Amistad y política

Amistad y política

Josep M. Rambla BlanchEsta temporada, en Cataluña, la política se ha extendido. Política en la escuela y el mercado, en la universidad y en las familias… La política se ha instalado en el salón de casa. Esto es una buena señal, porque la política no es cosa sólo de los políticos, del congreso, del parlamento o de los ayuntamientos… La política es la cosa de todos, res publica. Sin embargo, la cosa se ha liado demasiado. Se habla de tensiones y de conflictos, de peleas y de fracturas. Parece, pues, que relacionar política y amistad es una especie de oxímoron.

Crisis política, crisis de amistad

En el año 44 aC, el pensador y político M. Tulio Cicerón escribía el tratado De Amicitia, movido por el descenso de la amistad en la política en el momento del declive de la república. Su discurso se basaba en el recuerdo de dos grandes políticos, Escipión y Leli, que se caracterizaron por la calidad de su amistad… Por lo tanto partía de un hecho: que la amistad no está reñida con la política, sino más bien que es un buen fundamento para la buena marcha de la vida política. Y, refiriéndose a personas concretas, levantaba el ánimo de los lectores recordándoles que es posible y hay que vivir la amistad en la política. No es soñar despiertos.

No hace falta recurrir a la historia de Roma para encontrar casos alentadores. Hace pocos años, entre nosotros, el gran medievalista y catedrático Martí de Riquer, de origen franquista y hombre de derechas, confesaba que había mantenido una muy estrecha amistad con el también catedrático y poeta José María Valverde, a pesar de ser declaradamente de izquierdas y marxista. Ahora mismo se está reviviendo la memoria del Padre Llanos, en el 25 aniversario de su muerte. Llanos, que por solidaridad con los pobres fue del PC y de CCOO, tenía una libreta con sus amigos íntimos que formaban un abanico desde la extrema derecha hasta sus compañeros de militancia comunista. Quizás unir política y amistad no sea un oxímoron, sino una cautivadora posibilidad y un reto.

La clave de la amistad política

Naturalmente, la amistad no es cosa de recetas fáciles, sólo de cursos de relaciones públicas. Cicerón mismo declaraba que la clave de toda amistad es ser buenas personas. Sabias y virtuosas, decía él. Una bondad que se manifiesta en la fidelidad, la integridad, la ecuanimidad, la generosidad. Y, por tanto, la persona que pone la amistad como gran valor de la vida, subordina a la amistad el dinero, la salud, el prestigio o el placer…

Ya se ve, pues, que una manera noble, humana, de hacer política nos pide a todos unas exigencias básicas de humanidad… Ser claros en lo que pensamos y en cómo lo expresamos. De entrada no desconfiar de los demás, aunque no compartamos sus ideas. Quizás los hechos ya nos mostrarán que esa persona no es sincera o transparente o hace un juego sucio. Pero no empezar por la sospecha, por el prejuicio. Y tratar de exponer el pensamiento propio sin agredir, sin descalificar al otro, con argumentos, no con palabras salidas de la bilis. Saber ponerse en la situación de la otra persona, en su experiencia de vida que le hace ver y sentir las cosas de una determinada manera. Tener muy en cuenta los sentimientos de las personas… Cicerón ponía la benevolencia como primera expresión de la amistad. Es decir, querer el bien del otro, un cierto afecto. ¿Qué diría de la persona que tiene como ideal de la política convertir al adversario en enemigo y aplastarlo o anularlo? “Cuando los hombres son amigos, no hay ninguna necesidad de justicia. Con todo, aunque seamos justos, necesitamos la amistad, pero parece que las personas justas son las más capaces de amistad” (Aristóteles).

El cultivo de la amistad en la política nos abre, pues, un camino de progresar como personas, de crecer en humanidad y, por supuesto, de mejorar la sociedad en sus raíces, que son las buenas relaciones. Y dejando ahora de lado la política profesional, la amistad puede ir marcando la política en la universidad y en la escuela, en las ONG y en las asociaciones, en el vecindario y en las familias, en la Iglesia y en las comunidades… Y si tomamos el evangelio como guía, nos encontraremos que en nuestras relaciones en la política la amistad quedará más reforzada, porque el signo del cristianismo es que nos amemos unos a otros. Amistad y fraternidad van del brazo.

Sin olvidar el humor

Y un toque de humor no sólo no nos hará daño, sino que abonará la tierra de nuestras relaciones en la política. El humor no es cinismo, sino una manera benigna de mirar la vida, las personas, las cosas… El humor sabe relativizar lo que no es absoluto, como nuestras ideas personales o colectivas de buscar el bien, el bien común, que eso sí es ciertamente un absoluto. En la política nos hacen mucho daño los dogmatismos, la prepotencia, la ausencia de autocrítica… Dicen que, hace años, el Nuncio en París Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, en una recepción en el Elíseo, hablando con el embajador de la URSS le dijo: “Mire, a usted y a mí nos separan las ideas. ¡Bien poca cosa!”

¡Hagamos política, pero no nos causemos daño! Convirtámosla en una buena ocasión de ir progresando en una nueva manera de convivir y de hacer una sociedad mejor.

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Imagen extraída de: Twitter