La noviolencia cristiana

La noviolencia cristiana

Xavier Garí de Barbarà[Foc Nou] El pasado mes de febrero asistí, con mucho interés, a la presentación pública del último Cuaderno de Cristianisme i Justícia, Desarmar los infiernos. Practicar la noviolencia de Jesús hoy. Su autor, el jesuita Joan Morera, titulado en Teología Bíblica por la Universidad Gregoriana de Roma, publica una excelente síntesis de su tesina sobre la noviolencia cristiana, aplicando a la actualidad los grandes valores de una antigua tradición, que se adentra en los primeros cristianos y la Iglesia primitiva. Pero, ¿qué es la noviolencia y, en concreto, su raíz cristiana?

De hecho, la noviolencia es una mística además de un método, y es una teoría política además de una estrategia social. La noviolencia es un recurso que abarca toda la persona, e incluso su interioridad, que busca resolver los conflictos no sólo rechazando la violencia, sino también afrontándola desde medios sorprendentemente alternativos que nunca caerán en hacer ningún uso de la violencia.

Mahatma Gandhi, el gran actualizador de la noviolencia contemporánea, entendía esa fuerza como una mística (es decir, una aproximación al “misterio”, de la vida, de la persona, del mundo, de la verdad), y siempre se refirió a los orígenes religiosos de los dos pedales de la noviolencia: Ahimsa y Satyagraha, que en Oriente significan “la fuerza del amor” y “la adhesión a la verdad”. En Occidente este concepto tan amplio, transversal y profundo lo hemos consensuado bajo la definición de “noviolencia”, pero es evidente que se trata de una palabra con un significado mucho más amplio y mucho más profundo.

La noviolencia es también una forma de vivir y es una actitud ante los conflictos, que busca siempre gestionarlos y superarlos creativamente, alternativamente y pacíficamente, hasta el extremo de aceptar la propia muerte antes que eliminar al otro. El potencial de la noviolencia bebe de la fuerza de la espiritualidad y de la influencia de las tradiciones religiosas, que le confieren esa profundidad humana que va más allá de cualquier estrategia o acción concreta, incluso de cualquier dinámica de transformación social o política. Gandhi, que se retiraba a meditar a fondo antes de llevar a cabo cualquier acción noviolenta, admiraba enormemente el Evangelio, el testimonio de los primeros cristianos y, especialmente, la figura de Jesús, que siempre consideró como ejemplo perfecto de noviolencia. Mahatma, que tenía en las Bienaventuranzas y el amor a los enemigos el gran reto cristiano, argumentaba que en Jesús estaban todos los ingredientes de la noviolencia: la entrega, el perdón, el dejarse matar antes que matar a nadie, y esto haciéndolo sintiéndose salvador -servidor- de toda la humanidad.

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Imagen extraída de: Pixabay

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