Desterrad a Elihú

Desterrad a Elihú

Javier VitoriaCon este título Manu Andueza ha publicado en Ediciones Oblicuas una novela. Así comienza:

«Una nube bajó de lo alto, el cielo se abrió en dos y se oyó la voz de Dios que decía: “Desterrad a Elihú. Por favor os lo pido, echadlo ya de vuestras vidas, de vuestras casas, de vuestros países, de vuestra historia. No aguanto más el grito de dolor de mis pequeños. Desterrad a Elihú”».

La trama de la obra busca desentrañar el misterio de esa voz de Dios que impera el destierro Elihú, el teólogo más joven amigo de Job. El diario de una chica que lee su pensamiento, acompañada de «miradas que gritan, miradas que lloran, miradas que esperan…», servirá de hilo conductor para descifrar finalmente la orden de Dios. No voy a desvelar el desenlace.

Este texto no pretende dar la noticia de la publicación de la novela de Manu. Tampoco hacerle una recensión. Pretendo comunicar qué me encontré al leerla. Me bastó la energía de la amistad para comenzar a leerla. Salpicada, he de reconocerlo, con un poco de curiosidad porque, como conozco sus destrezas pedagógicas, estaba seguro que Elihú era una disculpa para enseñar con claridad –quizás a sus hijas- algo importante sobre Dios. Un navarro no da puntada sin hilo.

Me he encontrado con algo más que una narración con moraleja. Mientras recorría sus páginas iba teniendo la impresión creciente de encontrarme ante un ejercicio práctico de teología narrativa. Desterrad a Elihú recrea narrativamente muchos de los argumentos teológicos fundamentales de la teología política europea, la teología de la liberación latinoamericana y la teología feminista. ¡Argumentos difíciles de entender por los pobres que se hacían diáfanos al narrarlos y evocarlos! No he podido menos que recordar a Juan Bautista Metz y su vieja reivindicación acerca de la importancia de la narración en la predicación y la pastoral. Desterrad a Elihú da razón de un cristianismo que, desde sus orígenes, no es fundamentalmente una comunidad interpretativa y argumentativa, sino del recuerdo y la narración con intención práctica. Narrar y contar historias está en la base de la experiencia religiosa.

Como era de esperar tratándose de un personaje del libro de Job, Desterrad a Elihú es también una narrativa concreta del sufrimiento de las víctimas (representadas por «las miradas»). Y esto la convierte, recordando unas palabras de Boaventura de Sousa Santos, en una contribución para «convertir el sufrimiento injusto en una presencia intolerable que deshumaniza tanto a las víctimas como a los opresores, así como a quienes, no sintiéndose víctimas ni opresores, ven en el sufrimiento un problema que no le atañe».

La teología narrativa de Manu Andueza no solamente se entiende, sino que además implica al lector en la tarea de desterrar definitivamente a Elihú.

Desterrad a Elihú

Imagen extraída de: Cristianisme i Justícia

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