Un ejército de perdonados en Bruselas

Un ejército de perdonados en Bruselas

Xavier AlonsoEl 25 de abril se celebró en el Salón Gótico del Ayuntamiento de Bruselas una ceremonia que me impactó. Barcelona tiene su salón gótico aunque no sé si también celebra este tipo de ceremonia. El año pasado murieron en las calles de Bruselas sesenta y dos personas, de pura pobreza, soledad, deterioro. Cada una de ellas tendría su entorno, su familia, sus hijos quizás, una ONG amiga, una trabajadora social con quien empatizaba, incluso un río diario de gente con quien hablar un poco mientras se mendiga. A mí me impresiona más el fracaso que el abandono, si es que son cosas distintas. El fracaso que he visto, en Barcelona o en Bruselas, en la cara de algunos, es el fracaso de alguien de 30, 45, 57 años, que no tiene nada que hacer en todo el día, que siente -igual que yo mismo- que la vida pasa rápido, pero que no ha conseguido nada relevante, no ha podido formar una familia, o no la puede mantener, o no es querido por ella, o no tiene una ducha propia, o huye de algo secreto. Desesperanza a la edad intermedia, eso me impacta.

Volvamos al impacto primero, al de la ceremonia en el Salón Gótico. En Bruselas hay una asociación que se llama Les Morts de la Rue -en neerlandés, Straatdoden-. En su página web se explican así: “Porque rechazamos que las personas estén solas y en el anonimato, incluso después de la muerte. Porque la soledad y el anonimato deben cambiar para aquellos que aún viven en la calle. Porque todos queremos poder despedirnos, de nuestros amigos, seres queridos, padres, madres o hijos… Solo aquellos que son olvidados morirán. Bienvenido al sitio del Collectif Les Morts de la Rue de Bruxelles.” El 25 de abril organizaron, con el Ayuntamiento, el homenaje anual a los muertos del año anterior. En la entrada nos dieron un dossier de veinticuatro páginas, con reseñas de cada uno de los sesenta y dos, y poemas que una asociación amiga, de poetas, había escrito. La ceremonia fue una sucesión de cantos de una coral, discursos, lecturas en memoria de algunos de los desaparecidos… Estuvo el primer teniente de alcalde, monsieur Courtois, que habló pausada y creíblemente, y no mostró el pesar sino la culpa de los políticos porque en Bruselas algo así pase.

Veamos al azar una de las sesenta y dos reseñas: “Miroslaw, 43 años. Miroslaw era más bien fuerte, moreno, tenía mucho pelo, una cara redonda. Era amable y sociable, dulce y agradable. Tenía un gran sentido del humor y le gustaba mucho reír. Era sereno, y hablaba francés un poco. Se le podía encontrar en la Estación del Norte, en compañía de compatriotas polacos. El sacerdote que había oficiado su boda ha oficiado también su funeral.”

La ceremonia del 25 de abril no fue religiosa sino, literalmente, “interconviccional”. Cuatro líderes de otras tantas “convicciones” hicieron cortos parlamentos: monsieur Job, de la comunidad judía, monsieur Mirindi Baganga, de la católica, monsieur Abdelhadi, de la musulmana, y madame Van Niewenhuijsen, de la laica. Sus cuatro parlamentos fueron agudos y medidos. Pero he aquí que uno de ellos, hacia el final, no pudo evitarlo y dio un improvisado paso –no era un parlamento escrito- a la indignación. “¿Pero cómo es posible que en  Bélgica, que en Bruselas, la bella capital del país, en Bruselas, la capital de Europa, pase algo así? ¿Cómo es que los políticos no hacen nada?” Monsieur Courtois, el teniente de alcalde, ya se había ido de allí, pero esto no lo cuento para criticarlo, para dar a entender que “ya se sabe, los políticos, un discurso bonito y después se largan…”. No, Courtois no sé por qué se había ido, tendría otras cosas indelegables que hacer, igual que yo mismo, que tuve que irme a las doce y media porque me esperaban a la una en mi oficina. No me quedé al aperitivo final.

¿Por qué mueren personas en las calles de la bella, rica y poderosa capital de Europa? Sí, las sedes de la Unión Europea están a solo cuatro paradas de metro de allí. El pequeño “Barrio Europeo” es realmente importante, está cuajado de políticos, funcionarios, lobbies, periodistas. Bruselas es la ciudad del mundo con más corresponsales de medios de comunicación, más incluso que en Washington. Hay mucho poder. Pero, ¿poder para hacer desaparecer la pobreza y la soledad? Ahora no quiero juzgar sino celebrar el gesto de la ciudad para con los que mueren solos. Los políticos son como nosotros: hacen lo que pueden, y solo Dios conoce el corazón de cada uno. Perdonémonos, aunque solo sea un rato. El papa Bergoglio dice que “dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios”. Es necesario pensar que todos nosotros somos un ejército de perdonados. Todos nosotros hemos sido mirados con compasión divina. Si nos acercamos sinceramente al Señor y afinamos el oído, posiblemente escucharemos algunas veces este reproche: «¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» (Gaudete et Exsultate, 81-82).

Yo, antes, a menudo me indignaba con los políticos, sobre todo con los de derechas. A lo largo de los años me fui dando cuenta –en tantas tertulias, charlas, chats, en mi propio debatir interno- que otros se indignaban también mucho con los políticos, pero con los de izquierdas. Que me indignaba por lo malo de los que no votaba, y tendía a ser comprensivo con lo  malo de los que sí votaba, y que era mejor templar mis emociones, era mejor pensármelo dos veces antes de lanzar una diatriba, era mejor adiestrarme en ver la viga en mi ojo. Domesticar a mis pasiones no me priva de tener mi ideología, ni de defenderla a veces, ni de indignarme a veces. Los políticos europeos son lo que son, igual que yo. Qué sé yo de su corazón. Son un ejército de perdonados. Por ahí estoy yo también, marcial burócrata, un soldado más.

morts de la rue

Imagen extraída de: Collectif Les Morts de la Rue de Bruxelles

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