Una historia de reconciliación

Una historia de reconciliación

Xavier Garí de Barbarà[Valors] Hay experiencias de vida que son únicas en el mundo, que conociendo sólo el principio ya son impresionantes y sorprendentes, y al llegar al final se convierten en tan increíbles que parecen imposibles. Esta es la historia de Teresa, una mujer de 22 años que hace un tiempo, en Colombia, sufrió la experiencia más impresionante de su vida: el enorme dolor de perder a su único hijo de 3 años por una acción criminal. Una noche, en una oscura calle de su pueblo, un desconocido que presuntamente la pretendía disparó dos tiros a su hijo y lo mató al instante. El asesino fue capturado y llevado a juicio y, al poco tiempo, fue condenado a 18 años de prisión.

Teresa se sumió en una profunda depresión, y descubrió que lo que la atormentaba era no saber quién era aquella bestia capaz de provocarle una tan profunda pérdida personal. Fue así como tramó un plan: quería ir de incógnito a la prisión haciéndose pasar por voluntaria, y conocer en persona a aquel asesino. Durante meses fue adentrándose en la vida de la prisión, impulsando talleres ocupacionales y buscando la proximidad con los presos. Pasado un tiempo, se sintió preparada para participar en sesiones de grupo, en las que escuchar y compartir la vida de los condenados, y lo que les había llevado hasta allí.

Fue entonces cuando, inevitablemente, coincidió con el asesino en una de las dinámicas previstas. Durante las sesiones de grupo, Teresa escuchó por primera vez su nombre, Antonio, y conoció impresionada que aquel preso ya había sido sentenciado de pequeño, porque había sido un niño violado por su propio padre, abandonado después por su madre con los abuelos ya mayores y, finalmente, dejado perder por las calles de la ciudad, pasando años de miedo y penurias, sufriendo todo tipo de maltratos y abusos, de hambre y de frío. Teresa quedó tan conmocionada y conmovida por la tragedia vital de Antonio, que quiso seguir visitándolo, pero sin descubrirse.

Las circunstancias llevaron a Antonio a iniciar un proceso de recuperación personal a fondo, y Teresa llevó a cabo un decidido proceso de duelo para asumir la pérdida de su hijo. Se fueron conociendo pero ninguno de los dos percibía aún que el dolor de uno secaba las lágrimas del otro. Con el tiempo, Antonio tenía otra mirada y Teresa tenía otro ánimo. La proximidad y la ayuda mutua, tan terapéutica para los dos, les recuperó de tal forma que terminaron enamorándose. Con los años, Antonio cumplió la condena que le correspondía y llevó a cabo su propia rehabilitación hasta salir de la cárcel; Teresa asumió un admirable proceso de reconciliación personal que los llevó, a ambos, a una opción vital imposible e inesperada. Hoy, Antonio y Teresa están casados y tienen tres hijos juntos. Son la prueba de que de la muerte y la destrucción puede brotar vida y esperanza.

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Imagen extraída de: Jot Down

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