Transgresiones y transformaciones: un reto continuo ante la idealización del pensamiento único

Transgresiones y transformaciones: un reto continuo ante la idealización del pensamiento único

Neus ForcanoEn pleno contexto de “cambio de época” o de “era” -como venimos nombrado a las vicisitudes y retos que nos depara el tiempo en que vivimos-, se celebró en Viena, del 23 al 27 de agosto de este año, el XVII Congreso Internacional de la Asociación de Mujeres para la Investigación Teológica (ESWTR). El propósito: compartir estudios y reflexiones teológicas, por una parte y, por otra, establecer puentes de comunión entre personas y comunidades académicas, culturales y religiosas diversas. Nos reunimos mujeres europeas y compañeras de Chile y de México que están desplegando un espléndido trabajo de formación y divulgación de la teología feminista y queer en sus países. Asistieron musulmanas de Bosnia y de Holanda, judías de Iraq, de Alemania; ortodoxas, protestantes, católicas… La diversidad aseguró un buen ejercicio de diálogo y compartimos sueños y visiones para afrontar los retos que nos acucian como creyentes, como ciudadanas, como feministas y como académicas.

El encuentro acontecía pocos días después del atentado terrorista en las Ramblas de Barcelona, que además de entristecernos, ensombreció el futuro de la convivencia plural y democrática en una Europa que no sabe cómo acoger a los refugiados de la guerra de Siria; una Europa que asiste atónita -y hasta parece que imperturbable-, al aumento de gobiernos y movimientos civiles de ideologías de pensamiento único y de tendencias fascistas. Como ejemplo sirve la entrada al Parlamento alemán de la extrema derecha en estas recientes elecciones alemanas, cuando no lo había conseguido nunca desde el final de la II Guerra mundial.

En cuanto al ámbito religioso, ya se constató abiertamente en el encuentro de Creta hace dos años, la emergencia de discursos pro “ideología de género”, que pretenden reducir la perspectiva de género, el feminismo y la teoría queer, a mera “ideología” sin base epistemológica, y reintroducir, así, los discursos de la complementariedad de los sexos. Estos discursos marcan unas funciones bien concretas a hombres y mujeres según un esquema binario de la comprensión de la sexualidad y propugnan un esquema de complementariedad en el matrimonio que sustenta el modelo de familia heterosexual y patriarcal. Parte de la jerarquía eclesial católica de diferentes países europeos pretende cuestionar el trabajo hecho por las feministas y los movimientos LGTBI, así como cuestionar las cátedras de teología feminista y de teología queer que se han conseguido en instituciones de ciencias religiosas o en facultades de teología.

De ahí la necesidad de crear, en el congreso de Viena, espacios de debate para cuestionar al pensamiento único. El título de “translaciones, transgresiones y transformación” quería motivar a las participantes a pensar cómo establecer puentes entre la fe y la cultura contemporánea; cómo traducir y divulgar el mensaje de los textos bíblicos en clave liberadora en el contexto social actual; cómo promover el diálogo entre universidad y sociedad, entre comunidades religiosas, entre creyentes y no creyentes; cómo articular la presencia y el valor de la experiencia de las mujeres en el diálogo interreligioso y en el compromiso ético y eclesial. Así, algunos de los temas clave y de las ponentes que hemos podido escuchar han sido:

a) El diálogo interreligioso: cómo hablamos de Dios y qué imágenes nos construimos; qué papel juegan las mujeres en este diálogo. Judith Gruber (Universidad de New Orleans) planteó la necesidad de promover el diálogo interreligioso entre mujeres para visibilizar su experiencia e interpretación de la tradición, puesto que se contrapone, a menudo, a la visión más institucionalizada que transmiten los representantes y líderes oficiales. Las visiones de las mujeres son una fuente para reimaginar los patrones dominantes que tenemos para hablar de Dios. Catherine Cornille (Boston College) señaló algunas de las actitudes fructíferas que las mujeres suelen adoptar en el diálogo interreligioso: la humildad epistemológica; la práctica del compromiso con la propia tradición; la empatía y la resonancia personal con las prácticas de otra religión; y la hospitalidad que sabe encontrar “verdad” en el relato del “otro”. Imtraud Fischer (Universidad de Graz, Austria) reivindicaba la necesidad de no abandonar el diálogo entre mujeres judías y cristianas, básico para enriquecer las interpretaciones mutuas de una tradición que es común, y que a veces se posterga ante la necesidad acuciante de establecer puentes con el Islam.

b) La vulnerabilidad y la realidad de la migración como reto para la teología ética, que abrió el encuentro con la ponencia de Regina Polak (Universidad de Viena), señalaba el potencial utópico de las experiencias fronterizas, los sueños y las aspiraciones de los y las migrantes. Claves para el estudio y el análisis de la investigación de valores y de la transformación religiosa de Europa.

c) Metodologías e interpretaciones del mensaje bíblico: Agnethe Siquans (Universidad de Viena), Mercedes Navarro Puerto (Universidad Pontificia de Salamanca) y Carmen Bernabé Ubieta (Universidad de Deusto) abordaron la exégesis y la hermenéutica de los textos. Carmen Bernabé expuso didácticamente la importancia de barajar los distintos métodos interpretativos, especialmente, el de la crítica ideológica del texto, para comprender el mensaje en su contexto y poderlo trasladar al contexto actual evitando la cosificación de interpretaciones tradicionales que ya no le dan sentido, o bien, evitando manipulaciones o reducciones que no nos permitan beber de su contemporaneidad.

d) El cuidado de los otros como principio ético universal. Fue uno de los ejes más inspiradores del congreso, puesto que se abordaron temas de teología ética y moral, como el valor y la dignidad de la vida humana en las experiencias límite y los cuidados paliativos (Valeria Ferrari, enfermera suiza y doctora de teología por la Universidad de Munich) o la excelente charla de Marta López Alonso (enfermera y Doctora en Teología Moral por la Universidad Pontifica de Comillas), que planteó “el cuidado” como principio ético radical que significa, atendiendo a su raíz griega “epimeleia”, “la solicitud de algo, la dirección hacia otro, la práctica”. Este movimiento “hacia el otro”, que en la antigüedad ya lo interpretaban como un compromiso ético hacia la polis, tiene en el contexto cristiano un componente de salida de uno mismo que revierte, a su vez, en la propia plenitud del ser. Desde una teología relacional y trinitaria, Marta López reconstruye una teología bíblica del “cuidar” basándose en pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento donde podemos constatar la experiencia del amor de Dios hacia el Hijo y hacia cada una de sus criaturas, de la misma forma que cada una de nosotras, de nosotros, somos capaces de la misma donación hacia el prójimo, como parte de la dinámica del amor del Dios trinitario. Un Dios que nos mueve a buscar el pleno sentido de una misma en el movimiento de cuidado, de responsabilización y de sanación del prójimo. Como decía en una comunicación original y provocativa Mariecke van den Berg, de la Universidad de Utrecht: si la imagen que tenemos de Dios no nos incomoda, no nos provoca una búsqueda continua, es que no es Dios. De ahí la necesidad de hablar de translaciones, transgresiones y transformaciones, que nos permitan, tanto en la creación de pensamiento, como en la acción social, ética y política, la reivindicación imaginativa de una sociedad más justa, saludable, digna y equitativa para todos y todas.

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Imagen extraída de: Cátedra de Teología Feminista