Aspectos filosóficos del morir humano

Aspectos filosóficos del morir humano

Joan Ordi[Este artículo es un resumen-síntesis de la ponencia que el autor presentó en la Jornada “Ante la muerte…, ¿todo el mundo es igual? El final de la vida y la pluralidad religiosa en imágenes, palabras y gestos”, organizada por el Espacio Interreligioso de Migra Studium y el centro de estudios Cristianisme i Justícia].

Partiendo de la convicción de que la filosofía constituye un ámbito de reflexión que abarca la vida y la realidad de manera global y que trasciende así el dominio mucho más restringido de la ciencia, afrontar la muerte humana desde esta óptica implica preguntarse qué sabiduría se nos revela en el hecho de nuestra mortalidad, ya que una explicación meramente científica de la muerte no es suficiente para entenderla en todo su alcance. He aquí cinco aspectos.

Primero: La vida nos garantiza un cierto saber anticipado del morir. Todo el vivir se dilata, mientras dura, sobre la posibilidad real, dramática y permanente de morir en cualquier punto del arco temporal de nuestra vida. La muerte es coextensiva a la vida, ya que la vida también es coextensiva a la muerte. Por eso nos sentimos llamados a acoger la vida con seriedad.

Segundo: Sentimos la posibilidad de morir como una amenaza global y radical a la persona. Somos una unidad integrada de varias dimensiones que coadyuvan todas ellas a la síntesis personal, que se ve amenazada por la muerte de una manera radical y global. Es todo nuestro ser humano que percibe que la muerte lo puede destruir completamente.

Tercero: Al morir, la vida de una persona alcanza carácter de definitividad y de totalidad. Morir significa hacer definitivo el proceso de crecimiento llevado a cabo y totalizar la construcción de la propia persona. Con la muerte queda como sellada la vida en el nivel de autoconstrucción que haya alcanzado. Y la aparente dispersión de la existencia acaba convirtiéndose, gracias al cierre de la muerte, en una unidad ya inmodificable.

Cuarto: La muerte nos plantea la cuestión del sentido de la vida. ¿Qué habremos edificado que haya sido noble, humano, positivo para nosotros y para los demás, como si fuera un ideal cuyo valor ni la muerte podría desmentir? ¿Qué habrá habido de verdad, de bien y de belleza en nuestra vida, como indicadores de una existencia que se podría recordar con agradecimiento?

Y quinto: La experiencia anticipada de morir también nos plantea la cuestión de confiar la propia vida. Nos pasamos la vida generando confianza en los demás y disfrutando de la confianza ya construida a nuestro alrededor en todas las experiencias humanamente más significativas. Por ello, la pregunta a qué o a quién confiaremos últimamente nuestra vida y la vida de los demás en relación con la muerte, constituye un cuestionamiento o desafío legítimo que no podemos rehuir superficialmente y que está íntimamente relacionado con la cuestión del sentido de la vida. Si somos seres que viven gracias a la confianza y a la esperanza, ¿podemos acercarnos a la muerte confiando en que habrá valido la pena lo que habremos vivido, y que nuestra propia persona y la de los demás tendrán un valor más alto que el propio poder avasallador del morir humano? La pregunta revela la lógica interna de la vida misma.

morir

Imagen extraída de: Pixabay

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