Reflexión de Fin de Año: El peligroso resurgir del autoritarismo: relatos alternativos ante la crisis del orden liberal (I)

Reflexión de Fin de Año: El peligroso resurgir del autoritarismo: relatos alternativos ante la crisis del orden liberal (I)

Cristianisme i JustíciaEn Occidente vivimos momentos de gran desconcierto. El modo en que nuestra sociedad afronta este desconcierto alimenta un populismo de tics autoritarios y refuerza aquellas políticas que tienden al proteccionismo económico. ¿Es el repliegue y la búsqueda de seguridad, de soluciones fáciles y rápidas, la manera de construir alternativas a la crisis que vivimos? El pacto social sobre el que se construyó el orden liberal se ha roto. La etapa que se inició recién terminada la guerra fría llega a su fin, y da lugar a un proceso de desglobalización que pone el acento en el cierre a nivel político, social y cultural. ¿Qué capacidad tenemos de crear nuevos consensos globales que no signifiquen una búsqueda del interés particular sino de un bien común universal?

El desconcierto frente las expectativas económicas frustradas

Las clases medias, fruto del proceso de globalización, han visto frustradas las expectativas de mejora de sus condiciones de vida y de sus derechos sociales. Economistas como Branko Milanovic (Global Inequality, 2016) han explicado con claridad cuáles han sido los ganadores y perdedores de la globalización económica. Desde los años 80 los salarios de las rentas medias han quedado estancados, incrementando cada vez más la desigualdad interna en los países y polarizando económicamente la sociedad.

En España, por ejemplo, la crisis y las sucesivas reformas laborales han precarizado las condiciones de trabajo hasta el punto que tener un trabajo no es ni garantía para salir de la crisis ni garantía para no caer en ella. Esto configura una nueva clase social, con individuos con todo tipo de capacidades y potencialidades, pero que no pueden desarrollarlas por la ausencia de oportunidades.

Pero lo más preocupante es que estas expectativas sociales en descenso no se pueden nutrir de un nuevo relato o de un horizonte que permita ver un cambio. Justo ahora estamos empezando la denominada ‘cuarta revolución industrial’ que todavía afectará más las condiciones de vida y trabajo de la población. Algunos estudios pronostican que una tercera parte de los trabajadores europeos verá su empleo amenazado por un robot.

Como ya hemos dicho, se resquebraja un contrato social basado en la promesa de un posible ascenso y mejora dentro de la escala social. Un contrato, debe decirse, que se basaba también en la desigualdad, pero que con el nuevo escenario añade a las desigualdades existentes nuevas formas de exclusión y un agravamiento de la dualización social con una progresiva desaparición de la clase media.

El desconcierto ante una política vacía de poder

El divorcio entre poder y política que tan bien ha descrito Zygmunt Bauman (Tiempos Líquidos, 2008) ha anulado la capacidad del ámbito institucional de poner reglas y límites a unos problemas que hoy tienen una clara dimensión transnacional (movilidad humana, ecología, fiscalidad, etc.).

Por un lado, se acepta resignadamente la democracia como la menos mala de las formas de gobierno, una democracia a la cual no se quiere renunciar pero que cada vez está más vacía de contenido. Por otro lado, existe una clara hostilidad ante la gestión política y sus actores e instituciones. La política no sólo no se siente capaz de generar suficiente credibilidad y confianza, sino que pierde esta capacidad de manera preocupante y, con ello, todo su sentido. Cabe sumar a todo ello y, especialmente en el caso español, el fenómeno de la corrupción que incrementa los sentimientos de rechazo hacia la política y los políticos por parte de la ciudadanía.

En el último año el fantasma del populismo se ha manifestado con una fuerza inusual. El populismo es una estrategia política para obtener y retener el poder apelando a un «nosotros» contra «ellos». Es paradigmático el caso Trump en Estados Unidos y cómo, desde una apelación al «pueblo» y a las víctimas de la globalización y la democracia tradicional, gobierna con políticas fiscales, migratorias y medioambientales regresivas, síntoma del fracaso de las propuestas que provenían sobre todo de los partidos socialdemócratas y de la izquierda tradicional.

Todo ello se traduce en una mayor desafección social hacia las instituciones representativas, ya que se percibe esta ausencia de poder y la connivencia de las élites con un sistema que no mira por el bien común, sino por los intereses privados. Fruto de ello las elecciones se convierten más en un espacio de protesta que no de propuesta, donde se vota en clave de castigo, lo cual da lugar no pocas veces a resultados inesperados, sorprendentes, desconcertantes.

No se nos escapa que parte de esta crisis de la política está en la base de la crisis territorial que vive España. El conflicto político catalán reúne bastantes elementos de la crisis democrática de desafección institucional y de la necesidad de la ciudadanía de abrazar propuestas que colmen el futuro político de horizontes de ilusión. Lamentablemente, la gestión de este conflicto no ha profundizado en el diálogo sino en la polarización, con estrategias que han comportado actuaciones de judicialización del conflicto, por un lado, y de desobediencia institucional, por el otro.

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La segunda parte de este Papel la publicaremos mañana en el blog. Si no puedes esperar y quieres leerlo completo, haz clic aquí.

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Imagen extraída de: Pixabay

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