Retiro en la ciudad (II): Viernes santo: un varón de dolores engendradores de vida

Retiro en la ciudad (II): Viernes santo: un varón de dolores engendradores de vida

Josep M. Rambla Blanch.

A. Varón de dolores

Hoy os propongo acompañar la meditación de dos imágenes profundamente impactantes que nos invitan a entrar en los dolores de Cristo y del mundo, así como en sus capacidades de ser engendradores de vida y de consolación. Primero, conviene no pasar por alto demasiado rápidamente por encima de la crudeza desgarradora de los dolores de Cristo. Son dolores que nos quitan el aliento cuando los contemplamos. Hay tantos vídeos de YouTube sobre dramas del mundo e injusticias que es casi imposible llegar hasta el final… Son dolores que no deben ser “racionalizados” demasiado rápidamente, que no deben ser objeto de un discurso para encontrar un sentido. ¡Dejemos primero que nos impacte su crudeza! Invito a contemplar el Cristo crucificado de Benito Prieto Coussent.

Dolor del Cristo

Jesús se sintió como un hombre pisoteadoComo un gusano… Repugnante a la mirada de quien lo ve…, con todas las amargas vertientes del dolor. Isaías es el profeta que más ayudó a la primera comunidad cristiana a contemplar la Pasión y la Crucifixión: “Un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento. Como a alguien que no merece ser visto, lo despreciamos, no le tuvimos en cuenta” (Is 53,3). “Nosotros pensamos que Dios lo había herido, que le había castigado y humillado” (Is 53,4). ¡Un hombre fracasado! Un fracaso no solamente humano para ser abandonado por todos y para ser considerado como un delincuente, sino también un fracaso religioso: ¡los poderes religiosos también lo estaban condenando a muerte! Así puede “compadecerse de nuestras debilidades” (Hebr 4,15).

El sufrimiento de nuestro mundo

Contemplar a Jesús es contemplar el sufrimiento de nuestro mundo. Qué profundidad la del dolor de quienes mueren de hambre, de quienes se ahogan en medio del mar viendo la costa de salvación, de quienes padecen una enfermedad crónica incurable, de quienes son torturados, de los que sufren el paro o las consecuencias personales y familiares de la injusta sociedad de la desigualdad, los encarcelados injustamente… ¡Cuántas caras tiene el sufrimiento! Ante este padecer, Dios nos llama a:

a. Luchar contra el propio dolor…Porque el cristianismo no es una exaltación del sufrimiento. Y Dios está en el dolor, a nuestro lado, dándonos fuerzas para luchar…

b. Luchar contra el dolor ajeno…Quienes luchan por los refugiados en alta mar o en campos de refugiados… El riesgo de la vida, los accidentes continuos, el cansancio, el miedo…, la pérdida de prestigio, la incomprensión, ser tachados de idealistas, de ingenuos, de “buenismo”…

c. Compartir simplemente el  sufrimiento de los demás. ¿Es posible y humano vivir sin ningún tipo de dolor y de sufrimiento cuando hermanas y hermanos nuestros se encuentran abrumados bajo el peso de sufrimientos inmensos? Sabemos muchas cosas sobre el sufrimiento de la gente, pero no sabemos demasiado de su mismo sufrimiento.

B. COMO ABUNDAN LOS SUFRIMIENTOS, ABUNDA EL CONSUELO

Sabemos por experiencia en nuestras vidas que “donde abundó el sufrimiento, sobreabundó la gracia y el consuelo”. Por ello, propongo contemplar el Cristo de la sonrisa, aquel ante el que san Francisco Javier rogó de niño y de adolescente tantas veces en su castillo natal de Navarra.

El dolor luminoso

En el evangelio de Juan, la Pasión es “la libertad y la soberana majestad del Cristo en el sufrimiento y en la muerte” (Donatien Mollat). Paradójicamente, en el momento más oscuro, ante un ajusticiado y despreciado, “un gusano y no hombre” (Sal 22,7), el centurión grita: “¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!” (Mc 15, 39). El dolor de Cristo es luminoso para el centurión hasta el punto de hacerlo pronunciar la confesión definitiva del evangelio de Marcos.

En la medida de los sufrimientos, abunda el consuelo (cf. 2Cor1,5)

Dios está presente en el sufrimiento humano, se esconde, pero no desaparece. Y el dolor se convierte en “cruz”. Contemplamos algunas luces que irradia el sufrimiento…:

a. El sufrimiento de la compasión.Las entrañas de Jesús fueron removidas por el sufrimiento de los demás. La persona que sigue a Jesús entrará también en este sufrimiento de la “misericordia”, un corazón afectado por el sufrimiento de los demás. “Dichosos los compasivos” (Mt 5,7).

b. El sufrimiento de la misma solidaridad efectiva. La compasión es dolorosa y dulce a la vez, pero exige desprendimiento personal y material, dar y darse. “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hch 20,35).

c. El sufrimiento de la identificación con el dolor ajeno. El amor lleva a la identificación. Y el amor cristiano, se inspira en el que quiso hacerse “igual en todo a sus hermanos” (Hebr 2,17). Hay carismas especiales que son luz en la oscuridad…

d. El dolor de un nuevo nacimiento.Cada herida que nos deja el dolor en nuestra vida es como una rendija que nos va abriendo a la vida plena, cuando Dios lo será todo en todos (cf. 1Cor 15,28).

viernes santo

Imagen extraída de: Pixabay

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