse ante el Bautista… tras el juicio mediático al que fue sometido y condenado por el pueblo…

-… se convirtió en un número… el preso 11.211…

-y entró en un CIE.

-¿Un CIE?

-Centro de Internamiento de Extranjeros.

-Un centro no penitenciario: tres letrinas, tres grifos y seis duchas para cien internos…[1]

-“Méate en una botella, si tienes ganas.” Le dijo la policía.

-Prohibido el uso de linternas, bolígrafos y cepillos de dientes.

-Un litro de agua para cuatro personas.

-Una situación indigna, diréis.

-Pero, ¿quién otorga la dignidad?

-¿Son dignos sus carceleros? ¿Lo son quienes le juzgaron? ¿Quiénes le condenaron?

-No, no la hay para un sinpapeles, un refugiado, para un paria sin domicilio fijo…

-A menos que…

-… a menos que…

-… a menos que le fuese otorgada por ser el hijo del Padre.

-Pero no recibió ninguna visita… ningún familiar vino a verle. Quedó huérfano a la vista de todos.

-En su soledad sufrió cefaleas, gases, estreñimiento, dolores de garganta, dificultad para dormir…

-…hipoglucemia severa…

-… acidez metabólica…

-Su Padre, si existió alguna vez, callaba.

-Algunos dicen que escucharon el llanto por su hijo oculto en la oscuridad de una celda…

-Pero se dicen tantas cosas, se publican tantas cosas, tanto ruido…

– Sabemos su historia porque la escribieron en el papel de la pared de una celda…

-“No os acerquéis a él, a ver si este extranjero nos contagia algo” decía la policía.

-“Si me vuelves a hacer una pregunta, te rompo la cabeza”

-“Cógete un billete y lárgate a tu país”

-“Judío de mierda”

-“Banda de cabrones”

-“Hijos de puta”

-Lo llevaron a las duchas y el agente de policía empezó a golpearle con la porra sus manos y piernas durante más de una hora.

-El policía con su bota sobre la cabeza del interno.

-Al mismo tiempo que sangraba.

-Fue una “autolesión”, dijeron después.

-Él callaba, como si se hubiera propuesto acunar todo el mal del mundo en su cuerpo quebrado.

-Mientras, un policía, golpeaba el metal del somier y le insultaba

-… Pero él callaba

-… y callaba…

– el silencio fue siempre su respuesta…

-El policía se giró hacia él, le abofeteó y le dio un puñetazo en la boca.

-Le cayeron varios dientes.

-El policía lo agarró del cuello:

– “Si sigues provocándome con tu actitud te apuntaré con la pistola en la cabeza, te pegaré un tiro. Mi turno termina a las ocho, me voy a casa y nadie se enterará que he sido yo quien te ha matado”

– A las pocas horas de la última paliza, la valla azul del CIE se abrió y salió escoltado por la policía hacia Ceuta, junto a varios internos.

-Para el traslado se utilizó un furgón policial hasta el aeropuerto.

-Eran varios internos en el furgón, todos esposados.

-Durante el vuelo a cada interno le acompaña un policía, vestido de paisano.

-Partieron sin reconocimiento previo alguno, sin personal médico que les curase las heridas.

-Cada policía llevaba: guantes de látex, lazos de seguridad…

-… mascarillas sanitarias, útiles para cortar lazos…

-… un mono para vestir a los expulsados que lo necesiten…

– … cascos de autoprotección para impedir que se autolesionen…

-… cinturones y prendas inmovilizadoras homologadas y cinta reforzada para casos excepcionales como el suyo.

-Temían que su silencio formara parte de un plan para escapar.

-Pero no hizo ningún intento por escapar. Aunque insistió en callar.

-A algunos internos no los subieron al avión de tanto que gritaron. Funciona.

-Pero él, que tanto habló, que tanto nos había hablado, seguía callando

-Manchó de sangre los asientos del avión.

-Manchó de sangre la moqueta del pasillo.

-Manchó de sangre todo cuanto tocó hasta llegar a Ceuta.

-Una vez allí le llevaron a la valla por donde había entrado a Europa.

-“Sáltala de vuelta”

-“Regresa por donde has venido” le dijeron.

-Si de verdad eres hijo de quien dices que eres, di a tu Padre que venga y te ayude.

-Al pie de la valla estaba su madre y repetía al verlo: “Yo que te parí, no te puedo abrazar. Yo que te vi crecer, no te puedo abrazar”[2]

-También estaba Magda.

-Empezó a escalar. Sin fuerzas. En silencio.

-Alguien, por compasión, le dio un gancho de hierro para que pudiera meterlo en los huecos de la valla y así trepar mejor.

-En su ascensión se cruzó con las prendas colgadas de otros inmigrantes y sus secas manchas de sangre

-Creyó que caería y que abajo le darían más patadas. Pero siguió ascendiendo.

-Tenía los ojos llorosos y el cielo se le deformaba a través del cristal de las lágrimas.

-Subía. Subía. Subía. Como si no fuera él. Como si no fuera nadie.

-Hasta que sintió el corte de una concertina en su mano derecha. Como si de un clavo se tratase.

-Y otro en su mano izquierda.

-Siguió subiendo y con la cabeza intentó apartar una zarza de concertinas que estaba en lo alto de la valla.

-Al querer librarse de ellas sacudiendo la cabeza como un animal se le enredaron como una corona de espinas.

-Ya no pudo subir más.

-Desde esa altura aún le alcanzaban las piedras y los palos que le tiraban los policías para que terminase de cruzar la valla.

-Pero no tenía más fuerzas para subir. Allí se quedó, perdiendo sangre.

-Entonces abrió los brazos en cruz y miró al cielo.

-Había tanto sentido en su interior que se cristalizó en Palabra.

-“Padre, no saben lo que están haciendo, perdónales”

-Había tanta humanidad en sus entrañas que se hizo pregunta y temblor.

-Su espíritu ardía como una antorcha, de fracaso, de angustia.[3]

-“Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado?

-Y el Padre callaba, congelando la historia.

 

Magda, que ha estado atenta a la reunión pero retirada a un lado, toma ahora la palabra.

 

-Yo estuve allí. Pensé que quizás tenía los brazos abiertos para convertirse en ave. Hice un dibujo de su cuerpo, que no pude terminar.

Yo lo vi en vuelo. Mientras su madre callaba.

Me pareció que quería abrazar toda la tierra. Abrazarla para llevársela dentro.

-Sus brazos abiertos preguntaban cómo se ama hasta el extremo.

-Y esto fue lo último que dijo, entre vocales y consonantes ahogadas en sangre…

-“Padre, en tus manos pongo mi vida”.

-Y le vi bajar la cabeza.

-Y ya no se movió más. Era la tarde del viernes, y el viento en la carne sonó diferente.

-El silencio se hizo aún más poderoso.

-¿Los que se han muerto? ¿Es la noche o el día lo que alcanzan?

-Y los que seguimos vivos, ¿qué haremos con esta historia?

***

[1] La mayoría de datos sobre el CIE están sacados del libro CIE, el Guantánamo español de Toni Martínez. Ed UOC, Barcelona 2016.

[2] Las palabras que pronunció la madre de Samba Martine que salió medio moribunda del CIE de Aluche de Madrid hacia el hospital. Su caso inspiró la obra Un trozo invisible de este mundo escrita por Juan Diego Botto.

[3] Línea de Resucitó de Benjamín G. Buelta, sj del podcast Rezando Voy.

martirio y muerte

Imagen extraída de: Pixabay

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