Retiro en la ciudad (I): Jueves santo: soledad sí, pero soledad sonora

Retiro en la ciudad (I): Jueves santo: soledad sí, pero soledad sonora

Josep M. Rambla BlanchEl jueves santo es un día para meditar y contemplar la soledad de Jesús, y en ella, la soledad del mundo. La pintura del “Anciano afligido” de Vincent Van Gogh nos puede acompañar todo este día para acercarnos al dolor callado y profundo de muchas personas. Las líneas siguientes quieren inspirar esta contemplación:

A. Inmersos en la soledad 

Soledad de Jesús

Jesús se sintió profundamente “triste y angustiado” (Mt 26,37) en el huerto de Getsemaní. Los evangelistas lo expresan poniendo en sus labios esta frase: “Siento en mi alma una tristeza de muerte” (Mt 26,38/Mc 14,34).

Este dolor no es simplemente un dolor físico, o un pánico ante la agresividad de los clavos. Es más bien un sentimiento de fracaso absoluto, donde el sentido de la vida centrada en una misión se adentra en la oscuridad. El fracaso viene corroborado por la “somnolencia” de sus discípulos, incapaces de acompañarlo porque no entienden todavía a su maestro, y aún más por la traición de uno de sus compañeros: “Hasta el amigo mejor, en quien confiaba, que comía conmigo, compartiendo mi pan, me ha traicionado el primero” (Sl 41,10).

Incluso el Abbá, el Padre, que siempre la ha acompañado y que ha estado presente en su corazón toda la vida, ahora parece que no está, no se deja sentir… Sí, “era de noche” y “la oscuridad me hace compañía”. En este momento, Jesús ora de una manera diferente, con clamor y lágrimas, clamando al Padre. Jesús gritó como la última expansión de un corazón deshecho por el fracaso y el sufrimiento. La oración tiene un largo y empinado camino, porque tiene el precio de nuestra entrega total, “la sangre del corazón” (Silvano del Monte Athos).

Soledad del mundo

La soledad de Jesús es revelación y concentración de la soledad del mundo. Contemplamos el uno en el otro y el otro en el uno. Podemos contemplar Cataluña, España… La soledad de África… En Europa se ha creado un Secretariado de la Soledad. Y una serie inacabable de soledades: emigrantes, refugiados y personas excluidas de todo tipo. Vivimos en una epidemia de soledad… ¿Y nosotros? También podemos recoger el clamor y lágrimas de tanta soledad.

B. Una soledad sonora

Plenitud en la soledad

La soledad, como la experiencia misma del pueblo de Israel en el desierto, fue también para Jesús una oportunidad y para nosotros un lugar de revelación. El autor de la Carta a los Hebreos lo confirma: “Dios le escuchó” (Hebr 5,7). Se puede ir a la soledad más extrema, al fin del mundo como el salmista (S.139) y tener la experiencia de que “allí estás tú, Señor”.

Jesús abandonado al Padre y a su voluntad, después de sí mismo y destrozado, experimenta el consuelo. “Se le apareció un ángel del cielo, que le daba fuerzas” (Lc 22,43). De la oración Jesús salió decidido, reconfortado, valiente, fuerte: “Levantaos, vámonos” (Mc 14,42). En el aparente abandono de Dios, Jesús se encuentra con la ternura del Abbá. De esta manera la soledad de Jesús se convirtió en una “soledad sonora” (“que recrea y enamora” Cf. San Juan de la Cruz).

Nuestras soledades luminosas

Invito a meditar y contemplar nuestras soledades luminosas, aquellas que encuentran el consuelo y el acompañamiento de alguien. Podemos vivir una soledad acompañada en esa oración y retiro donde, en el silencio y en el alejamiento físico de todos y de todo, experimentamos una profunda y fuerte comunión con Dios, aquel que siempre está y nos acompaña. Se trata de aquella soledad poblada por la anamnesis (el recuerdo) de tantas personas que nos quieren…

La soledad radical de la condición humana

La soledad está intrínsecamente ligada a la condición humana, porque parte de la conciencia de la distancia entre el yo y el tú, y entre el yo que soy y el yo que estoy llamado a ser. Nacemos solos, nos decidimos solos, morimos solos. “¿No sientes, corazón mío, la soledad de las estrellas?… Y toda vida es camino de soledad” (Màrius Torres). La soledad es, sin duda, una posibilidad de ser… De esta manera, podemos abrazar positivamente la soledad libremente.

La soledad libremente abrazada

Podemos abrazar la soledad libremente como vida y fuente de vida. La soledad irradia, en acogida, paz y bienestar. Soledad sonora, decía San Juan de la Cruz. La soledad sigue siendo soledad, cierto, pero se transforma en “soledad sonora”, fecunda… Esto, sin embargo, solamente se logra cuando mi soledad es acompañada por alguien o Alguien.

La soledad que yo acompaño

Pero también hay soledades en las que yo entro como com-pasivo. Acompañando hemos sentido a la vez soledad y también la plenitud. Acompañando me siento acompañado o acompañada… De esta manera la soledad se convierte posibilitador de relaciones comunitarias auto-oblativas mutuas, de esta manera podemos ser ángeles para los demás.

Ángeles de la soledad

Si Jesús sintió el consuelo de los ángeles, ¿no será que todos hemos sido llamado a ser ángeles en medio de la epidemia de la soledad?

soledad

Imagen extraída de: Pixabay

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