Contaminación lumínica y Adviento

Contaminación lumínica y Adviento

Pepe LagunaHace unos días los medios de comunicación se hacían eco del incremento de contaminación lumínica del planeta debido al uso generalizado de la tecnología LED. El bajo consumo de este tipo de iluminación ha animado a las administraciones públicas a extender y aumentar la intensidad de las zonas iluminadas de sus municipios. Las imágenes del satélite Suomi NPP encargado de fotografiar las noches terrestres, demuestran que estas son cada vez más brillantes; en nuestro planeta la noche está en retirada. Un dato preocupante para animales, plantas y microorganismos que ven alterados su ciclos naturales, y también para los humanos que vemos perturbado nuestro ritmo circadiano, instalados en un día eterno que amenaza nuestro metabolismo.

Por si los peligros señalados no fueran suficiente, la contaminación lumínica se torna especialmente alarmante en tiempo de Adviento como el que ahora inauguramos. Días prenavideños en los que, según el evangelio de Mateo, una estrella es la encargada de anunciarnos el camino que lleva a adorar al niño-Dios. Hay tanta luz a nuestro alrededor que cuando levantamos la vista al cielo no vemos ninguna estrella, ni siquiera la de los Magos.

No es necesario que ningún lector me recuerde el carácter simbólico de la estrella navideña que guió a los Magos de Oriente, saqué buena nota en el examen “metáforas y géneros literarios” de mis estudios teológicos. Pero es  precisamente su carácter metafórico el que multiplica mi preocupación de que la contaminación lumínica me impida ver la estrella navideña y perderme el camino que señala. Porque las luces se encienden para llevarnos a algún lugar.

Los grandes almacenes encienden sus imponentes estrellas navideñas para llamarnos desde lejos y alumbrarnos el camino que lleva al consumo bulímico.  En las carreteras, luces de neón invitan a transitar sórdidos caminos de esclavitud femenina. Las tablet se han hecho un hueco en nuestras camas para excitar nuestro duermevela con luciérnagas publicitarias que se cuelan sigilosamente en pesadillas insaciables. Estamos rodeados de luces tan intensas que, como los animales que se ven sorprendidos por los faros de los coches en la oscuridad, permanecemos inmóviles anclados al mismo suelo de siempre; clavados en un presente hiperiluminado donde cada vez se duerme menos y se sueña casi nada.

Para salir hacia Belén y encontrarnos con la novedad de un futuro nuevo envuelto en pañales, antes hay que atisbar la estrella. Y para lograrlo hay que apagar luces, muchas luces. En Cuaresma, el tiempo de preparación para la Pascua, la Iglesia recomienda penitencia y ascesis. No seré yo quien pida penitencia en tiempos navideños repletos de ilusiones para los más pequeños de la casa, pero me atrevo a sugerir un Adviento de ascesis lumínica. Apaguemos las luces que nos ciegan y desorientan y así, además de ahorrar en la factura de la luz, esta Navidad puede que por fin veamos una estrella en el horizonte.

contaminación lumínica

Imagen extraída de: Pixabay

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